Especial
Una mirada
profunda dentro del bioterrorismo
Si
en lugar de aviones suicidas los terroristas que
atentaron contra las Torres Gemelas de Nueva
York y el Pentágono de Washington
hubieran usado armas biológicas,
probablemente estaríamos hablando de un
desastre mucho mayor. Estas tienen un poder
mucho más mortífero que el de
cualquier explosivo o misil, por lo que pueden
ser empleadas como armas de destrucción
masiva.
Algunos microorganismos son capaces de
aniquilar a miles de personas en pocas horas.
Contra algunas de estas toxinas no hay
tratamiento eficaz y otras están siendo
manipuladas genéticamente para ser
más agresivas y resistentes.Las armas
biológicas son componentes infecciosos,
como virus o bacterias, utilizados con el fin de
hacer daño colectivo. La
definición permite la inclusión de
toxinas y venenos derivados de agentes
biológicos.
este tipo de armas incluye microorganismos
(bacteria, protozoa, rickettsia, virus y fungi),
así como toxinas (químicos)
producidas por microorganismos, plantas o
animales. Entre los agentes preferidos por las
facciones terroristas figuran: anthrax,
cryptococcosis, escherichia coli, haemophilus
influenzae, brucellosis, coccidioidomycosis,
psitacosis, yersina pestis (la Muerte Negra del
siglo 14), malaria, cholera, typhoid, bubonic
plague, salmonella.
Por otro lado, están también
las armas químicas. Estas son componentes
líquidos-tóxicos y gaseosos que
pueden ser esparcidos en bombas, misiles,
artillería, minas, granadas o
pulverizadores. Sus cuatro tipos básicos
son:
1 - agentes ampollas que destruyen el tejido
de la piel, los ojos y las zonas respiratorias
(ejemplo: mustard gas, lewisite)
2 - agentes sanguíneos que, una vez
inhalados, bloquean la circulación del
oxígeno en el cuerpo (ejemplo: hydrogen
cyanide, cyanogen chloride)
3 - agentes de asfixia que inflaman las
cavidades bronquiales y pulmonares (ejemplo:
phosgene, chlorine)
4 - agentes nerviosos que afectan el sistema
nervioso, ocasionan fallo respiratorio y muerte
repentina (ejemplo: tabun, sarin, soman,
VX).
Contexto histórico
El uso de las armas químicas, en su
modo más primitivo, data del 431 AC,
cuando los griegos emplearon combinaciones de
ácido sulfúrico. Antes de los
ataques en contra de las ciudades de Nueva York
y Washington, en Estados Unidos, ya se hablaba
sobre el uso de armas bacteriológicas en
diferentes contextos
1. Cloro y gas mostaza fueron utilizados
ampliamente en la Primera Guerra Mundial y
causaron más de un millón de
heridos.
2. Las armas químicas han sido
utilizadas en la zona norte de Africa y en
China, en ambas regiones por fuerzas japonesas e
italianas durante la Segunda Guerra Mundial.
3. Un atentado en el metro de Tokio con gas
sarin, en 1995.
4. La venta de los secretos militares por
parte de la desmembrada Unión
Soviética. Este fue un recurso que pudo
abrir la vía a otros países al
desarrollo de un arsenal biológico y
químico muy peligroso.
5. El conflicto del Golfo puso de manifiesto
que Irak tenía programas de guerra
bacteriológica avanzados y que era capaz
de generar toneladas de patógenos, como
la toxina botulínica y el antrax.
Las armas químicas y Bin
Laden
William Cohen, secretario de defensa de EEUU,
ha manifestado que las pistas indican que el
principal sospechoso de la masacre del World
Trade Center, Osama bin Laden, ha intentado
hacerse con armas biológicas y que los
que atentaron en 1993 contra aquellos edificios
también experimentaron con armas
químicas. Ante este panorama, las
autoridades del Reino Unido ya han comenzado a
revisar sus planes de contingencia para
mejorarlos en previsión de un ataque con
armamento biológico.
A pesar de que la amenaza bioterrorista es
más real que nunca, los países no
están preparados para hacerle frente.
