Monólogo de
invierno
Parece que eres más real en la
invisibilidad de la añoranza, en la
inmensa hoja mental y confidente de tus
diluvios, en el albedrío de una
imaginación complaciente y
engañosa, que exagera a sus anchas al
exquisito vacío que deja tu ausencia
momentánea.
Por Enrique
Contreras
Parece
que eres más real en el libertinaje de la
imaginación que sustituye tu presencia
con el vértigo de tu espíritu
desnudo, con la inmortalidad de la memoria.
Parece que tu perfume es más real
cuando no hay cuello que lo porte, cuando es un
alma libre y es una visión olorosa que mi
olfato recorre en itinerarios caprichosos.
Parece que tu rostro y el consuelo de tu
abrazo son más reales en el mundo de mi
silencio cariñoso.
En el silencio de la mirada distraída
de mis ojos quemándose en tu encanto, de
mis ojos infinitos que se abstraen de la luz y
del color de la urbe bulliciosa, de mis ojos
repasando las estrofas de tu risa.
En esos momentos de lucidez atormentada, de
raciocinio cuestionable, de breve y conciliado
abandono, te envuelvo con el ropaje azul de mi
ficción.
En su ropaje percibo el olor de tu distancia,
la roja humedad de tu labial y la textura de tu
compañía que se me adhiere como
piel segunda.
En esos momentos de candorosa demencia, te
visto de verano y te baño con mi invierno
de pasión cernida. En esos momentos de
añoranza voluntaria, atravieso el cuerpo
de tu espejismo fresco, de aire inquieto, como
de ventisca que seduce y ondula
transparencia.
En esos momentos de lúcidas ficciones,
idolatro tu recuerdo recién
inaugurado.
Por ello, y aunque con mi habla no lo admita,
te prefiero como ausente, con el rostro tuyo del
último encuentro haciendo apariciones
intermitentes en las sábanas del
cielo.
Por ello, y aunque con mi habla no lo admita,
me deleito con tu ausencia, que es el fruto
vagabundo del físico poema de tu tacto
blando .
Porque es en este limbo de añoranza
donde escribo letras cerebrales, donde nos
hacemos inmortales.
Porque así escribo en mi profundidad
más inviolable, mientras me esperas
lejos, mientras somos dos ansias latiendo con el
tiempo.
Porque aquí imagino a tus labios
siempre abiertos a mi sed.
Porque aquí tu adiós es irreal,
lejano e imposible.
Porque aquí, en este mi
albedrío interno, reinas la
ficción de una corta ausencia.