Dios,
Unión, Libertad
María
Alicia A. de López Andreu
Las
filosofías y pensamientos más
sabios pueden resumirse, generalmente, en unas
pocas líneas, incluso en una sola frase,
que trasciende épocas y fronteras.
Los maestros
consideran este método educativo como muy
eficaz, por lo que se emplea universalmente.
Jesús, Maestro de Maestros, finalizaba
cada una de sus enseñanzas de esa manera:
"Por sus frutos los conoceréis", "Sed
perfectos como mi Padre Celestial es perfecto",
etc. Frases que reviven en nosotros todo lo que
Jesús enseñó en aquel
momento, y además, toda la
sabiduría que, a través de los
siglos, ha sido extraída de sus palabras.
Igualmente, la Literatura Universal ha
acuñado otras muchas que todos
interpretamos de inmediato: "Si ladran, Sancho,
es porque avanzamos", "En vida hermano, en
vida", etc. Pero, ¿somos igualmente capaces
de interpretar las palabras que ondean sobre
nuestra bandera nacional? ¿Qué
significado tiene, hoy, el lema "Dios,
Unión, Libertad"?
Para los
salvadoreños, tristemente, no significa
nada. De otra manera no se explicaría la
violencia, la falta de respeto, de valores, la
deshumanización que sufre nuestra
sociedad. Es imperativo, pues, que meditemos
sobre nuestro lema patrio, analicemos su mensaje
y hagamos de él, aquí y ahora, un
sentir nacional.
El Salvador,
además de llevar el nombre del Hijo de
Dios, también proclama al viento su fe en
Él; es inconcebible, entonces, que
erradiquemos a Dios de nuestra vida
pública, por no "ofender" a una micra de
la población que es atea, pagana o
politeísta. El temor a Dios es el rector
de la conciencia, el norte que indica el buen
camino y el fiel de la balanza de la justicia;
Dios es Alfa y Omega, es Camino, Verdad y Vida;
es todo lo bueno y deseable. Aún
así, nos avergüenza hablar de
Él; se diría que lo arrinconamos y
escondemos. ¡Ah, pero pontificamos sin
pudor ni empacho sobre verdaderas obscenidades y
estamos habituándonos a convivir en medio
de terribles aberraciones! ¿Por qué?
¿Cómo permitimos ser trastocados
así? Nuestra Bandera, desde lo alto, nos
lo está reclamando; nos pide que volvamos
los ojos al Creador y, junto a Él,
construyamos la Patria que deseamos.
Ya El Diario
de Hoy &emdash;entre otros&emdash; ha
señalado repetidamente la urgencia de dar
un primer paso: Enseñar a nuestros
escolares los Diez Mandamientos, medida que
algunas voces califican, incluso, como
"inconstitucional", puesto que la
educación pública debe ser laica.
¡Por favor! Los "legalistas radicales"
deberían saber que los Diez Mandamientos
son un patrimonio de la humanidad
(independientemente de que la religión
los considere revelados por Dios), y ninguna
persona puede considerarse mínimamente
educada si los desconoce. Es crucial que todos,
desde la más tierna infancia, crezcamos
con un código de conducta que nos
enseñe a no matar, no robar, no mentir, a
honrar a padre y madre, etc., que salvaguardemos
la institución familiar y evitemos tantos
males sociales que provienen de faltar al sexto
mandamiento; que vivamos mejor, porque
practicamos el mandato de "amar a Dios sobre
todas las cosas y al prójimo como a ti
mismo". ¿Por qué no educarnos
así, cuando nuestra Bandera proclama el
Nombre de Dios en primer lugar?
También
proclama Unión, que aquí y ahora,
significa mucho más que nuestra
aspiración a la Patria Grande; significa
sobreponernos al odio, al rencor, a los malos
recuerdos y crueles experiencias; significa
reconciliación, perdón, cambio de
mentalidad, metas comunes, positivismo y trabajo
en equipo para alcanzar un único
objetivo: El Salvador que
necesitamos.
Y proclama
Libertad. Dijo don Quijote: "La libertad,
Sancho, es uno de los más preciosos dones
que a los hombres dieron los cielos. Con ella no
pueden igualarse los tesoros que encierra la
tierra ni el mar encubre; por la libertad,
así como por la honra, se puede y debe
aventurar la vida". Solamente la responsabilidad
nos hace dignos de la libertad; solo cumpliendo
nuestros deberes para con Dios, la Patria, la
familia y para con nosotros mismos, defendemos,
merecemos y ejercemos la libertad que decimos
amar.
Es hora,
pues, de que elevemos la mirada a nuestra
bandera nacional y adquiramos seriamente el
compromiso de hacer realidad lo que ella
proclama y la Patria nos pide: "Dios,
Unión, Libertad".
*Columnista
de El Diario de Hoy.