La
Nota del Día
27 de Agosto
de 2000
Los
regaños estalinistas
El reclamo, unido al reproche, surge de los
fondos más oscuros del estalinismo. Que
un grupo de militantes de la extrema izquierda
acepte la bondad de ciertas privatizaciones, e
inclusive hable de "mercado", es, a juicio de
los puristas ortodoxos, caer en herejías
neoliberales que no se deben tolerar.
Para los ortodoxos, el asunto no puede ser
más claro. Si en estos albores del tercer
milenio más de las dos terceras partes de
la humanidad sufren de pobreza, centenares de
millones de personas no cuentan con asistencia
médica, mueran tantos por hambre,
etcétera, la culpa es del
"neoliberalismo". Se implica que de no ser por
los mecanismos de mercado, por las
privatizaciones, por la existencia de
multinacionales, en todos los confines de la
tierra la gente sería próspera,
feliz, sana y alegre. La mayor desgracia que
pudo acontecer a la humanidad, piensan, es que
se haya desplomado el Muro de Berlín,
arrastrando consigo el inspirado experimento
socialista.
La pruebas del "fracaso neoliberal" parecen
irrefutables: de la población mundial
económicamente activa, cerca de la mitad
está subempleada o desempleada.
Además, un tercio de los habitantes de la
tierra vive en condiciones de extrema pobreza.
Como, se nos dice, "las recetas neoliberales"
han recortado los presupuestos estatales en
seguridad y prevención social, hay cerca
de 800 millones de hambrientos en todo el mundo.
Por culpa de esto último es que la
pobreza entre jóvenes, ancianos,
discapacitados y minorías étnicas
se ha agudizado. La fuente es un centro de
"investigación económica".
Lo que no se dice es que cerca de tres
billones de personas son habitantes de
países que, hasta hace muy poco tiempo,
estaban regimentados bajo el socialismo, sistema
que se caracteriza por la pobreza, la carencia
de servicios esenciales, la falta de bienes de
consumo, y las penurias de toda clase. Esa es la
trágica historia de China comunista,
India, los territorios de la desplomada
Unión Soviética, Corea del Norte,
Vietnam y la mayor parte del Africa. Es lo que
ha ocurrido en Nicaragua, sucede en Cuba y fue
el caso de El Salvador en los años de la
gran demencia.
Esperan milagros en 24
horas
Nadie debe esperar que una nación
devastada por el socialismo pueda levantarse en
menos de una década, aplicando "recetas
neoliberales". Las transiciones son siempre
dolorosas, provocan desquiciamientos graves,
dejan en el aire a la clase burocrática
y, como en Rusia, empeoran la situación
de sectores enteros. Literalmente, por cada dos
pasos que se den hacia adelante, los
acontecimientos obligan a dar uno hacia
atrás. Es con el tiempo, a medida que se
va asentando una economía, que los frutos
aparecen.
Los grandes milagros económicos nunca
han superado crecimientos superiores a un diez
por ciento anual en condiciones casi modelo. Eso
significa que, en el mejor de los casos, toma
ocho años duplicar el ingreso bruto;
cuando, en cambio, las modificaciones al sistema
son lentas y no pasan de algunas privatizaciones
y reformas básicas, duplicar el ingreso
requiere de veinte años o más. A
los chinos comunistas que están haciendo
la transición al capitalismo, les
tomará más de una
generación alcanzar los niveles
prevalecientes en El Salvador, pese a los
grandes bolsones de pobreza que se sufren
acá.
Es muy triste no hacer números ni
querer ver realidades.