Martes 12 de octubre


Leo que leo
Metamorfosis diaria

Nada me causa más satisfacción que ver como las páginas de los periódicos sirven para algo más que informar y van a parar a las jaulas de los pájaros.

Por Telena Ibarra

No me preocupa el trabajo que se tomaron cientos de personas en elaborar el periódico porque sé que todos los diarios, sin excepción, nacen y mueren una y otra vez, día tras día, hasta la eternidad del planeta.

Y es que los diarios, como Julio Cortázar lo describe en su relato "El diario a diario", se convierten y desconvierten, se transforman y deforman y pasan de ser unos flamantes y prestigiosos periódicos a un montón de hojas impresas que no sirven para nada más que empaquetar flores o carne.

"Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas", escribe Cortázar.

Después de estas excitantes metamorfosis, como dice Cortázar, los periódicos son exiliados de las redacciones a los basureros; de las casas van a parar a las coheterías para estallar en millones de pedazos en diciembre. Tal es el fin de las noticias, reportajes, anuncios, editoriales, obituarios, cuentos, disertaciones y tantas otras manifestaciones escritas que quedan grabadas efímeramente en las páginas de los diarios.

Pero mientras usted lea este periódico es un periódico. En cuanto lo aleja y deja fuera de su vista se transforma en silencio en un pedazo de papel sin valor. Haga el experimento con los diarios y hasta con los libros. Verá que todos no son lo que son por sí mismos.

Si en sus aventuras por las bibliotecas o librerías descubre un libro que en la tapa dice "Don Quijote de la Mancha" y lo abre, de seguro que el Quijote y Sancho Panza volverán a enfrentarse a los molinos, en un combate que nunca acaba. Es probable que lo mismo ocurra con Shakespeare, Joyce, Mann, Verne, García Márquez, Sartre, Kafka y tantos escritos y escritores conocidos y desconocidos.

El recuerdo o el olvido de la palabra escrita está en sus manos, literalmente. Porque se pueden escribir los poemas más hermosos, el cuento más insólito o la novela más mágica que se haya conocido, pero sin un lector su valor es a medias, su realización no está completa.

Finalmente la eternidad aparece como una ilusión sin medida, como una forma de valorar el tiempo o de minimizar nuestras existencias.

Mientras el nuevo día viene y este periódico es un periódico gracias a su feroz lectura, otro nuevo se acerca a su nacimiento tan seguro de sí mismo y de su eternidad. Pero claro, sin estas metamorfosis la vida sería dura.


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