Martes 5 de septiembre


La Nota del Día
 

27 de Agosto de 2000
Los regaños estalinistas

El reclamo, unido al reproche, surge de los fondos más oscuros del estalinismo. Que un grupo de militantes de la extrema izquierda acepte la bondad de ciertas privatizaciones, e inclusive hable de "mercado", es, a juicio de los puristas ortodoxos, caer en herejías neoliberales que no se deben tolerar.

Para los ortodoxos, el asunto no puede ser más claro. Si en estos albores del tercer milenio más de las dos terceras partes de la humanidad sufren de pobreza, centenares de millones de personas no cuentan con asistencia médica, mueran tantos por hambre, etcétera, la culpa es del "neoliberalismo". Se implica que de no ser por los mecanismos de mercado, por las privatizaciones, por la existencia de multinacionales, en todos los confines de la tierra la gente sería próspera, feliz, sana y alegre. La mayor desgracia que pudo acontecer a la humanidad, piensan, es que se haya desplomado el Muro de Berlín, arrastrando consigo el inspirado experimento socialista.

La pruebas del "fracaso neoliberal" parecen irrefutables: de la población mundial económicamente activa, cerca de la mitad está subempleada o desempleada. Además, un tercio de los habitantes de la tierra vive en condiciones de extrema pobreza. Como, se nos dice, "las recetas neoliberales" han recortado los presupuestos estatales en seguridad y prevención social, hay cerca de 800 millones de hambrientos en todo el mundo. Por culpa de esto último es que la pobreza entre jóvenes, ancianos, discapacitados y minorías étnicas se ha agudizado. La fuente es un centro de "investigación económica".

Lo que no se dice es que cerca de tres billones de personas son habitantes de países que, hasta hace muy poco tiempo, estaban regimentados bajo el socialismo, sistema que se caracteriza por la pobreza, la carencia de servicios esenciales, la falta de bienes de consumo, y las penurias de toda clase. Esa es la trágica historia de China comunista, India, los territorios de la desplomada Unión Soviética, Corea del Norte, Vietnam y la mayor parte del Africa. Es lo que ha ocurrido en Nicaragua, sucede en Cuba y fue el caso de El Salvador en los años de la gran demencia.

Esperan milagros en 24 horas

Nadie debe esperar que una nación devastada por el socialismo pueda levantarse en menos de una década, aplicando "recetas neoliberales". Las transiciones son siempre dolorosas, provocan desquiciamientos graves, dejan en el aire a la clase burocrática y, como en Rusia, empeoran la situación de sectores enteros. Literalmente, por cada dos pasos que se den hacia adelante, los acontecimientos obligan a dar uno hacia atrás. Es con el tiempo, a medida que se va asentando una economía, que los frutos aparecen.

Los grandes milagros económicos nunca han superado crecimientos superiores a un diez por ciento anual en condiciones casi modelo. Eso significa que, en el mejor de los casos, toma ocho años duplicar el ingreso bruto; cuando, en cambio, las modificaciones al sistema son lentas y no pasan de algunas privatizaciones y reformas básicas, duplicar el ingreso requiere de veinte años o más. A los chinos comunistas que están haciendo la transición al capitalismo, les tomará más de una generación alcanzar los niveles prevalecientes en El Salvador, pese a los grandes bolsones de pobreza que se sufren acá.

Es muy triste no hacer números ni querer ver realidades.


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