Según los autores de un trabajo realizado
en 200 hospitales estadounidenses, publicado en
mayo en el 'American Journal of Public Health',
los protocolos de intervención son
buenos, pero la realidad es muy distinta.
Aún hay centros que tardan semanas en
dar a conocer diagnósticos porque emplean
el servicio postal ordinario. Sólo uno de
cada cinco ha diseñado un plan en caso de
ataque biológico. Menos de 100 tienen
unidades de descontaminación con duchas y
menos de un tercio almacena antídotos
contra los agentes más conocidos.
Sólo una veintena posee suficiente ropa y
mascarillas para el personal sanitario. En
otros, la reserva de antibióticos y
vacunas está caducada o mal conservada,
lo que deja de garantizar su eficacia.
Evaluan capacidad de respuesta ante un
ataque
Este año el 'Clinical of Infectous
Disease's publicó los resultados de la
operación TOPOFF, un ejercicio simulado,
encargado por el Departamento de Justicia y el
Congreso de EEUU, en el que participaron las
principales instituciones sanitarias y de
defensa del país.
El objetivo del juego era evaluar la
capacidad de EEUU para responder a un ataque
biológico o químico. El agente
elegido fue Yersinia pestis, la bacteria
causante de la peste bubónica, liberada
en el Performing Arts Center de Denver, un
centro cultural de Colorado.
El Departamento de Salud Pública y
Medio Ambiente del estado tardó tres
días en ser informado sobre unos 500
pacientes ingresados con fiebre y tos. Este
organismo informa al Centro de Control de
Enfermedades (CDC, en inglés) y un
laboratorio estatal confirma la plaga.
Se declara el estado de emergencia y se ponen
en marcha los protocolos previstos. Comienza una
cadena de reuniones, encuentros, llamadas,
órdenes, contraórdenes que
aumentan el caos. Al cuarto día se acaban
los antibióticos, las unidades de
ventilación mecánica y las camas
para pacientes, que son más de 3.000 (795
han muerto). En los días siguientes, las
autoridades siguen sin coordinarse y las cifras
de afectados y fallecidos no están
claras. Cuando finaliza el ejercicio, una semana
después, hay más de 4.000 enfermos
y más de 2.000 personas muertas.
Falta de coordinación
Las deficiencias más graves no fueron
relativas al colapso hospitalario, sino a la
falta de coordinación de las
instituciones y a la falta de liderazgo en la
toma de decisiones. «Es urgente formular y
aclarar principios políticos y
científicos de contención para
enfermedades contagiosas [
]
Equipos multidisciplinarios deberían
establecerlos», dicen los autores.
En junio de este año se hizo otro
ensayo similar. Esta vez se llamó DARK
WINTER y emuló la situación que se
hubiera producido en caso de un ataque con
viruela liberada en unos grandes almacenes en
fechas navideñas. El ejercicio
duró 13 días, pero hasta el noveno
no se supo la causa de la plaga. La viruela
está oficialmente erradicada desde 1980 y
la población ha dejado de vacunarse
contra ella. Los errores fueron casi los mismos
que en la vez anterior. «No estamos
preparados», declaró el doctor
Hamburg, uno de los participantes en la
operación.
El CDC diseñó en abril de 2000
un protocolo de actuación ante un ataque
bioterrorista. El documento (Terrorismo
biológico y químico: plan
estratégico de preparación y
respuesta) concede importancia fundamental al
sistema de salud pública y centra en los
hospitales la labor para reducir el impacto del
ataque.
El personal sanitario debe estar entrenado y
preparado. Los centros han de estar dotados de
un almacén con medicamentos suficientes y
de un plan para abastecer de camas a la unidad
que trate a los enfermos. Los laboratorios
tendrán que trabajar al máximo.
Los secuenciadores de ADN serán
fundamentales para identificar los
patógenos, elaborar vacunas y
antídotos y analizar muestras de
pacientes. Los canales de comunicación
harán posible la coordinación, el
mantenimiento de la calma y el intercambio de
información entre las instituciones, los
pacientes y la población. Así se
podrá evitar el pánico y el
colapso.
