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Palabras
de honor
Mil novecientos ochenta y nueve cerró con el país
conmocionado por la violencia y la destrucción causada
por la ofensiva final del FMLN y que tuvo un costo de más
de un millar de muertos. Fue ese un año en el que los
olores a muerte y pólvora se respiraban por todo el
territorio nacional.
La ofensiva guerrillera, realizada a partir del 19 de noviembre
de 1990 en ocho departamentos de la República, se centró
principalmente en la Zacamil, Soyapango y la colonia Escalón.
Después de fallar en su intento de tomar el aeropuerto
de Ilopango, donde iban a establecer un puente aéreo
con Nicaragua para recibir tropa y armamento pesado, la guerrilla
ocupa la colonia Zacamil, al sur de San Salvador, y la colonia
Escalón. Mientras, la aviación aniquila varias
columnas guerrilleras cuando bajaban del volcán de
San Salvador hacia la ciudad. Posteriormente el Ejército
logra desalojar a las bandas de irregulares, entre los que
se contaban individuos de las más diversas nacionalidades,
incluyendo europeos.
Escombros, heridos, muertos incinerados en las calles, fosas
improvisadas a la orilla de
las carreteras vecinales fueron evidencias de aquellos combates.
El FMLN pretendió demostrar su capacidad para ponerse,
codo a codo, con el aparato bélico del gobierno salvadoreño,
apoyado mayoritariamente por la población.
Pero un profundo análisis de los sucesos demostraba
que la guerrilla había sido derrotada previamente por
los portentosos sucesos que siguieron al derrumbe del Muro
de Berlín y el
posterior colapso del Imperio Soviético y el desmembramiento
del bloque socialista. El movimiento de liberación
iniciado por la visita del Papa Juan Pablo II a Polonia, y
el impacto del movimiento de "Solidarnòs"
en los países subyugados del Pacto de Varsovia, marcaron
el fin de la marejada comunista en el mundo. Ya en la reunión
entre Gorbachov y Reagan de ese año se acordó
poner fin a las guerras centroamericanas; era cuestión
de tiempo para que la falta de apoyo político y sostén
táctico (incluyendo el abastecimiento de pertrechos
bélicos) condujera al término de la capacidad
militar del FMLN.
Por desgracia, la miope evaluación de la realidad nacional
que hizo el gobierno Cristiani, presentaba un empate en el
terreno militar. Parecía como si la guerra había
perdido su cauce original -de subversión y defensa-
y las huestes de ambos ejércitos estaban cansadas y
desgastadas de combatir.
Los excesos vividos, y el fracaso de la ofensiva, fueron los
detonantes para que se diera la reflexión acerca del
grado de locura bestial al que había llegado El Salvador
tras intensos años de un conflicto "de baja intensidad".
La solución a la guerra no llegaría, pues, por
medio del fragor de las armas o la sinrazón de actos
terroristas protagonizados por la guerrilla y grupos operativos
de los cuerpos de seguridad.
Tras participar en las exequias de los asesinados jesuitas,
que mantuvieron estrechos vínculos con la subversión,
el presidente Alfredo Cristiani ordena que se realicen serias
investigaciones sobre el caso, las que en enero de 1990 conducen
al inculpamiento, captura y proceso judicial de nueve militares
de diferentes grados.
Algunos pertenecían a la Escuela Militar Capitán
General Gerardo Barrios, y otros, al Batallón de Infantería
de Reacción Inmediata Atlacatl.
ESPERANZA EN LA PAZ
Aunque había avances en las mesas de negociación,
la guerrilla no cesaba en sus ataques contra las presas hidroeléctricas
del río Lempa, las torres y redes de transmisión
eléctrica, el sistema telefónico y las unidades
de transporte público. El Estado Mayor Conjunto fue
atacado con "tepezcuintles" o barriles de gas propano
usados como catapultas, y fueron derribados varios aviones
con misiles tierra-aire comprados a oficiales del Ejército
Sandinista de Nicaragua.
