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DISCURSO
DEL LIC. ALFREDO CRISTIANI EN LA CEREMONIA DE FIRMA
DE
LOS ACUERDOS DE PAZ
Excelentísimo Señor
Don Carlos Salinas de Gortari,
Presidente de los Estados Unidos Mexicanos,
y Señora de Gortari;
Excelentísimos señores Presidentes de
Centro América y Panamá y del grupo de
Países amigos, del secretario general de naciones unidas,
y distinguidas esposas;
Excelentísimo Señor
Don Boutros Ghali,
Secretario General de Naciones Unidas;
Excelentísimo Señor
Joao Baena Soares,
Secretario General de la Organización de Estados Americanos;
Excelentísimos Señores Miembros del Gabinete
de Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos,
Excelentísimos Señores Cancilleres,
Damas y caballeros:
Este día 16 de enero de 1992, nos reunimos los salvadoreños
en el gran convivio de la paz, rodeado de amigos que nos han
acompañado en la tarea inmensa y difícil de
llegar a este momento, en el que un solo y fundamental propósito
de concorcia nos hace vislumbrar la nueva patria salvadoreña,
que surge de las convulsiones de una gran prueba histórica
Asistido por el aliento vigoroso de una racionalidad que no
tiene precedentes en nuestros métodos sociales y políticos
para resolver profundas diferencias, luego de un intenso y
complejo proceso de negociación, estamos todos aquí
por un acuerdo de paz definitiva y concreta que el pueblo
salvadoreño asume como compromiso general de la nación.
El carácter inequívocamente nacional del acuerdo
de paz suscrito este día, le da la posibilidad efectiva
de paz que de el deriva una condición muy especial
que tampoco tiene precedentes entre nosotros, en realidad
entendemos que desde lo que ahora comienza a ocurrir en el
salvador, no es el restablecimiento de una paz preexistente,
sino la inauguración de una paz autentica fundada en
el consenso social, en la armonía básica entre
sectores sociales, políticos e ideológicos y
sobre todo en la concepción del país, como totalidad
sin exclusiones de ninguna índole.
Nos quedaríamos injustamente cortos si viéramos
solo hacia el pasado inmediato para medir la magnitud de lo
que ocurre en el salvador de un tiempo a esta parte, la crisis
en que se vio envuelta la nación salvadoreña
en el ultimo decenio no surgió de la nada, ni fue producto
de voluntades aisladas, esta crisis tan dolorosa y trágica
tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas,
económicas y culturales en el pasado una de las perniciosas
fallas de nuestro esquema de vida nacional fue la inexistencia
o insuficiencia de los espacios y mecanismos necesarios para
permitir el libre juego de las ideas, el desenvolvimiento
natural de los distintos proyectos políticos derivados
de la libertad de pensamiento y de acción, en síntesis,
la ausencia de un verdadero esquema democrático de
vida.
La crisis profunda hizo surgir la posibilidad real de la democracia
en nuestro país, y si antes hablábamos de democracia
incipiente ahora, a partir del acuerdo formalizado solemnemente
este día, podemos decir que la democracia salvadoreña
nos pertenece a todos y que a su desarrollo y ensanchamiento
progresivo nos debemos todos por compromiso patriótico
y por asunción compartida de responsabilidades históricas
de cara al futuro.
El acuerdo de paz, es un acto de fe en la libertad y perfectibilidad
de todo un pueblos cuyo sufrimiento y estoicismo le han dado
un supremo derecho a la esperanza, esa esperanza en una vida
mas humana y mas plena sin exclusiones y privilegios toma
cuerpo en el acuerdo de paz, y por ello decimos que este acuerdo
es una plataforma de armonía para el presente y para
el futuro.
Por otra parte no es solo el resultado de la negociación
lo que tiene valor como producto positivo de un esfuerzo constructivo
y concertado, es el método mismo del dialogo, del entendimiento
razonable y de la búsqueda sensata y efectiva de soluciones
a los problemas mas agudos y mas difíciles lo que ahora
destacamos también como algo enormemente significativo
para el desarrollo de la democracia salvadoreña.
La violencia es el caldo de cult1vo de la violencia, el entendimiento
respetuoso y dinámico, es el caldo de cultivo de la
paz. Entendemos a cabalidad que la paz tiene como base un
mínimo indispensable de confianza entre los seres humanos,
entre los grupos y entre las instituciones, nosotros los salvadoreños
venimos de un periodo determinado por la mas errada desconfianza
entre personas y entre sectores, ahora nos contagia a todos
hacer un consistente ejercicio de construccion de confianza
y creemos que el acuerdo de paz, es una base excelente para
ello: aunque no se dijeron en el curso de este largo y dificil
proceso de negociacion, se fueron dando posibilidades inevitables
de confianza en funcion del acuerdo total.
