Tema
para meditar
Los argumentos de
Batman
Marvin
Galeas
E-mail: Marvin@telemovil.com
Batman
levantó al pillo por las solapas y lo
miró fríamente a los ojos. El
banco de Ciudad Gótica había sido
asaltado. Un vigilante resultó muerto y
los daños eran cuantiosos. Uno de los
asaltantes no logró abordar el auto que
ahora huía a gran velocidad. Fue atrapado
en un callejón sin salida y ahora
pendía de los poderosos puños de
Batman.
"Sé que a lo mejor vienes de un hogar
disfuncional. Que quizá tu padre fue un
alcohólico que te abandonó. Que tu
vida transcurrió en un barrio pobre,
entre la violencia y la promiscuidad. Sin
embargo, nada justifica el crimen que acabas de
cometer
", dijo el campeón de la
justicia, y entonces ¡POW! sonó el
puñetazo que envió al forajido al
país de los sueños. Batman
tenía razón. A lo mejor el pasado
del vapuleado sujeto explica su conducta
antisocial, pero no la justifica. El castigo
tenía que ser proporcional con el delito
cometido. El puñetazo en el rostro fue
sólo el principio
Siempre ha existido una tendencia a culpar a
las circunstancias, "a las injustas estructuras"
e incluso a otras personas para justificar
conductas de delincuentes, vagos, malvivientes y
fracasados. Hay individuos y grupos que han
dedicado lo mejor de sus vidas a buscarle tres
pies al gato para hacerle placentera la vida a
los granujas. El recurso favorito es el de
hurgar en el pasado del antisocial, tratar de
conmovernos con una lacrimosa historia de abusos
y privaciones y hacernos olvidar a las
víctimas. Hay que reconocer que a pesar
de lo manido y trillado del recurso, funciona.
Allí tenemos la Ley del Menor Infractor y
otras bellezas que aparecen en el Código
Procesal Penal.
A primera vista, los que nacen en hogares
estables (en lo económico y emocional),
tienen más posibilidades de triunfar en
la vida que los que no tuvieron esas
condiciones. Sin embargo, a cada momento
conocemos de casos, muchos casos, que nos
cuentan un mundo al revés. Jóvenes
que tuvieron todo tipo de comodidades, que
gozaron del inmenso amor de sus padres, terminan
siendo unos buenos para nada, dilapidan el
patrimonio familiar y acaban como esclavos de
las drogas y el alcohol. Algunos se convierten
en delincuentes peligrosos. O bien,
jóvenes cuyos padres fueron la
vergüenza del barrio o la colonia, son
personas de bien con hogares sólidos y
dedicados a actividades respetables y
exitosas.
Personalmente he llegado a la
conclusión que cada individuo puede
forjarse y moldearse a sí mismo,
más allá de las circunstancias en
las que le tocó nacer y vivir en sus
primeros años. Nadie está
condenado a repetir los mismo errores y las
circunstancias de sus progenitores. Tampoco
nadie tiene la garantía de heredar el
éxito y los aciertos. Es lógico
que hay algunos que nacen con grandes ventajas.
Pero no es menos cierto que las pueden
desaprovechar y que hay otros que superan las
desventajas y se encumbran por encima de
privaciones y vicisitudes, a base de talento y
esfuerzo, hasta lugares insospechados.
La mala suerte no existe. Todo lo que ocurre
tiene una innegable relación de causa y
efecto. Si siembro rosas, si lo hago como se
debe, si abono la tierra, tendré rosas y
no aguacates. Si siembro aguacates,
tendré aguacates y si no siembro nada, no
tendré nada.
Claro que hay cosas que no controlamos, como
desgracias naturales, que inciden en nuestras
vidas. Pero sobre la mayoría de factores
que explican lo que somos, nosotros tenemos el
control. Ni padres irresponsables ni malos
gobiernos ni la pobreza pueden justificar
nuestros errores y estupideces. Esos factores no
son la causa. Lo que causa el efecto de lo que
nos ocurre es lo que hicimos o dejamos de hacer
nosotros mismos.
Hay un grupo de seres humanos que
nació con enfermedades y defectos
congénitos, con el que la sociedad debe
mostrar toda su solidaridad. Los gobiernos
tienen la responsabilidad de protegerlo y
ayudarlo. Pero esa mayoría de los que
física y mentalmente somo aptos para el
trabajo, somos los responsables de nuestro
propio bienestar o malestar.
En nuestros hijos, más que cultivar
buenos modales y personalidad agradable (hay que
hacerlo), debemos cultivar un carácter de
hierro con base en principios y normas de
conducta. No hay herencias, no hay tesoros
escondidos, no hay almuerzos gratis. Todo se
logra con base en el trabajo, principios y
carácter.
De manera que bien hecho, Batman
Dale
otro puñetazo al desgraciado.