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Manos que rehabilitan
Las fisioterapistas del Hospital
"Benjamín Bloom" atienden cada mes a unos
400 niños, cuyas edades oscilan entre los
días de nacidos hasta los 12 años de
edad. Esta cifra se podría incrementar
debido a las quemaduras provocadas por la
pólvora.
- Ricardo
Guevara
- El Diario de
Hoy
- Fotos
Ernesto Rivas
La
historia de María Víctoria de tres
años (nombre ficticio) es como la de otros
niños salvadoreños, quienes han sido
víctimas del descuido o de la
irresponsabilidad de los padres o de las personas
encargadas de cuidarlos.
María Victoria es una niña
originaria de San Vicente, de piel morena, ojos
cafés y cabello negro, quien apenas ha
empezado a caminar, pero ya sabe lo que es
permanecer bajo un tratamiento constante y doloroso
contra las quemaduras.
La infante sufrió daños en sus
manos, brazos, piernas y parte del pecho, debido a
que una olla de agua hirviendo le cayó
cuando se encontraba jugando (accidentalmente le
dio vuelta).
De inmediato fue llevada al hospital Bloom, en
donde le hacen un tratamiento de hidroterapia (se
sumerge al paciente en una tina con agua
fría o tibia para acelerar el proceso de
curación de las quemaduras).
Ahora, dos meses después del accidente,
María Victoria se ha recuperado en un 90 por
ciento de sus lesiones, pero aún debe acudir
a fisioterapia al hospital.
Atención especializada
Quemaduras provocadas por pólvora, agua,
cirugías o cualquier tipo de fractura que
afecte una articulación, entre otras
lesiones, son tratadas a diario por un fisiatra y
seis mujeres fisioterapistas que laboran en el
nosocomio.
Cada mes, en la sala de cirugía
plástica del Bloom se atiende un promedio de
30 a 64 pacientes, que presentan algún tipo
de quemaduras en el cuerpo.
"Nosotros trabajamos en las áreas de
electroterapia (con electricidad), hidroterapia
(agua) y con la gimnasia, siendo nuestro objetivo
principal evitar que los pacientes queden con
secuelas invalidantes
(que afecten sus piernas o brazos)", dice Maritza
Díaz, coordinadora de labores del
área de fisioterapia.
Niños con traumas
craneoencefálicos, meningitis, hidrocefalia,
quemaduras, malformaciones y fracturas son tratados
a diario por las terapistas, ya que es necesario
mejorar la circulación en algunas
áreas y prevenir algunas secuelas.
Según la fisioterapista Maritza
Díaz, el tratamiento que se le brinda al
paciente depende de la gravedad de la lesión
y de la evaluación que haga el
médico.
Ejercicios con barras, bicicletas y pelotas
también forman parte de la terapia que a
diario reciben los pacientes. Brindar terapia
física a los neonatos que tienen dificultad
para alimentarse es otra de sus actividades
principales.
Muchas veces, cuando los niños nacen
antes del tiempo normal de gestación, no
alcanzan a desarrollar el reflejo natural de
succión, por lo que no pueden alimentarse
por sí solos y es necesario colocarles una
sonda para comer.
"Nosotras les hacemos masajes con los dedos
alrededor de la boca y en otras zonas del cuerpo
para que ellos puedan agarrar la pacha con la boca
y puedan mamar por sí mismos", dice la
terapeuta Ana Esmeralda Flores.
Jornada agotadora
La rutina de las seis terapistas inicia a las
ocho del día, cuando deben atender cada uno
de los 15 servicios del hospital.
"Toda la mañana pasamos con los
pacientes, aplicándoles hidroterapia,
electroterapia u otro tipo de ejercicio
físico, además de que debemos vigilar
de que cumplan nuestras recomendaciones", dice
Díaz.
Por la tarde, el ritmo de trabajo también
se mantiene constante, ya que deben atender a todos
los pacientes que se encuentran bajo control
médico externo (no están
ingresados).
Sin
embargo, una de las limitantes que afrontan es la
poca colaboración de algunos padres, quienes
no los llevan a las terapias en forma puntual o no
cumplen con la rutina de ejercicios recomendadas,
lo que puede tener como consecuencia inmovilidad
permanente en las piernas o los brazos de los
niños.
Llamado de atención
Con las celebraciones de Navidad y Año
Nuevo, los padres de familia deben poner mayor
cuidado en las actividades que realizan sus hijos y
no dejar que quemen pólvora sin la
supervisión de una persona adulta.
Estos consejos nunca salen sobrando:
* No permita que
los menores guarden morteros en sus bolsillos, ya
que se arriesgan a sufrir severos accidentes.
* No deje que los
niños recojan la pólvora que
encendió y no se quemó, ya que puede
explotarles en la cara, en las manos o en las
piernas.
* Si la ropa de un
niño toma fuego, cúbralo con un trapo
grueso, tírelo al suelo y hágalo que
ruede sobre sí mismo para apagar las
llamas.
* Evite que
encienda cohetes en sus manos, ya que pueden
explotarles y ocasionarles quemaduras o
amputación de miembros.
* Si se queman, no
les unte pasta dental, café o tomate en las
quemaduras, ya que pueden derivar en una
infección. Mejor acuda inmediatamente al
hospital más cercano.
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