Lunes 4 de septiembre


Con el dedo en la llaga
La irresponsabilidad ciudadana y los deberes humanos
Guillermo Guido*

Recientemente surgió la tesis de que la formación básica de todo ser humano, es recibida por medio de una "autoridad por conocimientos" en el período de la infancia y de la adolescencia.

Esta autoridad está ejercida, en primer lugar, por los padres, que son los que dictan las normas originales que moldean la conducta del individuo; en segundo lugar están los maestros, que establecen e inculcan en la mente del joven un cúmulo de enseñanzas y normas que deben ser obedecidas y aceptadas, dejando conclusiones inolvidables. Después de ello, habiendo llegado a la adultez, las personas estamos listas para aceptar a las autoridades que la sociedad exige, sean éstas legales, religiosas o morales.

Por siglos, la humanidad y sus diferentes culturas han funcionado así, de tal manera que no debería existir ningún motivo racional para pensar que esto debe ser cambiado.

Sin embargo, en El Salvador, desde 1965, se dio marcha a un plan de desestabilización que comenzó creando y acelerando una efervescencia revolucionaria comunista en la Universidad Nacional, que rompió con reglamentos y programas para dar paso a un verdadero caos académico estudiantil; al mismo tiempo, en colegios religiosos (dirigidos por jesuitas) se seleccionaron y doctrinaron a jóvenes de clases media y alta, para convertirlos en los ideólogos marxistas del futuro, sembrando en ellos ideas sociales y religiosas contrarias y subversivas. Los maestros pertenecientes a ANDES, también hacían su parte entre niños de las escuelas públicas, a quienes aleccionaban para rebelarse contra toda autoridad (empezando por la de sus padres). En resumen, toda una generación de niños y adolescentes fue alienada y desorientada por una de las "autoridades por conocimientos": los maestros.

Cuando llegó la década del terror, millares de familias fueron salvajemente masacradas, separadas o expulsadas del interior del país por la guerrilla comunista que, además, les arrebató a sus hijos para entrenarlos y luego obligarlos a combatir. Todos estos niños fueron privados de recibir una formación sana de la primera "autoridad por conocimientos": la de sus padres.

Después de 30 años, ahora cosechamos los frutos de esta conspiración: los adultos y jóvenes de hoy no reconocen ni tienen ningún respeto por las autoridades establecidas y mucho menos por la ley. Se perdieron los principios morales y espirituales, no hay sentido de la decencia y de la ética, llegando incluso a despreciarse todo aquello que sea honesto.

Los ciudadanos de hoy somos irresponsables y eso nos hace actuar con cinismo y deshonestidad en todos los círculos de nuestra sociedad.

Son irresponsables los políticos cuando actúan con desgano y pisotean la constitución con tal de lograr sus objetivos personales o partidistas; son irresponsables los sindicalistas y empleados públicos que sólo piensan en huelgas para obtener más salarios, alegando que lo hacen en bien del pueblo; son irresponsables los comerciantes que, con tal de obtener buenas ganancias, apoyan y negocian con ladrones y contrabandistas; son irresponsables los dirigentes izquierdistas que viven con lujos y como burgueses, olvidándose por completo del "proletariado"; son irresponsables los jueces corruptos que con todas las evidencias a la mano, dejan libres a delincuentes, narcotraficantes, estafadores, violadores, hijos de papi, etc.; son irresponsables los empresarios de autobuses que no satisfechos con dejar sin transporte al pueblo, quieren también bloquear el tráfico general; son irresponsables los estudiantes que hacen fraude en los exámenes PAES; son irresponsables los policías que han resultado delincuentes comunes; son irresponsables los diputados de izquierda que se oponen a endurecer leyes que combaten al narcotráfico y a la delincuencia organizada; somos irresponsables todos, cuando al votar en las elecciones populares, lo hacemos a favor de la izquierda que causó tanta destrucción y que ahora quiere aparecer como redentora.

Este relajo social generalizado en nuestro sufrido país es apoyado y estimulado con la celosa aplicación de los derechos humanos, que ha demostrado que aquí sólo han favorecido a corruptos, agresores, delincuentes y victimarios.

Necesitamos serenarnos y reordenarnos, necesitamos proteger a nuestras familias, necesitamos recuperar nuestros valores y principios, necesitamos generar una filosofía sana y generosa entre los maestros y, finalmente, necesitaremos proteger nuestra institucionalidad con una declaración salvadoreña de "deberes humanos".

Una "Declaración de los deberes humanos" que parta de que todas las personas tenemos deberes y obligaciones que deben ser respetados y cumplidos, como base para una convivencia armoniosa y respetuosa con los demás; violarlos significaría quedar al descubierto ante todos y se tendría que enfrentar las consecuencias irremediablemente. De ser posible lograr algo así, El Salvador sería nuevamente ejemplo de una resurrección social para el mundo.

En próximo artículo ampliaremos el tema de estos deberes humanos.

* Mercadólogo.


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