Palabras
La dulce escuela del
dolor
Carlos
Balaguer
El dolor forja al hombre, es el axioma. Y
pareciera que el divino Escultor forja a golpes
su más querida obra: El hombre. Porque es
la vida la dulce escuela del dolor. "El que
detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el
que lo ama, madruga a castigarlo", dice el libro
de los Proverbios. Así, el verdadero
hombre de la escultura de la Creación,
tendría que ser forjado por el divino
golpe del mazo creador.
Cierta vez nació un niño
insensible al dolor. Los médicos trataron
de curarlo, afanados en hacerle sentir el dolor
de cualquier manera. Según ellos, esa
insensibilidad, innata en aquella criatura, era
un riesgo mortal. Al no sentir dolor, no
podía detectar ningún
síntoma de enfermedad en su cuerpo,
porque el dolor es una alarma natural del
organismo humano, creada para enviar
señales de alerta. Al "escuchar" el dolor
vamos al médico para ser sanados.
Ese dolor de la vida, en lo espiritual,
también está hecho para sacarnos.
Así, precoces escolares de dolor, vamos
aprendiendo la sublime lección de la
felicidad. Un rato con lágrimas, otro
trecho con alegría. Es la dulce escuela
del dolor. Donde volvemos como cuando
éramos niños a escribir nuestros
sueños rotos en la verde pizarra del
salón de clases...
Día a Día
Entre las muchas y pomposas ocurrencias que
son parte de la nueva legalidad, está la
de no presentar ante los medios informativos a
los capturados por delitos, o permitir que estos
se cubran el rostro cuando se les lleva a los
tribunales. Asesinos, violadores, asaltantes,
cuatreros, secuestradores y toda clase de
pájaros de cuenta, se cubren con sus
manos, camisas, periódicos, gorros,
pañuelos, toallas y lo que tienen a su
alcance, para que no se les reconozca. Esto es
para garantizar su derecho a "la
presunción de inocencia", a la "imagen",
a conservar la estima de otros", y
etcéteras diversos.
Con tales artificios legales es que, al menos
en teoría, el orden jurídico
salvadoreño se coloca a la par de lo que
está vigente en el primer mundo. ¡La
reforma a los códigos Penal y Procesal
Penal, supuestamente, nos saca de la barbarie y
nos ubica entre las naciones desarrolladas!
Pero las realidades en las naciones
desarrolladas son otras. Allí no
sólo se publican fotografías de
los malhechores, sino que en lugares
públicos, sobre todo las oficinas de
correos y dependencias de gobierno, se tapizan
paredes con la efigie de cuanto malandrín
anda suelto. Para un número de ellos, hay
un precio por su cabeza.