Jueves 7 de septiembre


Tema para meditar
Los argumentos de Batman
Marvin Galeas
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: Marvin@telemovil.com

Batman levantó al pillo por las solapas y lo miró fríamente a los ojos. El banco de Ciudad Gótica había sido asaltado. Un vigilante resultó muerto y los daños eran cuantiosos. Uno de los asaltantes no logró abordar el auto que ahora huía a gran velocidad. Fue atrapado en un callejón sin salida y ahora pendía de los poderosos puños de Batman.

"Sé que a lo mejor vienes de un hogar disfuncional. Que quizá tu padre fue un alcohólico que te abandonó. Que tu vida transcurrió en un barrio pobre, entre la violencia y la promiscuidad. Sin embargo, nada justifica el crimen que acabas de cometer…", dijo el campeón de la justicia, y entonces ¡POW! sonó el puñetazo que envió al forajido al país de los sueños. Batman tenía razón. A lo mejor el pasado del vapuleado sujeto explica su conducta antisocial, pero no la justifica. El castigo tenía que ser proporcional con el delito cometido. El puñetazo en el rostro fue sólo el principio…

Siempre ha existido una tendencia a culpar a las circunstancias, "a las injustas estructuras" e incluso a otras personas para justificar conductas de delincuentes, vagos, malvivientes y fracasados. Hay individuos y grupos que han dedicado lo mejor de sus vidas a buscarle tres pies al gato para hacerle placentera la vida a los granujas. El recurso favorito es el de hurgar en el pasado del antisocial, tratar de conmovernos con una lacrimosa historia de abusos y privaciones y hacernos olvidar a las víctimas. Hay que reconocer que a pesar de lo manido y trillado del recurso, funciona. Allí tenemos la Ley del Menor Infractor y otras bellezas que aparecen en el Código Procesal Penal.

A primera vista, los que nacen en hogares estables (en lo económico y emocional), tienen más posibilidades de triunfar en la vida que los que no tuvieron esas condiciones. Sin embargo, a cada momento conocemos de casos, muchos casos, que nos cuentan un mundo al revés. Jóvenes que tuvieron todo tipo de comodidades, que gozaron del inmenso amor de sus padres, terminan siendo unos buenos para nada, dilapidan el patrimonio familiar y acaban como esclavos de las drogas y el alcohol. Algunos se convierten en delincuentes peligrosos. O bien, jóvenes cuyos padres fueron la vergüenza del barrio o la colonia, son personas de bien con hogares sólidos y dedicados a actividades respetables y exitosas.

Personalmente he llegado a la conclusión que cada individuo puede forjarse y moldearse a sí mismo, más allá de las circunstancias en las que le tocó nacer y vivir en sus primeros años. Nadie está condenado a repetir los mismo errores y las circunstancias de sus progenitores. Tampoco nadie tiene la garantía de heredar el éxito y los aciertos. Es lógico que hay algunos que nacen con grandes ventajas. Pero no es menos cierto que las pueden desaprovechar y que hay otros que superan las desventajas y se encumbran por encima de privaciones y vicisitudes, a base de talento y esfuerzo, hasta lugares insospechados.

La mala suerte no existe. Todo lo que ocurre tiene una innegable relación de causa y efecto. Si siembro rosas, si lo hago como se debe, si abono la tierra, tendré rosas y no aguacates. Si siembro aguacates, tendré aguacates y si no siembro nada, no tendré nada.

Claro que hay cosas que no controlamos, como desgracias naturales, que inciden en nuestras vidas. Pero sobre la mayoría de factores que explican lo que somos, nosotros tenemos el control. Ni padres irresponsables ni malos gobiernos ni la pobreza pueden justificar nuestros errores y estupideces. Esos factores no son la causa. Lo que causa el efecto de lo que nos ocurre es lo que hicimos o dejamos de hacer nosotros mismos.

Hay un grupo de seres humanos que nació con enfermedades y defectos congénitos, con el que la sociedad debe mostrar toda su solidaridad. Los gobiernos tienen la responsabilidad de protegerlo y ayudarlo. Pero esa mayoría de los que física y mentalmente somo aptos para el trabajo, somos los responsables de nuestro propio bienestar o malestar.

En nuestros hijos, más que cultivar buenos modales y personalidad agradable (hay que hacerlo), debemos cultivar un carácter de hierro con base en principios y normas de conducta. No hay herencias, no hay tesoros escondidos, no hay almuerzos gratis. Todo se logra con base en el trabajo, principios y carácter.

De manera que bien hecho, Batman… Dale otro puñetazo al desgraciado.


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