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I
PARTE
A
10 años de los Acuerdos de Paz
¿La
guerra pudo evitarse?
Cuatro
de los principales actores en las negociaciones de los Acuerdos
de Paz se sentaron en una mesa frente a editores de El Diario
de Hoy para analizar lo que sucedió hace una década
y los efectos de ese importante paso que culminó con
la firma de los Acuerdos de Paz, en enero de 1992. Salvador
Sánchez Cerén, Salvador Samayoa, David Escobar
Galindo y Mauricio Ernesto Vargas. Esta es la primera entrega
de lo que se comentó sobre ese tramo de la historia.
El Diario de Hoy
Cada uno de ellos jugó importantes papeles en las negociaciones
de paz. Dos de ellos (Salvador Samayoa y Salvador Sánchez
Cerén) representaron al FMLN durante más de
dos años de largas conversaciones, que se cerraron
con la firma de los Acuerdos de Paz, realizada en la ciudad
de México, el 16 de enero de 1992.
El general Mauricio Ernesto Vargas representó, en las
negociaciones, al Ejército salvadoreño, mientras
que David Escobar Galindo, uno de los más importantes
intelectuales salvadoreños, alistó su equipaje
para estar al lado, en todas las conversaciones, de la delegación
que designó, en esa época, el entonces gobernante
Alfredo Cristiani.
Todos se volvieron a juntar, hace pocos días, en un
hotel capitalino, para hablar sobre esos acuerdos y el impacto
que tuvieron, sobre la realidad salvadoreña, en los
últimos diez años.
Sus participaciones fueron moderadas por el economista Alberto
Arene, quien, además de comentar todas las afirmaciones
que allí se hicieron, ordenó las preguntas que
a esos actores de la paz hizo un grupo de editores de El Diario
de Hoy.
Lic. Alberto Arene:
Tal vez comencemos con la primera planteando si en la opinión
de ustedes era posible evitar esta guerra, si había
una especie de inevitabilidad de la guerra o si se dieron
una serie de condiciones en la historia política del
país que la hicieron, por así decirlo, inevitable.
Dr: David Escobar Galindo:
Yo creo que el conflicto bélico hubiera sido evitable
hace 50 años, pero la sociedad salvadoreña lo
fue construyendo. Las guerras no nacen de la nada. Se van
haciendo. Este conflicto costó mucho destruirlo pero,
al mismo tiempo, se iba construyendo la paz. Los fenómenos
no se dan de una manera mecánica, uno tras otro. Se
van entrelazando en el tiempo. Los salvadoreños fuimos
construyendo la guerra y, paralelamente, también la
paz. Parece una figura literaria que yo creo que así
se dio en la realidad. Por eso, cuando vino el proceso de
negociación de los Acuerdos de Paz, todas las condiciones
estaban dadas para que se diera la paz a pesar de que teníamos
muchos años de guerra.
Salvador Sánchez Cerén:
Allá, por los años 60 0 70, la situación
del país era muy polarizada. Yo me incorporé
como maestro pero me vi obligado a organizarme y luchar. ¿Por
qué luchaba un maestro? Para que se nos respetara la
estabilidad en el trabajo, se nos dieran ciertas prestaciones
y necesidades reinvindicativas, había que luchar, salir
a las calles, resistir la situación. Eso generó
condiciones. Para pensar en la paz se tuvo que pensar en las
causas. Estas estaban en una sociedad muy conflictiva, donde
los espacios democráticos y los derechos humanos no
existían ni se respetaban. Había una gran desigualdad.
Eso hizo que los campesinos siguieran el mismo proceso de
radicalización y profundización que seguimos
los maestros. La misma sociedad generó causas que hicieron
inevitable el conflicto. Existieron posibilidades de resolver
el conflicto por la vía política, pero también
se agotaron.
General Mauricio Vargas:
Yo creo que sí existieron posibilidades de evitar el
conflicto. Lo que no existía, desde mi óptica,
era la actitud para poder resolverlo. Yo las causas las veo
desde la existencia de dos corrientes de pensamiento político
de la intervención. Estábamos inmersos en una
bipolaridad. Había un componente ideológico
en el conflicto. Pero cada quien podía ver las causas
desde su óptica, sin aceptar que existía una
mezcla de ellas. Existían causas estructurales pero
también de intervención. Llámese una
intervención norteamericana y una visión ideológica.
Yo me incorporo al conflicto armado como militar, como profesional
en la ciencia y arte de las armas. Eso, sin duda, representaba
el instrumento represivo del Estado. Con el correr del tiempo
me voy dando cuenta de que existen otros elementos. Que no
es cierto que sean sólo los comunistas, sino que hay
otros elementos también que hay que resolver. Bajo
esa visión nosotros planteamos, en un momento determinado,
una posible solución. Sabíamos que teníamos
que resolver causas estructurales, pero también se
agregaban otras.
