Palabras
El patio de la rosa
imaginaria
Carlos
Balaguer
Atrás de la casucha del abuelo Alfonso
-que aún sobrevive a los inviernos de la
cumbre- está el patio claro e imaginario
donde creció mi madre, gozosa y feliz
entre los bosques de bálsamo, que
perfumaban el aire y la leyenda.
Aún está el patio de la
orquídea y la antigua casa. Lo
demás no está. Fue sólo un
sueño. El drama perdido de una
ilusión o de la fugacidad del mundo.
Nadie cree en los enamorados fantasmas que
regresan en las noches de luna. Sólo yo
sé del patio de la rosa imaginaria al
otro lado del aire. En aquel lejano lugar
enclavado en una cumbre, donde a veces vuelven
los lobos azules de la leyenda a beberse el agua
fresca de los escondidos manantiales. Donde a
veces vuelve mi corazón, como un rojo
lobo de mi nostalgia, a buscar el perfume de una
perdida primavera.
Allá vuelvo a encontrar cuando
niña a mi madre, con su gato blanco,
enroscado como una nubecilla blanca y con
bigotes entre sus brazos. El gato murió
en un incendio y la niña de pelito corto
y un mirar de estrellas, se fue por un senderito
a buscar el día lejano del amor. Es el
patio de la rosa imaginaria que a veces
encuentro cuando cierro los ojos o al abrir la
puerta del frío muro del
adiós...