Viernes 8 de septiembre


La Nota del Día
 

06 de Septiembre de 2000
Nos sobrancompetidores

"En la maquila donde trabajo, los salarios son bajísimos a pesar que el trabajo es muy delicado y dedicado. Si se va la luz, el trabajo para y nos hacen trabajar horas extra. ¿Hay alguna ley que sancione los abusos que cometen estos empleadores con sus empleados?"

Pregunta en el programa "Frente a Frente".

Las leyes salvadoreñas contemplan sanciones a abusos y maltratos que un empleador cometa con sus subalternos, pero tiene que demostrarse que tal cosa se dio y proceder a partir de ello. Los salarios se establecen de acuerdo con las condiciones del mercado, debiendo ser iguales o superiores al sueldo mínimo base obligatorio.

¿Qué es "el mercado"? Para la persona que nos hizo la pregunta en el programa del miércoles, los bajos salarios que obtiene son inexplicables, o al menos "injustos" y se deberían elevar en alguna manera. Lo ideal, desde luego, es que todos gocen de ingresos amplios, dignos y que satisfagan las necesidades mínimas de una familia.

Pero vivimos en un mundo muy duro, tremendamente competitivo, donde sobran maquileras ofreciendo sus confecciones, y hay individuos, por centenares de millones, que anhelan la oportunidad de trabajar en ellas. Países tan lejanos como Indonesia, Filipinas, China roja, la India, Tailandia, Pakistán y muchísimos otros, se pelean entre sí para conseguir contratos con los grandes compradores de manufacturas, sean éstas prendas de vestir o componentes electrónicos. Y así como enfrentamos una implacable competencia extranjera, nuestros vecinos -hondureños, nicaragüenses, costarricenses, guatemaltecos, panameños y dominicanos- se esfuerzan para que sus productos también tengan entrada en los mercados de Estados Unidos y otras naciones del primer mundo.

No ser competitivos equivale a cero salarios

Los precios de compra de las manufacturas se determinan con base en una serie de factores, que van desde las materias utilizadas, hasta el valor de los financiamientos, el costo y amortización de las instalaciones y equipos, los transportes, los seguros, etcétera. Y los salarios son una parte, la más importante, en determinar el precio final de una camisa o un pantalón.

Por su parte, el salario es algo más que los dineros que el empleado recibe al final de la quincena o el mes. A esta suma hay que agregar el valor de las prestaciones, los seguros diversos, los retiros y vacaciones, la capacitación, las fallas que comete el trabajador, y así en adelante. Lo probable es que el salario real sea tres o más veces el monto de lo que la persona devenga directamente.

Es evidente, o debería serlo, que una maquila o un país que fije salarios al capricho, simplemente queda fuera del juego, no vendería nada. Y si no se vende nada, se pasa de salarios bajos a ningún salario o a cero ingresos para la gente. Eso sucedió en los años de la gran demencia, cuando las fábricas y maquileras de la zona franca fueron forzadas a cerrar por actos y agresiones sindicales. Las reivindicaciones y reclamos por la justicia social, dejaron a decenas de miles de salvadoreños en la calle.

La buena noticia es que un número de países que gozan hoy en día de altos niveles de ingreso, comenzaron como ofertantes de mano de obra muy barata y horarios de quince horas diarias. Esos terribles sacrificios fundamentan su altísimo bienestar actual.


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