No obstante, la mayoría de los
especialistas considera que ,por muchas
previsiones que haya, es difícil contener
un ataque así. Las armas
biológicas son fáciles de crear,
transportar, almacenar y liberar. Sus efectos
pueden tardar días en manifestarse o tan
pocas horas que sea imposible vencerlas. Pueden
contagiarse y afectar a un área
geográfica enorme y, finalmente, sus
síntomas son poco familiares para los
médicos. Los de atención primaria
suelen ser los primeros en detectarlos y, sin
embargo, muy pocos los han tenido en cuenta a la
hora de diseñar las guías de
intervención.
En 1970, EEUU abandonó oficialmente su
programa de ofensiva biológica porque la
Presidencia opinaba que este armamento no era
necesario para preservar la seguridad nacional.
En 1972, las naciones que asistieron a la
Convención sobre Toxinas y Armas
Biológicas (BWTC, en inglés)
intentaron prohibir el desarrollo,
posesión y uso de armas de esta clase. A
pesar de que entre los 162 países que
firmaron el acuerdo había 17 naciones
sospechosas de estar actuando de manera opuesta,
la comunidad internacional quiso creer que la
amenaza había desaparecido.
Sensores
Los científicos se centran ahora en
desarrollar sofisticados detectores que den una
voz de alarma precoz; incluso antes de que haya
infección o cuando el número de
pacientes sea muy bajo. La semana pasada SALUD
se hizo eco de un trabajo publicado en New
Scientist que explicaba cómo
científicos de la Universidad de Sidney
(Australia) trabajan para crear un detector de
ántrax. Es tan pequeño que
podría llevarse en el reloj.
Por otra parte, el último IEEE
Spectrum Magazine, la publicación del
Instituto de Ingeniería
Electrónica y Eléctrica de EEUU
habla de las diferentes líneas de
investigación en este campo.
Unas van encaminadas a crear sensores que
capten la presencia de ADN de ciertos
patógenos en el aire (parecidos a los
aparatos que actualmente miden la
polución o el nivel de alergenos). Otros
detectores estarían incorporados a la
ropa o a los utensilios de los ciudadanos y
medirían la respuesta celular
anómala que experimentan los humanos en
contacto con ciertos agente nocivos.
No obstante, el autor del trabajo reconoce
que «muchas de las tentativas que hay en
marcha son prometedoras, pero todavía
queda mucho tiempo para obtener un detector
realmente fiable».
Sin vacuna contra el ántrax
La empresa que fabrica la vacuna contra el
ántrax en EEUU, Bioport, ha anunciado que
no podrá poner en el mercado nuevas dosis
hasta el año que viene, a menos que la
FDA (el organismo que autoriza los
fármacos en aquel país) se de
prisa en revisar sus instalaciones.
Según parece, los responsables de
Bioport han sido recriminados por la agencia
federal en varias ocasiones por diversas
irregularidades en sus métodos de
fabricación y, recientemente,
habían abordado un ambicioso plan para
renovar sus infraestructuras.
Hasta el momento, la vacuna contra el
ántrax sólo se administraba a la
población militar y a otros sectores de
riesgo, como veterinarios o personal de
laboratorio. Sin embargo, los acontecimientos
recientes pueden introducir un cambio en esta
política.
No obstante, desde Bioport han asegurado que
la seguridad de la vacuna está muy
cuestionada y que por eso sólo se aplica
en casos en los que, claramente, los beneficios
superan a los riesgos. Por ello, la
vacunación masiva debe ser una
alternativa muy meditada.
En cuanto a la viruela, otro de los agentes
más temidos por los especialistas en
bioterrorismo, tampoco hay inmunización
efectiva. El CDC llegó a un acuerdo con
el laboratorio Acambis para fabricarla y
almacenarla para casos de emergencia. Estaba
previsto tenerla lista en 2004, pero los
fabricantes ya han dicho que van a procurar que
la espera sea más corta.
El costo
Las armas químicas han sido bautizadas
como "la bomba atómica del hombre pobre",
debido al bajo costo de las mismas y el
fácil proceso de producción.
Expertos estiman que, "en un operativo de
gran escala contra la población civil, el
costo de las muertes humanas por cada
kilómetro cuadrado sería: 2,000
dólares si se utilizan armas
convencionales; 800 dólares si se emplean
armas nucleares; 600 dólares con gas
nervioso y 1 dólar si se utilizan armas
biológicas".
