- Cartas
a la Dirección
- Urge
control de vehículos
contaminantes
- Ingeniero
- Enrique
Altamirano,
- Director
de El Diario de Hoy,
Presente.
Estimado
Sr. Director:
Me refiero
a su editorial del 1 de septiembre en el que
habla de la contaminación causada por los
vehículos automotores. A este respecto,
me imagino que todos los ciudadanos coincidimos
con el legislador que usted menciona, en el
sentido que los vehículos contaminantes y
la pornografía se reconocen al
sólo verlos.
Hace dos
años fui invitado a Japón y tuve
la oportunidad de conocer las regulaciones que
se aplican en ese país contra la
contaminación ambiental generada por los
diferentes tipos de automotores. Debido al alto
desarrollo industrial y la concentración
de la población en centros urbanos, las
leyes japonesas son muy severas en cuanto a
regular la contaminación ambiental por
parte de las fábricas y en cuanto a
normar la circulación de vehículos
y los estándares de fabricación.
Estas regulaciones descansan en los pilares
siguientes:
1. Se han
establecido estrictas regulaciones para todos
los tipos de gasolina que se ofrecen en el
mercado japonés, eliminando las ventas de
combustible con un alto grado de contaminantes.
Estas regulaciones se han hecho extensivas para
todo tipo de aceites y lubricantes.
Los costos
de matrícula suben de acuerdo con la
antigüedad del vehículo. Los
automotores más viejos queman más
aceite y emiten una mayor cantidad de gases
contaminantes, los cuales se transforman en las
nubes de humo negro a los que usted se refiere
en su editorial. La legislación en
Japón incrementa año con
año el valor de la matrícula de
acuerdo con la antigüedad. Al llegar a los
seis años es incosteable la
circulación de los vehículos, a
menos que se presenten las pruebas de
contaminación que certifiquen que el
vehículo está mantenido en
óptimas condiciones. Muchos de los
vehículos que no pasan las pruebas son
vendidos como chatarra y otros, lamentablemente,
son exportados a países como el nuestro,
en donde circulan motocicletas usadas importadas
de Japón, las cuales, por regulaciones
ambientales, ya no pueden circular en ese
país.
3. Los
controles se ejercen directamente con los
fabricantes. Existen comisiones técnicas
integradas por ingenieros de producción
de las diferentes empresas fabricantes de
automóviles, camiones, autobuses y
motocicletas. En ellas se discuten los
mecanismos, piezas e inventos que pueden reducir
las emisiones nocivas de gases contaminantes.
Los resultados se comparten entre todos los
fabricantes. No existe una empresa u organismo
estatal encargado de las revisiones de
vehículos. Al igual que nuestro actual
sistema de autoliquidación de impuestos
para importaciones, la esencia de la
reducción de la contaminación
ambiental causada por los diferentes
vehículos automotores, descansa en la
autorregulación de los fabricantes. Una
de estas comisiones técnicas, la
integrada por el organismo regulador y los
fabricantes de motocicletas, me recibió
en una de sus reuniones para conocer sobre la
legislación salvadoreña que regula
las emisiones de gases de las motocicletas.
Además de entregarme copia de las leyes
de tránsito de Japón, me
ofrecieron asesoría técnica
gratuita, tanto para nuestro gobierno como para
cualquier otro organismo regulador.
4. Las
leyes se concentran en regular los
vehículos que emiten la mayor cantidad de
contaminantes. La ley de tránsito
japonesa establece regulaciones estrictas para
los automóviles, pero más
estrictas aún para los autobuses y
camiones. Sin embargo, en el caso de los
motocicletas, a pesar de que ese país
tiene uno de los mayores inventarios de
motocicletas en el mundo, aproximadamente
dieciocho millones de unidades, la Agencia de
Protección del Medio Ambiente de
Japón considera que la emisión de
gases de las motocicletas es inferior al 1.0% de
todos los gases emitidos por el resto de
vehículos automotores. En El Salvador, el
inventario total de motocicletas es de
aproximadamente treinta y cinco mil unidades y
se importan menos de mil motocicletas al
año. A pesar de esto, la emisión
de gases de las motocicletas son controladas en
nuestro Reglamento General de Tránsito y
Seguridad Vial.
Aunque en
nuestra opinión los controles sobre las
motocicletas son innecesarios, hay que reconocer
que a partir de la emisión de la nueva
Ley de Transporte Terrestre se ha iniciado una
labor reguladora muy conveniente para eliminar
el caos y la anarquía que
prevalecía en las calles de San Salvador
y en otras ciudades importantes del país.
La energía con la que han actuado y
actúan los actuales funcionarios de
transporte y Tránsito merece el
estímulo y aplauso de todos los
salvadoreños, porque es esencial, en una
sociedad civilizada, no sólo garantizar
los derechos individuales, sino también
respetar el derecho de los demás. En este
caso, el derecho que tenemos los
salvadoreños de respirar aire puro y de
reducir las enfermedades pulmonares.
Pero esto
no sustituye la obligación de establecer
los mecanismos y leyes más efectivas para
garantizar este derecho. A este respecto, el ser
estricto con la revisión de
vehículos nuevos y no revisar anualmente
los vehículos usados, que son los que
más se deterioran con el uso y, en
consecuencia, contaminan más el medio
ambiente, no tiene sentido. Tampoco el crear un
monopolio estatal al nombrar a una sola empresa
o institución encargada de las revisiones
de todos los vehículos. ¿No
será mejor que se reúnan las
partes interesadas, incluyendo la
compañía suiza que otorgó
la asistencia técnica para emitir estas
regulaciones, y podamos revisar las leyes y
reglamentos para volverlos verdaderamente
efectivos, aplicables y que den
resultados?
Mientras
sigan circulando buses, camiones,
vehículos y hasta motocicletas que
envenenen el ambiente, las actuales regulaciones
y la asistencia técnica que los
ayudó, no parecen ir en la vía
correcta de resolver este problema.
Atentamente,
Carlos
Hipólito Murillo.