Martes 30 de noviembre



















Manos que rehabilitan

Las fisioterapistas del Hospital "Benjamín Bloom" atienden cada mes a unos 400 niños, cuyas edades oscilan entre los días de nacidos hasta los 12 años de edad. Esta cifra se podría incrementar debido a las quemaduras provocadas por la pólvora.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos Ernesto Rivas

La historia de María Víctoria de tres años (nombre ficticio) es como la de otros niños salvadoreños, quienes han sido víctimas del descuido o de la irresponsabilidad de los padres o de las personas encargadas de cuidarlos.

María Victoria es una niña originaria de San Vicente, de piel morena, ojos cafés y cabello negro, quien apenas ha empezado a caminar, pero ya sabe lo que es permanecer bajo un tratamiento constante y doloroso contra las quemaduras.

La infante sufrió daños en sus manos, brazos, piernas y parte del pecho, debido a que una olla de agua hirviendo le cayó cuando se encontraba jugando (accidentalmente le dio vuelta).

De inmediato fue llevada al hospital Bloom, en donde le hacen un tratamiento de hidroterapia (se sumerge al paciente en una tina con agua fría o tibia para acelerar el proceso de curación de las quemaduras).

Ahora, dos meses después del accidente, María Victoria se ha recuperado en un 90 por ciento de sus lesiones, pero aún debe acudir a fisioterapia al hospital.

Atención especializada

Quemaduras provocadas por pólvora, agua, cirugías o cualquier tipo de fractura que afecte una articulación, entre otras lesiones, son tratadas a diario por un fisiatra y seis mujeres fisioterapistas que laboran en el nosocomio.

Cada mes, en la sala de cirugía plástica del Bloom se atiende un promedio de 30 a 64 pacientes, que presentan algún tipo de quemaduras en el cuerpo.

"Nosotros trabajamos en las áreas de electroterapia (con electricidad), hidroterapia (agua) y con la gimnasia, siendo nuestro objetivo principal evitar que los pacientes queden con secuelas invalidantes (que afecten sus piernas o brazos)", dice Maritza Díaz, coordinadora de labores del área de fisioterapia.

Niños con traumas craneoencefálicos, meningitis, hidrocefalia, quemaduras, malformaciones y fracturas son tratados a diario por las terapistas, ya que es necesario mejorar la circulación en algunas áreas y prevenir algunas secuelas.

Según la fisioterapista Maritza Díaz, el tratamiento que se le brinda al paciente depende de la gravedad de la lesión y de la evaluación que haga el médico.

Ejercicios con barras, bicicletas y pelotas también forman parte de la terapia que a diario reciben los pacientes. Brindar terapia física a los neonatos que tienen dificultad para alimentarse es otra de sus actividades principales.

Muchas veces, cuando los niños nacen antes del tiempo normal de gestación, no alcanzan a desarrollar el reflejo natural de succión, por lo que no pueden alimentarse por sí solos y es necesario colocarles una sonda para comer.

"Nosotras les hacemos masajes con los dedos alrededor de la boca y en otras zonas del cuerpo para que ellos puedan agarrar la pacha con la boca y puedan mamar por sí mismos", dice la terapeuta Ana Esmeralda Flores.

Jornada agotadora

La rutina de las seis terapistas inicia a las ocho del día, cuando deben atender cada uno de los 15 servicios del hospital.

"Toda la mañana pasamos con los pacientes, aplicándoles hidroterapia, electroterapia u otro tipo de ejercicio físico, además de que debemos vigilar de que cumplan nuestras recomendaciones", dice Díaz.

Por la tarde, el ritmo de trabajo también se mantiene constante, ya que deben atender a todos los pacientes que se encuentran bajo control médico externo (no están ingresados).

Sin embargo, una de las limitantes que afrontan es la poca colaboración de algunos padres, quienes no los llevan a las terapias en forma puntual o no cumplen con la rutina de ejercicios recomendadas, lo que puede tener como consecuencia inmovilidad permanente en las piernas o los brazos de los niños.

Llamado de atención

Con las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, los padres de familia deben poner mayor cuidado en las actividades que realizan sus hijos y no dejar que quemen pólvora sin la supervisión de una persona adulta.

Estos consejos nunca salen sobrando:

* No permita que los menores guarden morteros en sus bolsillos, ya que se arriesgan a sufrir severos accidentes.

* No deje que los niños recojan la pólvora que encendió y no se quemó, ya que puede explotarles en la cara, en las manos o en las piernas.

* Si la ropa de un niño toma fuego, cúbralo con un trapo grueso, tírelo al suelo y hágalo que ruede sobre sí mismo para apagar las llamas.

* Evite que encienda cohetes en sus manos, ya que pueden explotarles y ocasionarles quemaduras o amputación de miembros.

* Si se queman, no les unte pasta dental, café o tomate en las quemaduras, ya que pueden derivar en una infección. Mejor acuda inmediatamente al hospital más cercano.


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