Antes se creía que la
producción de las armas químicas
era ardua para los terroristas de bajos
recursos. Un reporte de la CIA, sin embargo,
concluyó que "la producción
clandestina de armas biológicas y
químicas para ataques masivos contra
civiles no representa mayor obstáculo que
la producción de narcóticos
químicos o la heroína".
Cómo protegerse ante "el agente
preferido"
La protección para el anthrax, agente
biológico preferido por los terroristas
por su alto nivel de peligrosidad, es la
máscara, ropa especial y/o la
aplicación de un antídoto.
A diferencia de las armas químicas,
cuyos agentes desaparecen eventualmente, los
componentes biológicos evolucionan. El
anthrax, por ejemplo, puede quedar activo en el
terreno expuesto por al menos 40 años y
es un agente que "sabe protegerse" ante los
intentos de erradicación.
La protección provista por la
máscara antigas varía entre horas
y días y depende de la calidad del filtro
utilizado en la misma. Si la persona ha sido
expuesta a algún agente, se recomienda
buscar asistencia médica de inmediato
para iniciar el proceso de
descontaminación.
La rapidez con la cual surgen los
síntomas varía según el
agente y la dosis utilizada en el ataque. Como
ejemplo, un estudio (marzo, 1977) realizado por
la Law Enforcement Assistance Administration de
Estados Unidos demostró que apenas una
onza del agente anthrax, introducida en el
sistema de aire acondicionado de un complejo
deportivo bajo techo, podría infectar a
un máximo de 80 mil personas en una
hora.
Otro estudio (1972) realizado por la firma
Advanced Concepts Research Corporation de Santa
Barbara, California, postuló que un
ataque aerosol con el agente anthrax en la
ciudad de Nueva York podría resultar en
más de 600 mil muertes.
Fuentes: Alejandra
Rodríguez, El País;
www.univision.com, www.elmundo.es
Crece temor al bioterrorismo
Las máscaras anti-gas se compran
por lista de espera, al mismo tiempo que
contagios de ántrax en Florida y un
incidente al parecer aislado en el metro de
Washington reavivaron al fantasma del
bioterrorismo
WASHINGTON
SERVICIOS CABLEGRAFICOS.-
Una estación de subterráneo de
un suburbio de Washington fue cerrada ayer
cuando un sujeto armado se enfrentó a
golpes con un agente policial y esparció
con un aerosol una sustancia desconocida. Unos
35 pasajeros y empleados de la Autoridad del
Tránsito de la Zona Metropolitana dijeron
sentir náuseas, dolores de cabeza y
gargantas secas.
El caso, además de sumarse al de
diseminación de ántrax en un
edificio en Florida, alentó los temores
de un ataque terrorista biológico contra
los estadounidenses que no sería
necesariamente violento, sino por medios tan
sutiles como el envío de cartas
infectadas.
La policía detuvo al protagonista del
incidente en el metro en Washington y dijo no
creer que se tratase de un acto terrorista. Sin
embargo, aún no puede decir lo mismo del
percance en Florida, que ha cobrado un
muerto.
El ministro británico de Asuntos
Exteriores, Ben Bradshaw, confirmó que la
organización terrorista liderada por
Osama Bin Laden, al Qaeda, posee armas
químicas y biológicas adquiridas
durante los últimos 10 años, pero
que se desconoce si tienen los medios necesarios
para utilizarlas.
Bradshaw añadió que el Gobierno
británico carece de evidencias sobre un
posible ataque con este tipo de armas en Gran
Bretaña, pero no duda que al Qaeda las
usará si tiene capacidad para ello.
Mientras tanto, la demanda de máscaras
antigás aumentó nuevamente en los
almacenes Ax-Man en St. Paul, Minnesota, hasta
el punto que según su gerente, los que
deben adquirir una tiene que inscribir su nombre
en una lista de espera.
Pánico por el ántrax
El FBI investiga si los casos de
ántrax registrados en EE.UU.
podrían deberse a una acción
criminal. La muerte el viernes pasado en Florida
de Bob Stevens, de 63 años; la
detección de la enfermedad en un
compañero de trabajo y la
aparición de otro posible caso en
Virginia, han creado el pánico en Estados
Unidos, donde 600 personas se han sometido ya a
análisis.
