Tema
del momento
En torno a la Cumbre
del Milenio
Carmen
Gallado de Hernandez
En diciembre de 1998, la Asamblea General
acuerda, mediante la resolución 53/202,
convocar la Cumbre del Milenio. En marzo pasado,
la Asamblea General resuelve congregar, del 6 al
8 de septiembre de este año, a los jefes
de Estado y de gobierno bajo el tema "El papel
de Naciones Unidas en el Siglo XXI".
El Secretario General ha trabajado a
conciencia desde que asumió su cargo -en
1997- en la preparación de este
trascendental encuentro mundial, -quizá
el de mayor envergadura en la historia de
Naciones Unidas-. La Cumbre se convierte en
momento propicio de valoración y de
propuesta de reformas para la
Organización.
La aspiración del propio Secretario
General consiste en que la ONU actúe, en
cierta forma, como regulador de la
globalización. En el panorama mundial, la
riqueza se distribuye en forma cada vez
más desigual y la nueva economía
carece de reglas sociales. Por tanto, Kofi Anan
ha insistido en considerar la Cumbre del Milenio
como una reunión de trabajo al más
alto nivel político, y no una mera
celebración diplomática. Los
líderes políticos tienen ante
sí la tribuna mundial por excelencia,
para renovar su compromiso con la
preservación de la paz y la
reducción de la pobreza y apoyar,
asimismo, el nuevo rumbo y eficiencia que la
Organización requiere al inicio de este
nuevo siglo. Los peligros que acechan a nuestras
sociedades -terrorismo, contaminación,
destrucción de la capa de ozono,
propagación de las enfermedades, en
particular el SIDA, las migraciones masivas,
entre otros- imponen a los Estados tomar
decisiones concretas para dotar de mayor
eficiencia y representatividad a la
Organización. Este punto atañe lo
señalado por diversos países, a
saber la reforma del Consejo de Seguridad.
Asimismo, es necesario dotar de mayor capacidad
de intervención a las fuerzas de paz. Un
código penal internacional aplicable
donde las leyes locales dejan de ser
válidas, debe, a juicio de algunos,
enmarcar las acciones de los cascos azules.
Los efectos de las crisis financieras, las
protestas de la sociedad civil organizada
exigiendo mayor atención a los asuntos
económicos, culturales o medioambientales
versus la mundialización así como
los actos de lesa majestad contra la humanidad,
se han insertado en la agenda global.
Ello requiere acciones conjuntas por parte de
los Estados y de los nuevos actores, tales como
la sociedad civil y las empresas.
La diplomacia cobra nuevo vigor en este
comienzo de siglo en la medida en que sus
acciones preventivas, de diálogo y
asesoramiento pueden contribuir a mitigar los
efectos de la violencia y de la intolerancia. En
cuanto a nuestro planeta, el compromiso apunta
hacia una acción protectora global en
favor de las nuevas generaciones.
Es interesante hacer hincapié -tal
como lo señala Kofi Anan- en el hecho de
que todos estos problemas amenazantes para la
humanidad sólo encuentran
solución, integrando esfuerzos.
La prevención de desastres -tema de
gran importancia en la agenda del tercer mundo
en este comienzo de siglo- requiere, a su vez,
acciones conjuntas con las corporaciones
privadas. Y en esta perspectiva no es de
extrañar ver a la compañía
sueca Ericsson y las Naciones Unidas integrando
esfuerzos en materia de comunicación.
El espíritu de la convocatoria lanzada
por el secretario general, Kofi Anan,
señala estos temas. Formula, asimismo,
votos para que la declaración de la
Cumbre no se limite a ser una declaración
de principios sino se traduzca más bien
en un plan de acción compartido cuyas
metas precisas se convertirán en el
compromiso de los dirigentes para los
próximos 15 ó 20 años, ante
la humanidad.
Y en este sentido, los encuentros bilaterales
cobran importancia fundamental para la
búsqueda de soluciones a los problemas.
Entre estos posibles contactos bilaterales
citemos, a título de ejemplo, la
búsqueda de apoyo financiero por parte
del gobierno del presidente Pastrana para el
Plan Colombia. Por su parte, el proceso de paz
en el Medio Oriente fundamenta la
búsqueda de nuevos espacios de
diálogo entre Israel y Palestina. La en
el marco de la Cumbre del Milenio. Es este un
nuevo espacio diplomático y oportunidad
de compromiso, afirma el primer ministro Barak:
"Estamos frente al Rubicon pero no podemos
cruzarlo solos".
La Federación Rusa, por su parte, ha
aprovechado la tribuna de la Cumbre del Milenio
para reafirmar su compromiso con los principios
fundacionales de la ONU y abogar por un desarme
real, mediante acuerdos relativos a la
proliferación y producción de
armamentos nucleares. Con la habilidad
política que parece caracterizalo, Putin
ofrece a la comunidad internacional congregarse
en Moscú en una conferencia sobre
militarización espacial.
Los EE.UU. e Irán pudieran aprovechar
los espacios que la diplomacia ofrece entre
bastidores, para explorar la reanudación
del diálogo político.
La presencia de Fidel Castro es motivo una
vez más de protestas fuera de la sede y
su llamado para democratizar la
organización quizá se revierta a
su vez, en un recordatorio de ciertos
países que aún esperan ver el
inicio del proceso democrático en la
Isla.
Francia reitera, en palabras del presidente
Chirac, el compromiso de la Unión Europea
de seguir apoyando a través de su
presupuesto, los programas fundamentales de la
ONU, en el entendido de que el nuevo siglo
demanda reinventar una nueva actuación
política por parte de los dirigentes, los
cuales han de combinar la inteligencia y el
corazón.
Más allá del plenario y de las
mesas de encuentro, la Cumbre del Milenio le
ofrece a países de dimensiones
pequeñas como el nuestro, aquellos
espacios de la diplomacia bilateral que conviene
aprovechar al máximo.
Es de esperar que algunos intereses
nacionales de El Salvador se beneficien de los
contactos bilaterales que nuestra
delegación, encabezada por el Presidente
de la República, haya decidido
gestionar.