- Con el
dedo en la llaga
- La irresponsabilidad
ciudadana y los deberes
humanos
- Guillermo
Guido*
Recientemente surgió la tesis de que
la formación básica de todo ser
humano, es recibida por medio de una "autoridad
por conocimientos" en el período de la
infancia y de la adolescencia.
Esta autoridad está ejercida, en
primer lugar, por los padres, que son los que
dictan las normas originales que moldean la
conducta del individuo; en segundo lugar
están los maestros, que establecen e
inculcan en la mente del joven un cúmulo
de enseñanzas y normas que deben ser
obedecidas y aceptadas, dejando conclusiones
inolvidables. Después de ello, habiendo
llegado a la adultez, las personas estamos
listas para aceptar a las autoridades que la
sociedad exige, sean éstas legales,
religiosas o morales.
Por siglos, la humanidad y sus diferentes
culturas han funcionado así, de tal
manera que no debería existir
ningún motivo racional para pensar que
esto debe ser cambiado.
Sin embargo, en El Salvador, desde 1965, se
dio marcha a un plan de desestabilización
que comenzó creando y acelerando una
efervescencia revolucionaria comunista en la
Universidad Nacional, que rompió con
reglamentos y programas para dar paso a un
verdadero caos académico estudiantil; al
mismo tiempo, en colegios religiosos (dirigidos
por jesuitas) se seleccionaron y doctrinaron a
jóvenes de clases media y alta, para
convertirlos en los ideólogos marxistas
del futuro, sembrando en ellos ideas sociales y
religiosas contrarias y subversivas. Los
maestros pertenecientes a ANDES, también
hacían su parte entre niños de las
escuelas públicas, a quienes aleccionaban
para rebelarse contra toda autoridad (empezando
por la de sus padres). En resumen, toda una
generación de niños y adolescentes
fue alienada y desorientada por una de las
"autoridades por conocimientos": los
maestros.
Cuando llegó la década del
terror, millares de familias fueron salvajemente
masacradas, separadas o expulsadas del interior
del país por la guerrilla comunista que,
además, les arrebató a sus hijos
para entrenarlos y luego obligarlos a combatir.
Todos estos niños fueron privados de
recibir una formación sana de la primera
"autoridad por conocimientos": la de sus
padres.
Después de 30 años, ahora
cosechamos los frutos de esta
conspiración: los adultos y
jóvenes de hoy no reconocen ni tienen
ningún respeto por las autoridades
establecidas y mucho menos por la ley. Se
perdieron los principios morales y espirituales,
no hay sentido de la decencia y de la
ética, llegando incluso a despreciarse
todo aquello que sea honesto.
Los ciudadanos de hoy somos irresponsables y
eso nos hace actuar con cinismo y deshonestidad
en todos los círculos de nuestra
sociedad.
Son irresponsables los políticos
cuando actúan con desgano y pisotean la
constitución con tal de lograr sus
objetivos personales o partidistas; son
irresponsables los sindicalistas y empleados
públicos que sólo piensan en
huelgas para obtener más salarios,
alegando que lo hacen en bien del pueblo; son
irresponsables los comerciantes que, con tal de
obtener buenas ganancias, apoyan y negocian con
ladrones y contrabandistas; son irresponsables
los dirigentes izquierdistas que viven con lujos
y como burgueses, olvidándose por
completo del "proletariado"; son irresponsables
los jueces corruptos que con todas las
evidencias a la mano, dejan libres a
delincuentes, narcotraficantes, estafadores,
violadores, hijos de papi, etc.; son
irresponsables los empresarios de autobuses que
no satisfechos con dejar sin transporte al
pueblo, quieren también bloquear el
tráfico general; son irresponsables los
estudiantes que hacen fraude en los
exámenes PAES; son irresponsables los
policías que han resultado delincuentes
comunes; son irresponsables los diputados de
izquierda que se oponen a endurecer leyes que
combaten al narcotráfico y a la
delincuencia organizada; somos irresponsables
todos, cuando al votar en las elecciones
populares, lo hacemos a favor de la izquierda
que causó tanta destrucción y que
ahora quiere aparecer como redentora.
Este relajo social generalizado en nuestro
sufrido país es apoyado y estimulado con
la celosa aplicación de los derechos
humanos, que ha demostrado que aquí
sólo han favorecido a corruptos,
agresores, delincuentes y victimarios.
Necesitamos serenarnos y reordenarnos,
necesitamos proteger a nuestras familias,
necesitamos recuperar nuestros valores y
principios, necesitamos generar una
filosofía sana y generosa entre los
maestros y, finalmente, necesitaremos proteger
nuestra institucionalidad con una
declaración salvadoreña de
"deberes humanos".
Una "Declaración de los deberes
humanos" que parta de que todas las personas
tenemos deberes y obligaciones que deben ser
respetados y cumplidos, como base para una
convivencia armoniosa y respetuosa con los
demás; violarlos significaría
quedar al descubierto ante todos y se
tendría que enfrentar las consecuencias
irremediablemente. De ser posible lograr algo
así, El Salvador sería nuevamente
ejemplo de una resurrección social para
el mundo.
En próximo artículo ampliaremos
el tema de estos deberes humanos.
* Mercadólogo.