Viernes 8 de septiembre


El ministro de Economía analiza el mercado salvadoreño de los combustibles
Construyendo un mercado competitivo

Es preciso construir y consolidar un mercado realmente competitivo en El Salvador. El país necesita con urgencia de una Ley de Libre Competencia

Miguel Lacayo

La economía de El Salvador fue sometida a una fuerte intervención del Estado durante varias décadas. Como ejemplo de lo que ocurrió en muchos países, nuestro país está pasando por un intenso proceso de modernización y liberalización.

Tales movimientos generan, algunas veces, la falsa impresión de que cualquier regulación es necesariamente contraria al mercado, una especie de fisura en una construcción que se pretende sólida y basada en principios de la economía de mercados.

Sin embargo, las economías modernas se caracterizan por la coexistencia de mercados liberados y segmentos en los cuales la regulación es necesaria en virtud de las fallas de mercados. En este caso, la acción gubernamental se justifica precisamente para restablecer las condiciones de competencia.

El mercado de combustibles es particularmente ilustrativo a este respecto. De hecho, varios factores lo vuelven un mercado imperfecto que, en ausencia de una regulación adecuada, produce resultados negativos desde el punto de vista del consumidor, del bienestar social y de la propia economía de mercado.

En primer lugar, el riesgo al medio ambiente y los problemas de seguridad involucrados en el manejo de los combustibles requieren, desde luego, normas rigurosas que impidan accidentes trágicos.

En segundo lugar, se trata de un segmento caracterizado por fuertes barreras de entrada en que nuevas empresas encuentran dificultades en ofrecer alternativas para el consumidor. Esto, porque la oferta del producto final depende de infraestructura relativamente compleja y de alto costo, para el almacenamiento y distribución.

A diferencia de un mercado competitivo en que existen muchos ofertantes, se trata de un sector en el cual pocas firmas de gran tamaño dominan gran parte de la oferta del producto así como de la estructura de distribución.

Esta última se controla no sólo del punto de vista de la propiedad, de los activos físicos, sino también a través de contratos de largo plazo que subordinan los distribuidores y que no contienen la flexibilidad necesaria que permitiría el libre cambio de proveedor.

Efectivamente, la paricipación de las mayores empresas en la venta total de hidrocarburos líquidos en El Salvador llegó a 96% en 1999; el índice de concentración normalmente utilizado por la jurisprudencia internacional HHI (Herfindhal-Hirschmann Index) alcanzó un nivel de 3241 en 1999; 80% superior al que las organizaciones norteamericanas consideran como un mercado altamente concentrado (1800).

Este nivel de concentración sería sumamente preocupante para las autoridades de competencia de cualquier país.

De lado de la demanda, a su vez, se trata de un bien esencial que no encuentra sustituto, por lo menos en el corto plazo. Tampoco puede el consumidor identificar con facilidad las características físicas reales del producto o beneficiarse de alternativas más baratas.

Además de eso, hay buenas razones para suponer que la probabilidad de formación de cartel sea elevada.

No basta el control vertical de la industria por parte de pocas empresas, la relativa homogeneidad del producto, unida a la facilidad de conocer los precios finales, permiten que la coordinación de precios sea relativamente fácil por parte de los miembros de un eventual cartel. La concertación de precios en este sector puede ocurrir de forma contínua, transfiriendo grandes montos de renta extraordinaria de la sociedad hacia algunas pocas empresas.

Hay, por fin, que tener en consideración las condiciones institucionales de la economía salvadoreña. Si hubiese una Ley de Libre Competencia, ya debidamente conocida y bien implementada, el recelo de un castigo por formación de carteles sería significativo, disminuyendo la necesidad de mayor atención por parte del Estado.

El país no cuenta con una Ley de esta naturaleza. Este proyecto se encuentra en fase final de elaboración y debe ser enviado en breve a la Asamblea Legislativa para aprobación.

No obstante, aun después de aprobada una Ley de Libre Competencia, la experiencia de otros países demuestra que se requiere un tiempo para la consolidación de la cultura de la competencia.

Así, la regulación de un mercado imperfecto como el de los combustibles se vuelve particularmente importante en la actualidad.

No se trata, de ninguna manera de un regreso al intervencionismo del pasado; por el contrario, se trata de abordar de forma mínima y temporal, las fallas de este mercado específico, con el objetivo de lograr los resultados esperados de un proceso competitivo.

En vez de representar una fisura en la construcción de una economía basada en la iniciativa privada, la regulación de los combustibles constituye pilar esencial de protección al desarrollo del propio mercado y de protección del consumidor.

Lo importante, es que se construya y consolide un mercado realmente competitivo. Obviamente, es importante comprender que es más fácil construir consenso sobre un problema, que construir consenso sobre una solución.


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