Viernes 3 de septiembre


Dios, Unión, Libertad

María Alicia A. de López Andreu

Las filosofías y pensamientos más sabios pueden resumirse, generalmente, en unas pocas líneas, incluso en una sola frase, que trasciende épocas y fronteras.

Los maestros consideran este método educativo como muy eficaz, por lo que se emplea universalmente. Jesús, Maestro de Maestros, finalizaba cada una de sus enseñanzas de esa manera: "Por sus frutos los conoceréis", "Sed perfectos como mi Padre Celestial es perfecto", etc. Frases que reviven en nosotros todo lo que Jesús enseñó en aquel momento, y además, toda la sabiduría que, a través de los siglos, ha sido extraída de sus palabras. Igualmente, la Literatura Universal ha acuñado otras muchas que todos interpretamos de inmediato: "Si ladran, Sancho, es porque avanzamos", "En vida hermano, en vida", etc. Pero, ¿somos igualmente capaces de interpretar las palabras que ondean sobre nuestra bandera nacional? ¿Qué significado tiene, hoy, el lema "Dios, Unión, Libertad"?

Para los salvadoreños, tristemente, no significa nada. De otra manera no se explicaría la violencia, la falta de respeto, de valores, la deshumanización que sufre nuestra sociedad. Es imperativo, pues, que meditemos sobre nuestro lema patrio, analicemos su mensaje y hagamos de él, aquí y ahora, un sentir nacional.

El Salvador, además de llevar el nombre del Hijo de Dios, también proclama al viento su fe en Él; es inconcebible, entonces, que erradiquemos a Dios de nuestra vida pública, por no "ofender" a una micra de la población que es atea, pagana o politeísta. El temor a Dios es el rector de la conciencia, el norte que indica el buen camino y el fiel de la balanza de la justicia; Dios es Alfa y Omega, es Camino, Verdad y Vida; es todo lo bueno y deseable. Aún así, nos avergüenza hablar de Él; se diría que lo arrinconamos y escondemos. ¡Ah, pero pontificamos sin pudor ni empacho sobre verdaderas obscenidades y estamos habituándonos a convivir en medio de terribles aberraciones! ¿Por qué? ¿Cómo permitimos ser trastocados así? Nuestra Bandera, desde lo alto, nos lo está reclamando; nos pide que volvamos los ojos al Creador y, junto a Él, construyamos la Patria que deseamos.

Ya El Diario de Hoy &emdash;entre otros&emdash; ha señalado repetidamente la urgencia de dar un primer paso: Enseñar a nuestros escolares los Diez Mandamientos, medida que algunas voces califican, incluso, como "inconstitucional", puesto que la educación pública debe ser laica. ¡Por favor! Los "legalistas radicales" deberían saber que los Diez Mandamientos son un patrimonio de la humanidad (independientemente de que la religión los considere revelados por Dios), y ninguna persona puede considerarse mínimamente educada si los desconoce. Es crucial que todos, desde la más tierna infancia, crezcamos con un código de conducta que nos enseñe a no matar, no robar, no mentir, a honrar a padre y madre, etc., que salvaguardemos la institución familiar y evitemos tantos males sociales que provienen de faltar al sexto mandamiento; que vivamos mejor, porque practicamos el mandato de "amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo". ¿Por qué no educarnos así, cuando nuestra Bandera proclama el Nombre de Dios en primer lugar?

También proclama Unión, que aquí y ahora, significa mucho más que nuestra aspiración a la Patria Grande; significa sobreponernos al odio, al rencor, a los malos recuerdos y crueles experiencias; significa reconciliación, perdón, cambio de mentalidad, metas comunes, positivismo y trabajo en equipo para alcanzar un único objetivo: El Salvador que necesitamos.

Y proclama Libertad. Dijo don Quijote: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida". Solamente la responsabilidad nos hace dignos de la libertad; solo cumpliendo nuestros deberes para con Dios, la Patria, la familia y para con nosotros mismos, defendemos, merecemos y ejercemos la libertad que decimos amar.

Es hora, pues, de que elevemos la mirada a nuestra bandera nacional y adquiramos seriamente el compromiso de hacer realidad lo que ella proclama y la Patria nos pide: "Dios, Unión, Libertad".

*Columnista de El Diario de Hoy.


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