Jueves 7 de septiembre


Palabras
La dulce escuela del dolor
Carlos Balaguer

El dolor forja al hombre, es el axioma. Y pareciera que el divino Escultor forja a golpes su más querida obra: El hombre. Porque es la vida la dulce escuela del dolor. "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, madruga a castigarlo", dice el libro de los Proverbios. Así, el verdadero hombre de la escultura de la Creación, tendría que ser forjado por el divino golpe del mazo creador.

Cierta vez nació un niño insensible al dolor. Los médicos trataron de curarlo, afanados en hacerle sentir el dolor de cualquier manera. Según ellos, esa insensibilidad, innata en aquella criatura, era un riesgo mortal. Al no sentir dolor, no podía detectar ningún síntoma de enfermedad en su cuerpo, porque el dolor es una alarma natural del organismo humano, creada para enviar señales de alerta. Al "escuchar" el dolor vamos al médico para ser sanados.

Ese dolor de la vida, en lo espiritual, también está hecho para sacarnos. Así, precoces escolares de dolor, vamos aprendiendo la sublime lección de la felicidad. Un rato con lágrimas, otro trecho con alegría. Es la dulce escuela del dolor. Donde volvemos como cuando éramos niños a escribir nuestros sueños rotos en la verde pizarra del salón de clases...


Día a Día

Entre las muchas y pomposas ocurrencias que son parte de la nueva legalidad, está la de no presentar ante los medios informativos a los capturados por delitos, o permitir que estos se cubran el rostro cuando se les lleva a los tribunales. Asesinos, violadores, asaltantes, cuatreros, secuestradores y toda clase de pájaros de cuenta, se cubren con sus manos, camisas, periódicos, gorros, pañuelos, toallas y lo que tienen a su alcance, para que no se les reconozca. Esto es para garantizar su derecho a "la presunción de inocencia", a la "imagen", a conservar la estima de otros", y etcéteras diversos.

Con tales artificios legales es que, al menos en teoría, el orden jurídico salvadoreño se coloca a la par de lo que está vigente en el primer mundo. ¡La reforma a los códigos Penal y Procesal Penal, supuestamente, nos saca de la barbarie y nos ubica entre las naciones desarrolladas!

Pero las realidades en las naciones desarrolladas son otras. Allí no sólo se publican fotografías de los malhechores, sino que en lugares públicos, sobre todo las oficinas de correos y dependencias de gobierno, se tapizan paredes con la efigie de cuanto malandrín anda suelto. Para un número de ellos, hay un precio por su cabeza.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2000. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com