El Salvador
post-Merino
Todo tiene un punto de partida. Una fecha
o evento que marca el inicio de un
período.
Carlos H.
Bruch
Desde
el sábado 26 de agosto, todo aquel que se
sienta con esa morbosa atracción de
entrar al juego del poder, tendrá que
pensarlo bastante.
Esa fecha ha marcado el comienzo del fin de
la impunidad de los aberrantes funcionarios que,
por lo demás, siempre hemos tenido, pero
que antes no conocíamos sino solo de
oídas.
El episodio del diputado borracho y pistolero
quedará confinado al caso Merino, pero lo
cierto es que ante la bandera azul y blanco han
jurado cientos de Merinos. Muchos de ellos
siguen en sus funciones, para detrimento de
nuestra democracia.
La evolución que puede observarse a
raíz del incidente del diputado y ex
vicepresidente, va más allá de las
tomas de video, las fotografías y las
notas que se publicaron. La sociedad ha
demostrado que está lista para rechazar
lo que daña su convivencia y
señalarlo públicamente. Ese es un
gran avance.
Cuando se dice sociedad, se entiende que
están incluidos los mismos colegas de
Merino. Aunque por desdicha para algunos
partidos, no todos los padres de la patria
condenaron el hecho y a su protagonista. Hubo
algunos, de los que no se hubiera esperado
más, que han llegado al colmo del
irrespeto hacia los ciudadanos, de excusar a
Merino, con el bajo argumento de que "a
cualquiera le puede pasar". De acuerdo: esos son
los "cualquiera" que todo salvadoreño
repudia, esos cualquiera son quienes nos han
llevado a tener una sociedad harto
deficiente.
Hubo otros de esos cualquiera que esgrimieron
conceptos dignos de un ciudadano de tercera
categoría, como aquel que excusó
los delitos de Merino comparándolos con
el caso Clinton-Lewinsky.
El mismo diputado de la deshonra, tuvo la
desfachatez de decir ante cámaras que
él tuvo la mala suerte de que los medios
de comunicación se hayan hecho presentes
a la escena del delito. Con eso no hizo
más que aceptar (como se ha probado en el
reportaje de ayer de la revista Vértice)
que él es un mentiroso, que tiene
problemas con el alcohol y que es su costumbre
hacer alarde del machismo y la
brabuconería con un arma en la mano.
Queda a criterio de todos los
salvadoreños, ciudadanos, legisladores,
gobernantes y funcionarios de justicia de bien,
no equivocarse en lo que queda por hacer
respecto al episodio del diputado infractor.