Lic. Salvador Samayoa:
Al inicio de la década de los setenta ya no era fácil
evitar la modalidad de la guerra. Los factores económicos
y de pobreza eran muy profundos. Pero yo no creo que fue la
pobreza la que desato la guerra. Hay muchos lugares con pobreza
en los que no se desatan guerras. Lo que hizo imposible la
guerra para amplios sectores de la sociedad fue el cierre
de los espacios políticos, el cierre de las opciones.
Después de la Segunda Guerra Mundial pasaron 45 años
en los que sólo tres veces se calificó de legal
una huelga de trabajadores en el país. En 1972 había
un germen de gente que pensaba en la lucha armada pero la
población estaba en elecciones. La sorpresa fue un
fraude grotesco. Cerrada la vía electoral, sin libertad
de expresión, con los espacios políticos cerrados,
se volvió inevitable lo que vivimos. A mí me
parece que la intolerancia política y el cierre de
espacios para la libertad de expresión hicieron inevitable
la forma que adquirió el enfrentamiento. Los conflictos
sociales son inevitables, son inherentes de la naturaleza
de las sociedades. El asunto es la manera de manejar esos
conflictos. Aquí se pretendieron manejar por la vía
de aniquilar a unos sectores determinados y eso no se vale.
Esa reflexión hay que hacerla hoy porque todavía
hay gente que no se le ocurre nada mejor que hacer con el
adversario ideológico o político que tratar
de suprimirlo. Esa no es la manera de manejar los problemas.
Lic. Lafitte Fernández:
Algunos estiman que el conflicto salvadoreño se arregló
cuando sobrevino el fin de la guerra fría, cuando las
dos superpotencias arreglaron sus asuntos y pusieron el tema
local en sus agendas. ¿Es eso cierto?
Lic. Salvador Samayoa:
Definitivamente no. De hecho, Estados Unidos intentó
resolver, de esa manera, el conflicto, en 1989. Querían
entenderse con los soviéticos. Pero el problema no
podía resolverse de esa manera. El de Nicaragua podía
resolverse más de esa forma porque tenían una
dependencia importante. Yo creo que el fin de la guerra fría
influyó al revés de como piensan algunos. Nunca
me olvido que un periodista me dijo: "ahora sí
van a tener que terminar la guerra porque ya no van a tener
retaguardia o soporte". Yo le respondí: "fíjese
que yo lo veo al revés. Con el colapso del campo socialista,
Estados Unidos ya no tiene una razón geoestratégica,
geopolítica para seguir respaldando reuniones como
las que en ese momento se llevaban a cabo. El fin de la guerra
fría influyó tanto en el FMLN como en el gobierno
y la Fuerza Armada. Pero, de ahí a decir que por un
entendimiento entre las superpotencias se podía resolver
el conflicto de El salvador, los datos que tenemos indican
que no.
Dr. David Escobar Galindo:
Yo creo que tuvo influencia, pero hay que matizarla. Es cierto
que las superpotencias no podían resolver el conflicto
de una manera fácil, pero sí podían evitar
que se resolviera. Si no hubiera sido el fin de la guerra
fría, la solución habría sido más
difícil. El que la Unión Soviética saliera
del escenario permitió sacar de la agenda de las superpotencias
el tema de El Salvador. Eso contribuyó a que la cosa
caminara más fácil y, en segundo lugar, a que
la agenda solución correspondiera más a la realidad
salvadoreña. Hubo una constelación de factores
favorables: el gobierno de Alfredo Cristiani, el gobierno
de George Bush, el otoño europeo y la derrota de Daniel
Ortega, entre otros factores. También el desgaste natural
de la guerra. En fin, muchos factores incidieron favorablemente.
Pero los cuatro factores juntos hicieron una conjunción
muy favorable para que la guerra terminara.
Salvador Sánchez Cerén:
"La raíz del conflicto salvadoreño no tiene
causas externas. Tiene que atribuirse a causas internas. Ninguna
solución podía tener un pie afuera. Tampoco
se podía dar por las presiones que se hicieran sobre
el gobierno o el FMLN. Las respuestas deben encontrarse en
el proceso de negociación interna. Por ejemplo, en
esto no sólo debe verse la el fin de la guerra fría,
sino también la visión de Estados Unidos en
el sentido de que por la vía de la guerra, por la vía
de la intervención, muy difícilmente podía
resolverse el conflicto. Ese fenómeno se agravó
con la llegada de Bush. El propósito era la derrota
militar y la solución militar. La solución del
conflicto estaba en toda la sociedad del país, en la
voluntad de las partes.