Los investigadores buscan una posible
conexión entre la aparición de
esta enfermedad, que en una de sus formas mata
al 90% de los infectados, y los ataques
terroristas del 11 de septiembre.
El FBI no descarta que EE.UU. haya sido
objeto de un ataque bacteriológico,
aunque se barajan varias hipótesis. Entre
ellas, estudian la posibilidad de que la
bacteria del ántrax llegara a
través de una carta a la empresa editora
para la cual trabajaban dos de las
víctimas.
Según The New York Times, algunos
investigadores reconocen en privado que
podría tratarse de un ataque
biológico aunque asumen que no cuentan
con ninguna prueba que lo acredite.
De momento, hay dos factores claros en la
investigación: Bob Stevens, editor
fotográfico de un periódico,
murió el pasado viernes. Su enfermedad,
una afección rara en humanos aunque muy
común entre animales de granja, no se
había dado en el país desde
1976.
Los pasos del FBI
El FBI investiga el recorrido que hicieron
los terroristas identificados hasta ahora en los
días previos a secuestrar los aviones que
finalmente estrellaron contra las Torres
Gemelas. Bob Stevens, la primera víctima
fatal, vivía aproximadamente a un
kilómetro y medio del lugar donde Mohamed
Atta, uno de los terroristas, alquilaba
avionetas.
Las autoridades sanitarias de EE.UU. han
cerrado el edificio. En dos muestras tomadas en
el lugar, localizado en Florida, se ha detectado
la presencia de la bacteria que provoca la
afección que le provocó la muerte
a Stevens. Una de ellas se ha encontrado en el
teclado del ordenador del fallecido.
Estar atentos
El fiscal general John Ashcroft ha insistido
en que la población debe estar atenta
ante posibles nuevos ataques terroristas.
"Tratamos esto como una investigación que
podría convertirse en una
investigación criminal", ha dicho
Ashcroft en referencia a los casos de Florida,
donde las autoridades sanitarias insisten en que
se trata de casos aislados. "No tenemos
información suficiente para saber si se
trata de un acto terrorista o no", ha dicho.
La organización terrorista Al Qaeda
dijo en un comunicado difundido en Qatar que
"los jóvenes que hicieron lo que hicieron
y destruyeron a Estados Unidos con sus aviones
fue algo bueno, ellos llevaron la guerra al
corazón de Estados Unidos y ese
país debe entender que la guerra no va a
terminar hasta que no se hayan retirado de
nuestra tierra."
"Hasta que no hayan dejado de respaldar a
Israel y levante el bloqueo a Irak, los
estadunidenses deben entender que la tormenta no
va a cesar, hay miles de jóvenes que
están ansiosos por enfrentar la muerte
del mismo modo que los estadunidenses piensa en
la vida", agregó.
Las otras armas bacteriológicas
Peste bubónica
A lo largo de la historia, Yersinia pestis ha
provocado 200 millones de muertes. El agente
infeccioso 'culpable' de la Peste Negra del
Medievo puede contagiarse entre los humanos por
vía aérea.
Una vez que llega al flujo sanguíneo
del enfermo, infecta sus ganglios
linfáticos, formando los 'bubones'.
Después, el patógeno llega a los
pulmones y la enfermedad se vuelve mortal.
Viruela
Esta enfermedad infecciosa
&endash;caracterizada por la erupción de
pústulas y fiebre alta&endash;
está oficialmente erradicada.
Sin embargo, el virus de la viruela puede ser
una eficaz arma bacteriológica pues,
aunque no es tan mortal como el ántrax
('sólo' el 30% de los que se infectan
acaba muriendo), se contagia muy
rápidamente. Además, puede
modificarse y convertirse en un agente
patógeno aún más
virulento
Botulismo
La toxina botulínica &endash;producida
por el bacilo Clostridium botulinium&endash;
provoca una intoxicación, a menudo
mortal, caracterizada por la fatiga y la
debilidad muscular y por los trastornos
visuales.
Se contrae por la ingestión de comida
contaminada y puede manifestarse hasta una
semana después de la
contaminación.
