El
ministro de Economía analiza el mercado
salvadoreño de los combustibles
Construyendo un
mercado competitivo
Es preciso construir y consolidar un
mercado realmente competitivo en El Salvador. El
país necesita con urgencia de una Ley de
Libre Competencia
Miguel
Lacayo
La
economía de El Salvador fue sometida a
una fuerte intervención del Estado
durante varias décadas. Como ejemplo de
lo que ocurrió en muchos países,
nuestro país está pasando por un
intenso proceso de modernización y
liberalización.
Tales movimientos generan, algunas veces, la
falsa impresión de que cualquier
regulación es necesariamente contraria al
mercado, una especie de fisura en una
construcción que se pretende
sólida y basada en principios de la
economía de mercados.
Sin embargo, las economías modernas se
caracterizan por la coexistencia de mercados
liberados y segmentos en los cuales la
regulación es necesaria en virtud de las
fallas de mercados. En este caso, la
acción gubernamental se justifica
precisamente para restablecer las condiciones de
competencia.
El mercado de combustibles es particularmente
ilustrativo a este respecto. De hecho, varios
factores lo vuelven un mercado imperfecto que,
en ausencia de una regulación adecuada,
produce resultados negativos desde el punto de
vista del consumidor, del bienestar social y de
la propia economía de mercado.
En primer lugar, el riesgo al medio ambiente
y los problemas de seguridad involucrados en el
manejo de los combustibles requieren, desde
luego, normas rigurosas que impidan accidentes
trágicos.
En segundo lugar, se trata de un segmento
caracterizado por fuertes barreras de entrada en
que nuevas empresas encuentran dificultades en
ofrecer alternativas para el consumidor. Esto,
porque la oferta del producto final depende de
infraestructura relativamente compleja y de alto
costo, para el almacenamiento y
distribución.
A diferencia de un mercado competitivo en que
existen muchos ofertantes, se trata de un sector
en el cual pocas firmas de gran tamaño
dominan gran parte de la oferta del producto
así como de la estructura de
distribución.
Esta última se controla no sólo
del punto de vista de la propiedad, de los
activos físicos, sino también a
través de contratos de largo plazo que
subordinan los distribuidores y que no contienen
la flexibilidad necesaria que permitiría
el libre cambio de proveedor.
Efectivamente, la paricipación de las
mayores empresas en la venta total de
hidrocarburos líquidos en El Salvador
llegó a 96% en 1999; el índice de
concentración normalmente utilizado por
la jurisprudencia internacional HHI
(Herfindhal-Hirschmann Index) alcanzó un
nivel de 3241 en 1999; 80% superior al que las
organizaciones norteamericanas consideran como
un mercado altamente concentrado (1800).
Este nivel de concentración
sería sumamente preocupante para las
autoridades de competencia de cualquier
país.
De lado de la demanda, a su vez, se trata de
un bien esencial que no encuentra sustituto, por
lo menos en el corto plazo. Tampoco puede el
consumidor identificar con facilidad las
características físicas reales del
producto o beneficiarse de alternativas
más baratas.
Además de eso, hay buenas razones para
suponer que la probabilidad de formación
de cartel sea elevada.
No basta el control vertical de la industria
por parte de pocas empresas, la relativa
homogeneidad del producto, unida a la facilidad
de conocer los precios finales, permiten que la
coordinación de precios sea relativamente
fácil por parte de los miembros de un
eventual cartel. La concertación de
precios en este sector puede ocurrir de forma
contínua, transfiriendo grandes montos de
renta extraordinaria de la sociedad hacia
algunas pocas empresas.
Hay, por fin, que tener en
consideración las condiciones
institucionales de la economía
salvadoreña. Si hubiese una Ley de Libre
Competencia, ya debidamente conocida y bien
implementada, el recelo de un castigo por
formación de carteles sería
significativo, disminuyendo la necesidad de
mayor atención por parte del Estado.
El país no cuenta con una Ley de esta
naturaleza. Este proyecto se encuentra en fase
final de elaboración y debe ser enviado
en breve a la Asamblea Legislativa para
aprobación.
No obstante, aun después de aprobada
una Ley de Libre Competencia, la experiencia de
otros países demuestra que se requiere un
tiempo para la consolidación de la
cultura de la competencia.
Así, la regulación de un
mercado imperfecto como el de los combustibles
se vuelve particularmente importante en la
actualidad.
No se trata, de ninguna manera de un regreso
al intervencionismo del pasado; por el
contrario, se trata de abordar de forma
mínima y temporal, las fallas de este
mercado específico, con el objetivo de
lograr los resultados esperados de un proceso
competitivo.
En vez de representar una fisura en la
construcción de una economía
basada en la iniciativa privada, la
regulación de los combustibles constituye
pilar esencial de protección al
desarrollo del propio mercado y de
protección del consumidor.
Lo importante, es que se construya y
consolide un mercado realmente competitivo.
Obviamente, es importante comprender que es
más fácil construir consenso sobre
un problema, que construir consenso sobre una
solución.