General Mauricio Vargas:
Quiero compartir algunas cosas. Primero, si bien es cierto
que las potencias no podían terminar el conflicto,
sí podían prolongarlo por sus intereses particulares.
Eso no hay que perderlo de vista. Es una variable independiente
a nosotros: Segundo, tenemos que analizar que los salvadoreños
tenemos que darnos un poquito de valor sobre lo que realmente
hemos hecho. Cuando David plantea la situación de Cristiani,
creo que hubo un liderazgo fuerte tanto en la comandancia
del FMLN como en el gobierno, y en la misma sociedad, que
permitieron que, a pesar de las imperfecciones que podían
tener los acuerdos, se aceptara lo que se había hecho.
De lo contrario, habríamos tenido contra y recontra.
Pero eso no sucedió por el reconocimiento al liderazgo
de la comandancia del FMLN, como de las fuerzas del gobierno.
Se acepta lo que los líderes hacen en ese momento.
Yo, por otra parte, no creo que el problema se originara exclusivamente
en causas internas. Era un conflicto con una visión
ideológica. No se puede sacar ese elemento. Pero, en
conclusión, yo diría que las potencias no iban
a resolver el problema pero sí podían continuarlo.
Además, existió un valor de racionalidad en
las partes y sus liderazgos que jugaron un papel muy importante,
independientemente del hecho de que la comunidad internacional
permite acercar a las partes y que dejen de lado los temores
y las ansiedades. Yo no confiaba en esos señores. Ellos
no confiaban en mí.
Erick Lemus:
¿Bajo que perspectiva se mira la ofensiva de 1989 y
los efectos que produjo en las negociaciones?
General Mauricio Vargas:
Para mí, la negociación estaba planteada en
una sola dirección desde el año 1984. Se decía
que existía un empate militar. Para mí, la negociación
estaba planteada ya en una sola dirección desde el
año de 1984. Era la apreciación legal-político-estratégica
desde el punto de vista militar. Cuando se dice que potenció
la negociación, desde un punto de vista externo, sí
pudo haber ocurrido. Cuando se dice que había un empaque
militar y que no había victoria militar, quiero decir
que se podía ganar la guerra pero se podía perder
la paz. Eso era peligroso. Analizamos Guatemala, Colombia
y Perú y nos decíamos que, como generación,
íbamos a heredar otros 40 años de conflicto.
Hicimos reflexiones muy fuertes. Fue más fácil
incluir la idea de una paz negociada en el interior del FMLN
que en las fuerzas armadas.
Salvador Sánchez Cerén.
Antes de la ofensiva se realizaban diálogos pero cada
quien los usaba para simular política y militarmente.
Las apuestas estaban colocadas en la derrota militar. La ofensiva
quiebra esas percepciones. Si los norteamericanos querían
seguirle apostando a una ingerencia, significaba alargar la
guerra por muchos años. En ciertos sectores se consideraba
que la solución era una victoria militar. Esto último
también falló. A mí me parece que finalmente
se abrió un escenario más viable hacia una solución
política negociada. Nosotros teníamos dos rutas.
Abrir una negociación estratégica o el camino
de la guerra. El escenario que se abrió fue el de la
solución política negociada.
General Mauricio Vargas:
Yo creo que es el momento de la sinceración. Frente
a una ofensiva que está planteada un año antes,
cuando no existía la negociación, indirectamente
pudo haber potenciado la negociación pero el fin era
la toma del poder.
Salvador Sánchez Cerén
Ese fin es el mismo ahora (risas)
General Mauricio Vargas:
Decir que un año antes estábamos potenciando
la negociación no es un mensaje correcto. Eso es como
decir que en 1980 nosotros ya estábamos buscando la
negociación. Eso no es cierto. Eso no es correcto.
Dr. David Escobar Galindo:
Cristiani llegó el 1 de junio. El 13 de septiembre
logramos sentarnos en la mesa. No es posible pensar que la
ofensiva del 11 de noviembre fue hecha para cambiar la naturaleza
de esa mesa. Le cambió la naturaleza pero no se hizo
para eso. La ofensiva nació desde mucho tiempo atrás.
No se necesita ser estratega para comprender que no se organiza
en un mes. Dentro ese nuevo escenario, que comenzó
a configurarse el 1 de junio, vino el primer esfuerzo y después
la ofensiva. La ofensiva tuvo un efecto importante pero no
creo que se lanzara por eso. Al final de cuentas le cambió
la suerte a las dos partes. Cuando las dos partes se sentaban
a la mesa, antes de que eso ocurriera, las dos partes tenían,
en el fondo de su corazón, la imagen de la imagen de
la justicia en la que uno le impone las condiciones al otro.
La ofensiva lo que hizo fue eliminar esa posibilidad y abrir
el camino de una mesa en la que finalmente se lograran los
acuerdos de paz.
II
PARTE
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