La
Nota del Día
06 de Septiembre de
2000
Nos
sobrancompetidores
"En la maquila donde trabajo, los salarios
son bajísimos a pesar que el trabajo es
muy delicado y dedicado. Si se va la luz, el
trabajo para y nos hacen trabajar horas extra.
¿Hay alguna ley que sancione los abusos que
cometen estos empleadores con sus
empleados?"
Pregunta en el programa "Frente a
Frente".
Las leyes salvadoreñas contemplan
sanciones a abusos y maltratos que un empleador
cometa con sus subalternos, pero tiene que
demostrarse que tal cosa se dio y proceder a
partir de ello. Los salarios se establecen de
acuerdo con las condiciones del mercado,
debiendo ser iguales o superiores al sueldo
mínimo base obligatorio.
¿Qué es "el mercado"? Para la
persona que nos hizo la pregunta en el programa
del miércoles, los bajos salarios que
obtiene son inexplicables, o al menos "injustos"
y se deberían elevar en alguna manera. Lo
ideal, desde luego, es que todos gocen de
ingresos amplios, dignos y que satisfagan las
necesidades mínimas de una familia.
Pero vivimos en un mundo muy duro,
tremendamente competitivo, donde sobran
maquileras ofreciendo sus confecciones, y hay
individuos, por centenares de millones, que
anhelan la oportunidad de trabajar en ellas.
Países tan lejanos como Indonesia,
Filipinas, China roja, la India, Tailandia,
Pakistán y muchísimos otros, se
pelean entre sí para conseguir contratos
con los grandes compradores de manufacturas,
sean éstas prendas de vestir o
componentes electrónicos. Y así
como enfrentamos una implacable competencia
extranjera, nuestros vecinos -hondureños,
nicaragüenses, costarricenses,
guatemaltecos, panameños y dominicanos-
se esfuerzan para que sus productos
también tengan entrada en los mercados de
Estados Unidos y otras naciones del primer
mundo.
No ser competitivos equivale
a cero salarios
Los precios de compra de las manufacturas se
determinan con base en una serie de factores,
que van desde las materias utilizadas, hasta el
valor de los financiamientos, el costo y
amortización de las instalaciones y
equipos, los transportes, los seguros,
etcétera. Y los salarios son una parte,
la más importante, en determinar el
precio final de una camisa o un
pantalón.
Por su parte, el salario es algo más
que los dineros que el empleado recibe al final
de la quincena o el mes. A esta suma hay que
agregar el valor de las prestaciones, los
seguros diversos, los retiros y vacaciones, la
capacitación, las fallas que comete el
trabajador, y así en adelante. Lo
probable es que el salario real sea tres o
más veces el monto de lo que la persona
devenga directamente.
Es evidente, o debería serlo, que una
maquila o un país que fije salarios al
capricho, simplemente queda fuera del juego, no
vendería nada. Y si no se vende nada, se
pasa de salarios bajos a ningún salario o
a cero ingresos para la gente. Eso
sucedió en los años de la gran
demencia, cuando las fábricas y
maquileras de la zona franca fueron forzadas a
cerrar por actos y agresiones sindicales. Las
reivindicaciones y reclamos por la justicia
social, dejaron a decenas de miles de
salvadoreños en la calle.
La buena noticia es que un número de
países que gozan hoy en día de
altos niveles de ingreso, comenzaron como
ofertantes de mano de obra muy barata y horarios
de quince horas diarias. Esos terribles
sacrificios fundamentan su altísimo
bienestar actual.