Miércoles 9 de enero 2002



Cuando la tierra se acomodó

La alegría de un nuevo milenio con nueva moneda en el bolsillo duró muy poco. Dos tragedias sin parangón obligaron al gobierno y a todas las instituciones a virar el timón para enfrentar una catástrofe humana

El Diario de Hoy

Unos segundos antes de las 11:33 del 13 de enero pasado, la colonia La Colina era una apacible zona residencial del municipio de Santa Tecla, en La Libertad.

En la Escuela Parroquial "Nuestra Señora de Candelaria", de ese municipio cuscatleco, una maestra llegaba puntual a clases el 13 de febrero. Le acompañaban una veintena de párvulos cuando el reloj apenas marcaba las 8:22 de la mañana.

Cuando el reloj golpeó el minuto 33, un terremoto de gran magnitud provocó, con seguridad, la mayor catástrofe que recuerda la historia reciente de este país.

A los centenares de personas que quedaron soterradas por el desprendimiento de una parte de la Cordillera de El Bálsamo se sumó la tragedia de un país que vio como la casi totalidad de los 262 municipios resultaron en mayor o menor medida afectados.

Las cifras eran escalofriantes: más de un millón de salvadoreños damnificados, casi dos mil escuelas dañadas, un centenar de centros de salud afectados. El país había cambiado para siempre, la fotografía de La Colina había dado la vuelta al mundo.

No había pasado un mes y la naturaleza volvió a mecer con fuerza el "valle de las hamacas".

En Candelaria

Pasaban 22 minutos de las ocho cuando la tragedia sacudió de nuevo al país. en esta ocasión, se localizó en la zona paracentral.

Las clases en la escuela de Candelaria terminaron de forma súbita; también la vida de esa profesora y muchos de sus jóvenes alumnos que, en ese momento, recibían clase.

Cuscatlán, en primer lugar, San Vicente y La Paz multiplicaban su tragedia, esta vez como consecuencia de la activación de una falla local.

Y, de nuevo, las cifras: los damnificados crecían en un cuarto de millón; había cerca de tres mil 500 heridos y 315 muertos.

Del país que entraba en el nuevo milenio con la ilusión de una nueva fórmula monetaria, dos meses después quedaba bien poco.

El reloj que marcó la hora de los terribles sucesos no se detuvo. Las autoridades tenían que buscar un alojamiento temporal para los millares de personas. El Salvador pasó, de la noche al día, a ser un país con techo de lámina.

Los políticos de las distintos partidos trazaron una tenue tregua. Comenzó un ir y venir en busca de ayuda financiera por los cinco continentes. La consecución de créditos iban dirigidos a "maquillar siquiera" la tragedia.

NÚMEROS DE LA TRAGEDIA

- Los dos terremotos de enero y febrero dejaron tras de sí miles de víctimas y damnificados repartidos por toda la geografía nacional. Uno de cada cinco salvadoreños resultó afectado.

Fallecidos
1142

En el primer terremoto, el mayor número de víctimas mortales se concentró en el área de La Colina, Santa Tecla. En febrero le correspondió a Cusca-tlán encabezar la cruda estadística.

Destruidas
149 mil

La cantidad de viviendas que resultaron dañadas o destruidas superó las 300 mil. Munici-pios como Comasagua, en La Libertad, o San Agustín, en Usulután, quedaron en el suelo.

Réplicas
12819

Una increíble cantidad de réplicas siguieron a los terremotos y mantuvieron en vilo a la población durante los meses posteriores. La mayoría tuvo su origen en la zona de subducción.


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