La escalada de violencia también llegó a alcanzar
a algunos asesores militares estadounidenses, asesinados en
tierra el 2 de enero de 1991, tras el derribo de su helicóptero
en zonas del departamento de Morazán tomadas por la
guerrilla. Los comandantes Domínguez y Porfirio, responsables
de aquellos dos crímenes, alegan que ordenaron las
muertes por razones humanitarias o de eutanasia, dada la gravedad
de las heridas en los cuerpos de los estadounidenses.
La violencia arrecia en un país que clama por que las
pláticas de paz den resultados positivos, pese a la
oposición de varios sectores del gobierno, las fuerzas
armadas y la empresa privada, algunos de los cuales, desde
la clandestinidad, lanzan amenazas y proclamas por medio de
varios campos pagados aparecidos en los principales periódicos
nacionales.
Mientras tanto, el partido democristiano había entrado
en una fase de crisis interna permanente originada por las
ambiciones de pequeños grupos que querían hacerse
con el control total del instituto político.
Por otra parte la corrupción corroe al PDC desde su
cúpula y el 6 de marzo de 1988, el New York Times denuncia
la vinculación de un hijo del presidente Duarte en
la malversación de dos millones de dólares de
ayuda estadounidense. El dinero formaba parte de un programa
multimillonario de la Comisión Nacional para Restauración
de Áreas, CONARA, cuyo presidente, un cercano socio
de Alejandro Duarte, fue forzado a renunciar por presiones
de la embajada de Estados Unidos en El Salvador.
Más tarde, la familia Duarte se vio obligada a devolver
públicamente, lo que en su oportunidad se llamó
"El Cheque de la Vergüenza", consistente en
una suma de fondos públicos que en forma ilegal habían
canalizado a la cuenta particular de la familia.
La crisis democristiana se agudiza luego que el 20 de febrero
de 1990, un cáncer hepático causara la muerte
a su cabecilla histórico, Napoleón Duarte, con
la subsiguiente lucha intestina por hacerse con el liderazgo
del partido. Ante la evidente corrupción de régimen
duartista, el 10 de marzo de 1990, la población da
un voto de castigo a los democristianos y un rotundo triunfo
a Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, en las elecciones
municipales para alcaldes y diputados.
ARENA obtiene 39 escaños en la Asamblea Legislativa
frente a los 26 del PDC y a los de los otros contrincantes,
(PCN, 9; CD, 8; MAC, 1 y UDN, 1) Con los tres poderes del
Estado bajo un mismo control partidista, el Gobierno Central
se lanza a una nueva ronda negociadora con la comandancia
del FMLN, abierta en México, el 4 de abril.
RUMORES Y AVANCES
Ya en esos momentos, se puede escuchar algunos rumores de
golpe de Estado contra Cristiani, por lo que despierta ciertas
dudas la sorpresiva visita que realiza el general Colin Powell,
uno de los máximos jefes del ejército estadounidense
en el Pentágono.
Para el 28 de abril y luego de 25 días de intensa negociación,
la comisión gubernamental negociadora y la representación
efemelenista llegan al acuerdo de que se reformarán
24 artículos de la Carta Magna promulgada en 1983,
con el fin de darle un nuevo espacio legal a los acuerdos
que vayan surgiendo de las mesas de discusión.
Pese a que el FMLN desarrolló, en mayo, varios ataques
destructivos contra las presas hidroeléctricas, el
sistema eléctrico nacional y el cuartel de la Primera
Brigada de Infantería, las comisiones de diálogo
se dieron cita en Querétaro (México), entre
el 16 y el 22 de junio. En esa ronda se trataron asuntos referentes
a un nuevo cuerpo de seguridad pública, llamado Policía
Nacional Civil, que no estuviera sujeta a la injerencia militar
del pasado, pero sin pensar el grave vacío de autoridad
que se generaría al desmantelar los cuerpos de seguridad
sin que estuviera preparada la nueva entidad. Eso eventualmente
causó el gravísimo desborde de criminalidad
que nos azota. Pese a los acuerdos sobre derechos humanos
firmados con anterioridad, el 19 de julio son secuestrados
el empresario Guillermo Sol Bang, el agricultor Gregorio Zelaya
y el empresario Kevin Salume. El gobierno exige una explicación
y los grupos insurgentes se hacen responsables por el primero
de los secuestros, pero alegan no saber nada sobre el paradero
del agricultor. La duda se cierne sobre las reales disposiciones
del Frente para llegar a una paz negociada.
