Cuando la tierra se
acomodó
La alegría de un nuevo milenio con
nueva moneda en el bolsillo duró muy
poco. Dos tragedias sin parangón
obligaron al gobierno y a todas las
instituciones a virar el timón para
enfrentar una catástrofe humana
El Diario de
Hoy
Unos
segundos antes de las 11:33 del 13 de enero
pasado, la colonia La Colina era una apacible
zona residencial del municipio de Santa Tecla,
en La Libertad.
En la Escuela Parroquial "Nuestra
Señora de Candelaria", de ese municipio
cuscatleco, una maestra llegaba puntual a clases
el 13 de febrero. Le acompañaban una
veintena de párvulos cuando el reloj
apenas marcaba las 8:22 de la mañana.
Cuando el reloj golpeó el minuto 33,
un terremoto de gran magnitud provocó,
con seguridad, la mayor catástrofe que
recuerda la historia reciente de este
país.
A los centenares de personas que quedaron
soterradas por el desprendimiento de una parte
de la Cordillera de El Bálsamo se
sumó la tragedia de un país que
vio como la casi totalidad de los 262 municipios
resultaron en mayor o menor medida
afectados.
Las cifras eran escalofriantes: más de
un millón de salvadoreños
damnificados, casi dos mil escuelas
dañadas, un centenar de centros de salud
afectados. El país había cambiado
para siempre, la fotografía de La Colina
había dado la vuelta al mundo.
No había pasado un mes y la naturaleza
volvió a mecer con fuerza el "valle de
las hamacas".
En Candelaria
Pasaban 22 minutos de las ocho cuando la
tragedia sacudió de nuevo al país.
en esta ocasión, se localizó en la
zona paracentral.
Las clases en la escuela de Candelaria
terminaron de forma súbita;
también la vida de esa profesora y muchos
de sus jóvenes alumnos que, en ese
momento, recibían clase.
Cuscatlán, en primer lugar, San
Vicente y La Paz multiplicaban su tragedia, esta
vez como consecuencia de la activación de
una falla local.
Y, de nuevo, las cifras: los damnificados
crecían en un cuarto de millón;
había cerca de tres mil 500 heridos y 315
muertos.
Del país que entraba en el nuevo
milenio con la ilusión de una nueva
fórmula monetaria, dos meses
después quedaba bien poco.
El
reloj que marcó la hora de los terribles
sucesos no se detuvo. Las autoridades
tenían que buscar un alojamiento temporal
para los millares de personas. El Salvador
pasó, de la noche al día, a ser un
país con techo de lámina.
Los políticos de las distintos
partidos trazaron una tenue tregua.
Comenzó un ir y venir en busca de ayuda
financiera por los cinco continentes. La
consecución de créditos iban
dirigidos a "maquillar siquiera" la
tragedia.
NÚMEROS DE LA TRAGEDIA
- Los dos terremotos de enero y febrero
dejaron tras de sí miles de
víctimas y damnificados repartidos por
toda la geografía nacional. Uno de cada
cinco salvadoreños resultó
afectado.
- Fallecidos
- 1142
En el primer terremoto, el mayor
número de víctimas mortales se
concentró en el área de La Colina,
Santa Tecla. En febrero le correspondió a
Cusca-tlán encabezar la cruda
estadística.
- Destruidas
- 149 mil
La cantidad de viviendas que resultaron
dañadas o destruidas superó las
300 mil. Munici-pios como Comasagua, en La
Libertad, o San Agustín, en
Usulután, quedaron en el suelo.
- Réplicas
- 12819
Una increíble cantidad de
réplicas siguieron a los terremotos y
mantuvieron en vilo a la población
durante los meses posteriores. La mayoría
tuvo su origen en la zona de
subducción.