En este instante mismo el hecho de que practicamente el pais
entero este representado en este recinto, es una expresion
grafica y elocuente de que los salvadoreños empezamos
a tener confianza en nuestra condicion de compatriota ligados
por un solo destino nacional. Trabajar en este sentido es
una exigencia clara de la nueva realidad que ahora se inaugura
formalmente en el salvador. Llegar a este dia memorable que
recordaran con emocion y respeto nuestros hijos y nuestros
nietos, es la conquista mas anhelada de todo el pueblo salvadoreño.
Hemos dicho muchas veces ya, que el gran gestor de esta paz
es el pueblo mismo y que por eso debe ser su principal destinatario,
la sociedad salvadoreña que ahora emerge fortalecida
del esfuerzo pacificador, es la gran protagonista indiscutible
de la etapa en la que estamos entrando y esa es una realidad
que contribuiraa sin ninguna duda, a darle mas viabilidad
y vitalidad a nuestra democracia.
Queremos una democracia sin otras fronteras que las de una
legalidad que sea en si misma profundamente democratica, estamos
comprometidos en la promocion integral de los derechos humanos
no solo políticos, sino sociales y económicos,
estamos en realidad planteándole al mundo un nuevo
esquema de convivencia integral en el salvador, un esquema
no solo técnico, sino de profundas proyecciones humanas
hacia la persona de carne y hueso que trabaja, que suena y
que sufre, no somos ilusos ni somos ingenuos, sabemos el desafío
histórico que tiene nuestra patria a partir de este
momento. Sabemos las dificultades de la reconstrucción
material y de la restauración moral de nuestro país,
pero nos alienta pensar que si juntos los salvadoreños
logramos un acuerdo de paz que para tantos parecía
imposible, casi nada nos debería estar vedado en el
futuro, en lo que a entendimiento se refiere.
Para llegar a este día hemos necesitado en
el proceso del apoyo y de la comprensión de los amigos,
los países que se constituyeron el "grupo de amigos"
del secretario general de las naciones unidas: México,
Colombia, España y Venezuela, y en particular sus presidentes,
sus cancilleres y sus representantes permanentes ante el máximo
foro mundial, merecen el reconocimiento y la gratitud de todos
los salvadoreños, por su dedicación, empeño
y solidaridad en la búsqueda de la paz en El Salvador.
El secretario general don Javier Pérez de Cuéllar,
que concluyo su periodo en el minuto en que se firmaba el
acuerdo que hizo posible arribar a este momento, así
como a sus representantes personales, doctor Alvaro de Soto
y señor Marrack Gouldin, tienen buena y significativa
parte en el éxito completo de la negociación,
el actual Secretario General Doctor Boutros Ghali se ha unido
con entusiasmo al propósito de llevar a su cumplimiento
pleno todos los acuerdos y estamos seguros de que su aporte
sera de gran valor en este sentido. El consejo de seguridad
así como los gobiernos de otros países amigos
están y siguen estando interesados en que en el proceso
no se detengan y antes bien llegue a su total y absoluto desenlace
en la fase del cumplimiento, para todos nuestro agradecimiento
por su inspiración y por su apoyo.
En lo que el interior del proceso mismo se refiere, no podríamos
dejar de manifestar unas palabras para el FMLN con quien el
gobierno ha suscrito el acuerdo de paz y en quien descansa
tan importante responsabilidad para que este trascendental
proyecto de paz se consolide y se desarrolle. Le decimos al
FMLN con respetuosa convicción que su aporte es necesario
para desarrollar en el salvador una democracia estable y consistente
y que estamos seguros de que la nueva etapa que iniciamos
todas las fuerzas políticas y sociales, podemos trabajar
en conjunto para el beneficio del país como el salvador
se lo merece.
El conflicto ha quedado atrás, queremos y debemos todos
ver hacia el futuro que es en el único sitio donde
podemos construir ese el salvador grande, prospero, libre
y justo que todos profamentalmente anhelamos, las lecciones
aprendidas tienen que asimilarse y fructificar para una vida
mejor, pero no vamos a llorar sobre las cenizas, el país
no nos da tiempo mas que para el trabajo, para la reconciliación
y para la paz.
Gracias a México por esta hospitalidad extraordinaria
que encarna el ayudar a la solidaridad de su ilustre presidente,
cuya amistad por el salvador tiene testimonios imborrables.
Gracias a los hermanos de Centroamérica por su presencia
solidaria en este acto que también a ellos les pertenece
y por su trabajo permanente en pro de la pacificación
regional.
Gracias a los amigos del mundo que en diversas representaciones
estan presentes aquí, y por supuesto sobre todas las
cosas, gracias a Dios que nos ha dado a los salvadoreños,
el don maravilloso de la paz, luego de que nos ganáramos
con nuestro esfuerzo por alcanzarla el beneficio de recibirla,
que dios nos bendiga a todos y que la paz sea con nosotros
ahora y siempre.
Muchas gracias.
16 de enero 1992
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