Ébola
El virus hemorrágico &endash;culpable
de grandes epidemias en África&endash; es
un gran desconocido: no se sabe la fuente del
microorganismo ni su mecanismo de
transmisión. Tampoco existe vacuna.
El virus del Ébola &endash;que se
contagia por contacto directo&endash; se replica
por todo el organismo del enfermo, destroza la
integridad de los capilares y produce
coagulación intravascular diseminada. Al
cabo de una semana, el 90% de los infectados
mueren.
Terroristas tienen armas
bioquímicas
Tres sucesos despertaron de nuevo el fantasma
del bioterrorismo. Uno fue el atentado en el
metro de Tokio con gas sarín, en 1995.
Otro fue la venta de los secretos militares por
parte de la desmembrada Unión
Soviética. Un recurso que pudo abrir la
vía a otros países al desarrollo
de un arsenal biológico y químico
muy peligroso.
Finalmente, el conflicto del Golfo puso de
manifiesto que Irak tenía programas de
guerra bacteriológica avanzados y que era
capaz de generar toneladas de patógenos,
como la toxina botulínica y el
ántrax. El ataque sufrido por EE.UU. ha
terminado de desatar el desconcierto y cierto
pánico.
Si en lugar de aviones suicidas los
terroristas que atentaron contra las Torres
Gemelas de Nueva York y el Pentágono de
Washington hubieran usado armas
biológicas, probablemente
estaríamos hablando de un desastre mucho
mayor.
Peor que misiles
Ciertos patógenos tienen un poder
mucho más mortífero que el de
cualquier explosivo o misil, por lo que pueden
ser empleados como armas de destrucción
masiva. Algunos microorganismos son capaces de
aniquilar a miles de personas en pocas horas.
Contra algunas de estas toxinas no hay
tratamiento eficaz y otras están siendo
manipuladas genéticamente para ser
más agresivas y resistentes.
Sin embargo, y a pesar de que la amenaza
bioterrorista es más real que nunca, los
países no están preparados para
hacerle frente. Según los autores de un
trabajo realizado en 200 hospitales
estadounidenses, publicado en mayo en el
'American Journal of Public Health', los
protocolos de intervención son buenos,
pero la realidad es muy distinta.
Aún hay centros que tardan semanas en
dar a conocer diagnósticos porque emplean
el servicio postal ordinario. Sólo uno de
cada cinco ha diseñado un plan en caso de
ataque biológico. Menos de 100 tienen
unidades de descontaminación con duchas y
menos de un tercio almacena antídotos
contra los agentes más conocidos.
Sólo una veintena posee suficiente ropa y
mascarillas para el personal sanitario. En
otros, la reserva de antibióticos y
vacunas está caducada o mal conservada,
lo que deja de garantizar su eficacia.
Las sospechas
William Cohen, secretario de defensa de
EE.UU., ha manifestado que las pistas indican
que el principal sospechoso de la masacre del
World Trade Center, Osama Bin Laden, ha
intentado hacerse con armas biológicas y
que los que atentaron en 1993 contra aquellos
edificios también experimentaron con
armas químicas. Ante este panorama, las
autoridades del Reino Unido ya han comenzado a
revisar sus planes de contingencia para
mejorarlos en previsión de un ataque con
armamento biológico.
Por su parte, Edward Kennedy, senador
demócrata por Massachusetts (EE.UU.), ha
insistido en que «está claro que la
nación sigue siendo vulnerable a un
ataque bioterrorista. Ahora más que nunca
debemos proveernos de la mejor defensa
posible».
En 1970, EE.UU. abandonó oficialmente
su programa de ofensiva biológica porque
la Presidencia opinaba que este armamento no era
necesario para preservar la seguridad nacional.
En 1972, las naciones que asistieron a la
Convención sobre Toxinas y Armas
Biológicas (BWTC, en inglés)
intentaron prohibir el desarrollo,
posesión y uso de armas de esta clase. A
pesar de que entre los 162 países que
firmaron el acuerdo había 17 naciones
sospechosas de estar actuando de manera opuesta,
la comunidad internacional quiso creer que la
amenaza había desaparecido.