Sábado 4 de noviembre 2000

























Evangelio para domingo

Marcos 12, 28-34

Un único Señor

Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: "¿Qué mandamiento es el primero de todos?".

Jesús le contestó: "El primer mandamiento es: escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas". Y después viene este otro: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que estos".

El maestro de la Ley le contestó: "Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios".

Jesús vio que esta era respuesta sabia y le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

Jesús: respuesta del creyente

"¿Cuál es el primer mandamiento?"

El interlocutor de Jesús es un escriba, atento y leal, y el argumento de su pregunta se encuentra entre el más típico cuestionamiento tenido por los judíos de su tiempo.

La respuesta de Jesús se convierte en una interpelación. No hay un mandamiento principal, son dos: amor a Dios y amor al prójimo. Pero ambos están precedidos por una afirmación que está en el inicio de todo: "Dios es el único Señor". De ella se desprende el hecho de comprender que no son dos amores, a Dios y al prójimo, sino dos caras del mismo amor, inseparables porque tienen una fuente común...

"No existe otro mayor..."

La fe que nos presenta la Sagrada Escritura es un proceso a través del cual se reconoce a Dios como el absoluto. Pero no se trata de algo abstracto, sino de "alguien" a quien debemos amar. Por eso siempre se encontrará en la Biblia un enérgico rechazo ante toda forma de idolatría, cuyo significado está en poner la confianza en quien no es Dios. ¡Es el peligro de todo creyente! ¡Nada debe tapar el rostro del Señor!

La presentación que el Evangelio de Marcos hace de Dios en este relato aclara muy bien que se trata de Un Dios que ama a toda persona, un Dios a cuya memoria nadie escapa. "Amarlo es hacer que sean importantes para nosotros aquellos que son importantes para Él...".

"No estás lejos..."

El escriba ha entendido. El Señor aprueba su opinión. Pero ella, por apropiada que sea, no es suficiente, es necesario ponerla en práctica: el creyente del Reino es aquel que vive con toda intensidad el tener a Dios como único y absoluto y lo concreta en la vida de cada día en el amor a los demás, trabajando para que los demás puedan ser y tener lo mismo que él es y tiene...

"Y nosotros ..."

Tenemos hoy el resumen que Jesús hace de toda la ley, el resumen de los criterios que todo creyente ha de tener como decisivos en todas sus actuaciones.

Además sacamos una gran enseñanza del relato que comentamos: Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida, Él es amor. Así, vivir el amor es signo de pertenencia al Reino. Y si Dios está en primer lugar debemos demostrarlo amando.

¿Cómo? El Evangelio de Marcos nos expresa en este pasaje que amar quiere decir hacer todo lo que esté en nuestras manos para que todos los hombres y mujeres de cualquier parte del mundo puedan tener lo que nosotros tenemos y todo lo que desearíamos tener ¡en todo!

¿Estamos dispuestos a amar así?

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb




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