Viernes 8 de septiembre


Palabras

El patio de la rosa imaginaria

Carlos Balaguer

Atrás de la casucha del abuelo Alfonso -que aún sobrevive a los inviernos de la cumbre- está el patio claro e imaginario donde creció mi madre, gozosa y feliz entre los bosques de bálsamo, que perfumaban el aire y la leyenda.

Aún está el patio de la orquídea y la antigua casa. Lo demás no está. Fue sólo un sueño. El drama perdido de una ilusión o de la fugacidad del mundo. Nadie cree en los enamorados fantasmas que regresan en las noches de luna. Sólo yo sé del patio de la rosa imaginaria al otro lado del aire. En aquel lejano lugar enclavado en una cumbre, donde a veces vuelven los lobos azules de la leyenda a beberse el agua fresca de los escondidos manantiales. Donde a veces vuelve mi corazón, como un rojo lobo de mi nostalgia, a buscar el perfume de una perdida primavera.

Allá vuelvo a encontrar cuando niña a mi madre, con su gato blanco, enroscado como una nubecilla blanca y con bigotes entre sus brazos. El gato murió en un incendio y la niña de pelito corto y un mirar de estrellas, se fue por un senderito a buscar el día lejano del amor. Es el patio de la rosa imaginaria que a veces encuentro cuando cierro los ojos o al abrir la puerta del frío muro del adiós...


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