Jueves 15 de julio
Rafael Alvarez, pionero de la industrialización del café

El 5 de junio de 1889 llega a El Salvador Rafael Alvarez Lalinde, acompañado de su esposa Julia y cinco hijos, entre ellos el mayor, Carlos, de siete años. Doña Julia esperaba a su sexto hijo.

Mauricio Alvarez Geoffroy

Fue llamado por su hermano, el doctor Emilio Alvarez, quien ya se había establecido en este país desde 1872, donde gozaba de buena posición por ser un médico sobresaliente, fundador de la Escuela de Cirugía en el país.

El viaje de don Rafael, desde Manizales, Colombia, a tierras salvadoreñas dura un mes. El grupo familiar viaja a caballo y en carreta, cruzando los nevados Andes hasta llegar al río Magdalena, donde se embarca hasta el puerto de La Libertad.

Una vez en San Salvador, se alojó en la casa de su hermano Emilio, quien vivía frente a la Plaza Morazán, en el predio donde ahora se encuentra el edificio del banco Salvadoreño.

Sin conocimiento alguno sobre el negocio del café, don Rafael empezó a trabajar en las fincas que su hermano poseía en el volcán de San Salvador. Pero don Rafael era una persona muy hábil y pronto aprendió el oficio. Fue él quien, en 1893, montó el primer despulpador de café en el país, en la finca Santa Isabel.

Esto fue una innovación importante, pues al introducir el café lavado, logró que mejoraran los precios de exportación, contribuyendo así a la captación de divisas.

Después de la muerte de sus hermanos Jaime, Francisco y Emilio, don Rafael y su hermano Roberto se repartieron las propiedades de la Compañía Agrícola y de Alvarez Hermanos.

Don Roberto se quedó con las propiedades del área de San Salvador; don Rafael, con las de Santa Ana. Esto ocurrió en 1906 y debido a una mala época del café, todas las propiedades contrajeron grandes deudas, razón por la cual los hermanos se esmeraron más en trabajar las fincas.

Don Rafael era una persona creyente en las bondades del grano de oro y amante de su cultivo. En 1908 compró a su amigo don Gustavo Vides una finca llamada "El Potosí". Esta constaba de 4 mil 500 manzanas y pagó por ella 80 mil colones, suma cubierta parcialmente con otras propiedades. Para el resto debió asumir una deuda.

Lo primero que hizo fue construir una nueva calle de acceso por El Congo, ya que anteriormente se accedía a las fincas por San Juan Opico. Las tierras de El Potosí eran consideradas malas para la siembra de café, pero don Rafael, con mucha perseverancia, empezó a sembrar cafetos y utilizó el izote para detener la erosión, con miras a sembrar café en las laderas. Esto constituyó otra innovación introducida al país por don Rafael.

Pero éste no sólo se preocupó por la plantación, sino que también quiso que la gente que trabajaba junto a el, tuviera todo lo necesario para configurar una comunidad.

Para tal efecto fueron construidas más de 400 casas, dos escuelas, una iglesia y un pequeño hospital. Asimismo, se trazaron y habilitaron unos cien kilómetros de calles que daban acceso a las siembras de café, que alcanzaron una extensión de 1500 manzanas.

Su gran amor al campo fue legado a su hijo Carlos y a sus nietos Carlos y Ricardo, quienes vivieron en la finca para supervisar los trabajos. Pero nada se habría logrado sin la colaboración de las personas que trabajaban junto a ellos. Un periodista mejicano que visitó la finca en los años cuarentas escribió sobre ellos: "Los habrá más ricos, pero no más buenos".

Don Rafael no sólo planta café, sino que también lo procesa. En el beneficio El Molino, de Santa Ana, instaló el segundo despulpador en el país, en 1894; construyó un beneficio en El Potosí, e hizo grandes adelantos en la industrialización del aromático.

En 1928 decidió eliminar el beneficio de El Potosí y mejorar El Molino. Para ello contrató técnicos ingleses con el fin de construir un beneficio moderno, con las últimas tecnologías. Fue así como este beneficio estaba dotado de maquinaria y sistemas de transporte modernos para lavar y limpiar de cien a ciento veinte mil quintales de café en oro, anualmente, destinado a la exportación.

Poseía planta eléctrica propia; los edificios eran todos de estructura de hierro y cemento armado, distribuidos en forma ordenada en sus diferentes departamentos.

Un ramal del Ferrocarril de El Salvador llegaba hasta las bodegas del beneficio, lo cual facilitaba el despacho de los productos al puerto. La construcción del nuevo beneficio estuvo a cargo de su hijo Jorge. Este beneficio fue considerado por técnicos en la materia, como uno de los mejores en el mundo, debido a su perfecto engranaje y por los modernos sistemas con que estaba organizado. Fue durante muchos años el orgullo del país.

Al morir don Rafael, en 1949, Daniel S. Jiménez escribió: "Don Rafael era una enciclopedia, de todo sabía. Él era ingeniero, poeta, artista e industrial... Como ingeniero, trazando caminos, estuvimos con él en El Potosí, a donde en aquellos tiempos, se llegaba a lomo de mula o a pata. Con su paraguas en pleno sol, dirigía los trabajos y ahí están como una serpentina en el cerro de "Las Marías"... por el alma de este gran colombiano retozaban en su alma diáfana los sentimientos hacia la belleza en la poesía como la más alta expresión... con las mangas arrolladas, nos enseñaba la inclinación al arte porque sabía trabajar. También era escultor, y de sus manos salieron obras de mérito en la talla y la figura... no lo vamos a tratar como agricultor, porque no está en nosotros el mérito para calificarlo. Ya es de todos sabido su asombroso trabajo como caficultor... eso fue don Rafael, y es una gratitud nacional reconocer sus méritos como uno de los elementos extranjeros que unido a sus insignes hermanos supieron recompensar a su segunda patria".

También Jorge Ramírez escribió: "Don Rafael cursó la gran experiencia en las aulas universitarias del mundo, y de la vida, y en la conciencia de la universalidad, puede decirse que alcanza el grado equivalente al título de "Doctor Honoris Causa". Don Rafael fundó una familia numerosa, digna y respetable".

Dejó catorce hijos, el mayor de ellos, Carlos, le siguió con otros once herederos.

Su numerosa familia, que aún trabaja en el café, recuerda a este gran hombre que logró, con su trabajo y buen trato hacia los que trabajaron con él, hacer tanto por el desarrollo de la caficultura.


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