- Leo
que leo
- Metamorfosis
diaria
Nada me causa
más satisfacción que ver como las
páginas de los periódicos sirven
para algo más que informar y van a parar
a las jaulas de los
pájaros.
Por
Telena Ibarra
No
me preocupa el trabajo que se tomaron cientos de
personas en elaborar el periódico porque
sé que todos los diarios, sin
excepción, nacen y mueren una y otra vez,
día tras día, hasta la eternidad
del planeta.
Y es que los diarios, como
Julio Cortázar lo describe en su relato
"El diario a diario", se convierten y
desconvierten, se transforman y deforman y pasan
de ser unos flamantes y prestigiosos
periódicos a un montón de hojas
impresas que no sirven para nada más que
empaquetar flores o carne.
"Apenas queda solo en el
banco, el montón de hojas impresas se
convierte otra vez en un diario, hasta que un
muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en
un montón de hojas impresas", escribe
Cortázar.
Después de estas
excitantes metamorfosis, como dice
Cortázar, los periódicos son
exiliados de las redacciones a los basureros; de
las casas van a parar a las coheterías
para estallar en millones de pedazos en
diciembre. Tal es el fin de las noticias,
reportajes, anuncios, editoriales, obituarios,
cuentos, disertaciones y tantas otras
manifestaciones escritas que quedan grabadas
efímeramente en las páginas de los
diarios.
Pero mientras usted lea
este periódico es un periódico. En
cuanto lo aleja y deja fuera de su vista se
transforma en silencio en un pedazo de papel sin
valor. Haga el experimento con los diarios y
hasta con los libros. Verá que todos no
son lo que son por sí mismos.
Si en sus aventuras por
las bibliotecas o librerías descubre un
libro que en la tapa dice "Don Quijote de la
Mancha" y lo abre, de seguro que el Quijote y
Sancho Panza volverán a enfrentarse a los
molinos, en un combate que nunca acaba. Es
probable que lo mismo ocurra con Shakespeare,
Joyce, Mann, Verne, García
Márquez, Sartre, Kafka y tantos escritos
y escritores conocidos y desconocidos.
El recuerdo o el olvido de
la palabra escrita está en sus manos,
literalmente. Porque se pueden escribir los
poemas más hermosos, el cuento más
insólito o la novela más
mágica que se haya conocido, pero sin un
lector su valor es a medias, su
realización no está
completa.
Finalmente la eternidad
aparece como una ilusión sin medida, como
una forma de valorar el tiempo o de minimizar
nuestras existencias.
Mientras el nuevo
día viene y este periódico es un
periódico gracias a su feroz lectura,
otro nuevo se acerca a su nacimiento tan seguro
de sí mismo y de su eternidad. Pero
claro, sin estas metamorfosis la vida
sería dura.