Martes 5 de septiembre


Tomando la palabra
Es cuestión de actitud y liderazgo
Ricardo Rivas

Dicen los economistas que para que el país supere el problema de la pobreza, debe crecer a tasas de por lo menos 6% anual durante un montón de años; por hoy, la expectativa nos sobrepasa… y vaya si se nota. No cabe duda de que El Salvador es un país espectacular; sin embargo, su pobreza abofetea a cualquiera por donde pase. Es cierto que el país tiene una dinámica multiforme y compleja, pero igualmente cierto es que nada debería ser tan prioritario en la agenda nacional, como el compromiso por combatir esta tremenda realidad que subyuga nuestra dignidad como nación. Es cuestión de actitud y liderazgo.

Venimos de una sangrienta experiencia a la que ningún salvadoreño, en su sano juicio, quisiera regresar. Los costos de la guerra no han sido puramente económicos. Aparejadas a una cultura desenfrenada por el consumismo, hoy acarreamos secuelas profundas que parecen adormecer nuestra sensibilidad a la desgarradora realidad que nos rodea. Y es que la locura del conflicto no sólo truncó muchas vidas, sueños y esperanzas, también nos divorció de nuestro pasado histórico y diezmó -con la complicidad de quienes se empeñaron en "vender" como nefasto todo el pasado de la nación- la identidad cívica y cultural que tanto carácter y dignidad le imprimen a una sociedad.

Aquí no se trata de eufemismos ni filantropías de panfleto; tampoco de admoniciones farisaicas ni discursos currutacos que de poco o nada sirven. Hablamos de situaciones concretas que requieren actitudes igualmente concretas. Basta revisar los indicadores sociales con los que sobreviven muchos de nuestros compatriotas, como para ponernos a pensar por dónde deberían andar las prioridades de nuestro cuerpo social.

El país tiene futuro, lo que no nos sobra es tiempo. Tampoco tenemos un liderazgo sólido que empuje con fuerza y con rumbo, que contagie y comprometa; si lo existe, pocos lo perciben. Casi a diario escuchamos que se discuten planes y propuestas, comisiones y estudios aparecen por doquier, programas a favor de esto y en contra de lo otro llenan los espacios informativos; pero de nuevo, la capacidad de aglutinar, conducir y liderear acciones al ritmo y con la magnitud que la coyuntura demanda parece limitada e insuficiente. Las negociaciones, las "puestas de acuerdo", los debates y demás intríngulis públicos flotan suspendidos en la nebulosa de la burbuja política y se divorcian de las realidades precisas de la gente. Por todo esto, hay pesimismo y desesperanza.

Paradójicamente, existen otras condiciones igualmente objetivas que, aunque circunstancialmente se perciban vagas y difusas, en la práctica -y si se aprovechan inteligentemente&emdash; pondrían al país en condiciones de despegar más rápido aún, que la mayoría de nuestros vecinos. Y es que, a pesar de los ciclos de bajo crecimiento que se vienen experimentando desde 1998 como resultado de trastornos externos e internos, aún manejamos factores importantes que nos permiten generar un optimismo con fundamento. El Salvador está aumentado la demanda de sus exportaciones, la remesa familiar crecerá a más de US$1,500 millones para este año y el país cuenta con reservas internacionales netas cercanas al orden de los US$ 2,000 millones. Además, se espera un impacto positivo de la ICC que se traduzca en aproximadamente 14,000 nuevos empleos anuales (70,010 en 5 años), nuevas inversiones por el orden de los US$ 70 millones al año (US$ 350 millones en el quinquenio) y un significativo aumento de nuevas exportaciones en maquila.

Por otra parte, la sociedad como tal ha producido insumos interesantísimos que representan esfuerzos serios y responsables por parte de sus gestores; dos de ellos, "El Plan de Nación" y el documento "Lineamientos para una estrategia de desarrollo rural", del Comité para el Desarrollo Rural (CDR) implican, además, importantes niveles de consenso obtenidos gracias al aporte de personas e instituciones que, manejando visiones distintas pero coincidiendo en el ánimo de construir, tuvieron la capacidad de encontrar puntos suficientes de coincidencia como para elaborar estos valiosos manuales de desarrollo. Adicionalmente, las propuestas de FUSADES y ANEP, así como el programa de "La Nueva Alianza", completan suficientemente la visión del país que tenemos y del país que queremos. Hay seriedad reconocida en los datos, las propuestas y en sus autores. Falta ahora, el liderazgo que aglutine, motive, concrete y dé rumbo.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2000. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com