ONUSAL EN EL PAÍS
Como resultado de las negociaciones y la presión ejercida
por el secretario general de la Organización de las
Naciones Unidas, el peruano Javier Pérez de Cuéllar,
el 26 de julio inicia sus operaciones un grupo de observadores
de la ONU, bajo la designación de ONUSAL o Misión
de las Naciones Unidas para El Salvador, que de hecho se desempeñaron
como una fuerza de ocupación.
Entre agosto y octubre de 1991, ONUSAL, instalada en el Hotel
El Salvador Sheraton, establece sedes regionales de observación
y verificación del proceso de paz en San Miguel, Santa
Ana, San Salvador y otros lugares del territorio nacional.
En restaurantes, lugares de recreación, hoteles de
lujo y moteles, se hará común la presencia de
las camionetas blancas de la soldadesca internacional.
En ese marco de cosas, el 25 de septiembre son ratificadas
reformas constitucionales de tipo electoral y se firma, en
Nueva York, el acuerdo que da pie al surgimiento de la Comisión
para la Paz (COPAZ). también se decide depurar y reducir
el elevado número de miembros de la institución
castrense, por entonces cercano a los 70 mil integrantes.
En el lado negativo, los acuerdos no tocan el problema de
los comandos urbanos de la guerrilla, autores de incontables
asesinatos y secuestros.
Tras meses de investigaciones y procesos técnicos verificados
por comisiones internacionales de policías y juristas,
son llevados a juicio el coronel Guillermo Benavides, el teniente
Yusshy René Mendoza y otros militares más, acusados
del asesinato de los jesuitas de la UCA.
JUICIO POR CRIMEN
Del 26 al 28 de septiembre, un tribunal de conciencia, visto
solamente por el juez e instalado en el propio local de la
Corte Suprema de Justicia, escucha los alegatos de la parte
acusatoria y los de la defensa, gracias a los cuales pueden
reconstruir, paso a paso, los hechos. Se analiza desde la
salida de los comandos de la Escuela Militar hasta que se
perpetra el asesinato, enmedio de la ofensiva general desatada
en noviembre de 1989.
Como resultado de eso, son absueltos siete soldados, y condenados
los oficiales.
Ya para el 21 de octubre, las comisiones negociadoras han
llegado a puntos en común respecto a 12 de los 14 puntos
programados en la agenda de diálogo, en momentos en
que la ciudad de Guatemala contempla la creación del
Parlamento Centroamericano (PARLACEN), como un nuevo esfuerzo
para lograr el restablecimiento de la Patria Grande Centroamericana,
disuelta desde mediados de la centuria pasada.
Diez días más tarde, la Asamblea Legislativa
salvadoreña aprueba nuevas reformas constitucionales
en materias judiciales, electorales y de derechos humanos,
que entran en vigencia a partir del 1 de diciembre. Eso ocurre
quince días después de que la guerrilla pone
fin a sus sabotajes en todo el territorio nacional, el Ejército
suspende sus bombardeos aéreos y el uso de su artillería
pesada y las rondas negociadoras continúan en San Miguel
de Allende, en la localidad mexicana de Guanajuato. Más
tarde se reabren las sesiones de negociación en la
ciudad de Nueva York, en la propia sede de las Naciones Unidas.
Luego de dos semanas de intenso debate, el presidente Cristiani
se une a sus representantes y, pocos minutos antes de que
finalice 1991 se estampan las firmas en el Acta de Nueva York.
La paz ha llegado a El Salvador, a la medianoche.
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