Acuerdos de Paz 1992-2002


Los Acuerdos de paz

La historia del país en una mesa


David Escobar Galindo

En la segunda mitad del año 1989, las circunstancias nacionales, regionales e internacionales eran propicias como nunca para emprender un serio y sostenible esfuerzo para solucionar la guerra salvadoreña por la vía política. Internamente, la derecha conducía al Ejecutivo, y eso le daba una gran claridad ala interlocución de parte del Gobierno; regionalmente, el sandinismo estaba aceptando –de la mano del Plan Arias-entrar en la lógica competitiva de la democracia, que los desalojaría de la condición de "vanguardia revolucionaria" en el poder en febrero de 1990; e internacionalmente , el comunismo se estaba disolviendo en Europa, en una insospechada secuencia de implosiones sucesivas.
Cristiani en su primer mensaje, propuso un diálogo sin precondiciones; las fuerzas alzadas en armas –luego de unas cuantas semanas de reticencia y forcejeos, quizás porque la guerrilla esperaba de AREAN más bien una actitud guerrerista- tuvieron que acceder a ir a la mesa, pese a estar ya en las últimas etapas de preparación de su "Ofensiva hasta el tope". El primer encuentro para el diálogo tuvo lugar en México, D.F., entre el 13 y el 15 de septiembre de 1989. de ahí salió el Acuerdo de México, en el que se sentaron las premisas de lo que sería el Acuerdo de Ginebra ya bajo el auspicio de las Naciones Unidas, con el cual se definió el escenario para la negociación plena e ininterrumpida.
El proceso negociador pudo avanzar y culminar positivamente, porque se dieron los requisitos indispensables para que ello ocurriera: una situación nacional, regional e internacional favorable a la solución política; la aceptación concreta –por cada una de las partes, aunque ninguna lo hiciera explícitamente- de que había que llegar a un acuerdo de paz, y no pretender un simple armisticio; el reconocimiento por ambos –también implícito- de que la naturaleza política de conflicto requería, por lógica elemental, de una solución política; y la participación muy comprometida y diligente de un "tercero internacional", que ayudara a darle forma al proceso, en este caso, las mismas Naciones Unidas por medio de su Secretario General, bajo el seguimiento puntual del Consejo de Seguridad.
El proceso se desarrolló desde el 13 de septiembre de 1989 hasta la 14 de enero de 1992, cuando en la madrugada de aquel día se acordó el calendario de cumplimento de todos los acuerdos, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. La espléndida solemnidad de la firma del acuerdo de paz se dio en el castillo de Chapultepec, en México, en la mañana del 16 de enero del mismo año. Dos años, cuatro meses y tres días duró todo el trabajo, que se cumplió en 25 reuniones, en México, Venezuela, Costa Rica y Nueva York.
El acuerdo cumplió funciones de distinta índole. En primer lugar, le puso fin a la guerra, de manera "impecable", como lo calificó las Naciones Unidas; en segundo término, definió las bases de un escenario de poder político sin precedentes en el país, con el propósito de ampliar y consolidar las posibilidades reales de la democracia; como tercer aspecto, clausuró un largo periodo histórico en que la violencia institucional y luego la violencia revolucionaria se habían enseñoreado en la vida nacional; y por último , al plasmar una solución "sin vencedores invencidos", deslegitimó los nefastos "prestigios" de la violencia, que hasta entonces parecían imbatibles. El acuerdo de paz alzó, en las cumbres de todos los volcanes del país, la bandera de la paz.