Acuerdos de Paz 1992-2002


Hacedores de la paz

Salvador Samayoa

Como suele ocurrir en los procesos sociales de los pueblos, la memoria colectiva tiende a distorsionarse o a desdibujarse con el paso del tiempo. Tal vez por ello, falta ahora unanimidad o conciencia profunda para reconocer que los Acuerdos de Paz, firmados el 16 de enero de 1992, fueron el hecho político más relevante de la historia reciente de El salvador.
Han pasado exactamente 10 años sólo 10 años desde que Alfredo Cristiani tomó posesión del cargo de Presidente de la República. En ese momento, el país entero estaba hundido en el infierno de la guerra. La violencia política y militar azotaba sin piedad a la población de todos los sectores sociales y nadie veía el final de este largo y oscuro túnel de muerte, destrucción y amargura.
Cuando nos reunimos por primera vez, en septiembre de 1989, con representantes del gobierno de Cristiani, era muy difícil apostar por el éxito de las negociaciones. La mayor parte de jefes y dirigentes de la Fuerza Armada, del partido de gobierno y del FMLN apostaba todavía por la derrota del adversario. En su inicio, la negociación era poco más que táctica política en función de tal propósito. Eso lo percibía la gente, dentro y fura de El Salvador.
En la primera resolución fue imposible decir con claridad que el propósito del diálogo era la negociación. En esa ocasión, tuvimos que emplear un eufemismo sugerido por David Escobar Galindo y hablamos de un "esfuerzo negociador". No se podía llamar a las cosas por su nombre. El Frente preparaba ya su ofensiva militar de noviembre. Los representantes de Cristiani no hacían concesiones. En octubre, en el Convento de las Monjas Clarisas, en San José de Costa Rica, el ambiente era sombrío. El representante del Secretario General de las Naciones Unidas era poco más que un testigo mudo en las conversaciones. No había voluntad política; no había intermediario, no había en realidad, negociaciones de paz.
La ofensiva cambió el panorama. El Frente estaba seguro de hacerle derrotas militares decisivas al Ejército: LA Fuerza Armada tenía información y dejó entrar a los guerrilleros, con la idea de cercarlos y aniquilarlos en San Salvador. Seguro de la victoria, el Alto Mando ordenó el asesinato de los padres jesuitas. Sabían bien que, al final de una guerra, nadie discutía a los vencedores los medios empleados para obtener la victoria.
Al día siguiente de a masacre, los presidentes de los Comités de Apropiaciones del Senado y de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos amenazaron con recortar la ayuda militar al gobierno. El 17 de noviembre, El Salvador era ya noticia de primera plana en todo el mundo.
Cuatro días después se produjo otro acontecimiento de gran impacto internacional: la guerrilla incursionó en las zonas más acomodadas y exclusivas de la ciudad y se tomó el Hotel Sheraton, en la colonia Escalón. En el hotel estaban 12 "boinas verdes" del Sétimo Grupo de Fuerzas Especiales de los Estaos Unidos: La situación estaba al rojo vivo. El presidente Bush envió de inmediato una unidad de comandos de Fuerza Delta, entrenada para realizar operaciones de rescate, y estuvo a punto de producir un enfrentamiento militar de consecuencias políticas irreversibles.
Tres días después del episodio del Sheraton, en la madrugada del sábado 25 de noviembre, la situación pasó a otro escalón de implicaciones internacionales, cuando se estrelló, en el oriente del país, un avión Cessna 310 que transportaba 25 misiles antiaéreos, la mayor parte del tipo SAM 7, de diseño soviético, destinados a las unidades militares del FMLN. El mismo día, otro avión con el mismo tipo de armas antiaéreas logró aterrizar cerca de la ciudad de Zacatecoluca, a sólo 30 kilómetros de San Salvador.
Al día siguiente, El Salvador rompió relaciones con Nicaragua y suspendió la reunión cumbre de presidentes centroamericanos, programada para el 18 de diciembre.
En este contexto se produjo una reunión casi secreta, que fue decisiva para el inicio de las negociaciones de paz. En la mañana del 6 de diciembre, en la ciudad de Montreal, Ana Guadalupe Martínez y Salvador Samayoa se reunieron con Álvaro de Soto y solicitaron la intervención de las Naciones Unidas.
Dos días después, el Secretario general solicitó a los Estados Unidos y a la Unión Soviética su anuencia para una intermediación diplomática en la situación de El Salvador. Los soviéticos respondieron de inmediato. Estados Unidos respondió el 12 de enero del 90, esperando la conclusi´ón de su intervención militar en Panamá.
Entre enero y abril de 1990, se realizaron intensas y complicadas negociaciones hasta llegar a la firma, el 4 de abril, del Acuerdo de Ginebra, que serviría de marco al proceso de paz. En los 21 meses comprendidos entre abril de 1990 y enero de 1992, se produjeron unas 20 rondas de negociaciones directas entre las comisiones del gobierno y el FMLN. A la medianoche del 31 de diciembre de 1991, en la ciudad de Nueva York, terminamos las negociaciones. Solo quedó pendiente el calendario de ejecución de los acuerdos y la ceremonia oficial.
Aquellos fueron momentos de alegría, pero también de duda y soledad. Una cierta pesadumbre por lo que se había perdido de manera irrecuperable predominaba sobre la satisfacción de lo que se había logrado, de manera todavía incierta. Era el momento de saldar todas las cuentas y enfrentarse con el resultado de doce años de intensa y sacrificada lucha. Para los negociadores, era el momento de saber si había valido la pena el esfuerzo. Para el país, esta es ahora una reflexión todavía inconclusa.