Lunes 29 de noviembre


Respuesta a un académico (III)
Nada suple al documento
Carlos Sandoval

En la nota "Un país sin historia" (EDH, 20-09-99), decía que los documentos "son la base sobre la que el historiador inicia su investigación y construye su relato sobre el pasado, además de ser el criterio al que acudirá para demostrar la verdad de los acontecimientos y la interpretación ofrecida en el mismo". Al tratar de refutar lo anterior, el Dr. Jorge Arias Gómez dice en su artículo, "Reflexiones sobre nuestra historia", que "esto debe ser tratado con cautela por cualquier investigador que se repute de responsable y serio". Tras asegurar que no se deben convertir los documentos en fetiches, concluye con la siguiente advertencia: "Me reduzco a recordarle que en el transcurso de los últimos cien años, y principalmente, desde los veinte, hay nuevas escuelas con métodos de investigación histórica que han roto con los tradicionales". Yo no quisiera interpretar estas palabras en el sentido de que los nuevos métodos han roto con las fuentes y pruebas documentales, porque esto constituiría una herejía histórica. Un académico del prestigio del Dr. Arias Gómez no podría cometer semejante pecado cultural. Tal vez se trate de un simple "lapsus cálami". O, a lo mejor, de un malentendido de mi parte.

Pero cualquiera que sea la interpretación a sus palabras, es necesario insistir en que nada suple a los documentos. Los documentos no son, ciertamente, fetiches, pero son "reliquias", vestigios del pasado, objetos que constituyen la materia prima del historiador, como el cacao del chocolate, la uva del vino y el maíz de las tortillas. La pretensión de restarle valor a los documentos sería tan absurda como querer sustituir un cuadro original por una copia -por muy buena que sea- en la historia de la pintura. Las que sí han progresado en los últimos años son las ciencias auxiliares y la crítica histórica. Ambas forman parte de la metodología de la investigación histórica. El fetichismo de los documentos, que tanto preocupa al Dr. Arias Gómez, se disipa si tomamos en cuenta a las ciencias auxiliares y la crítica histórica previa. Ningún documento debe verse con veneración, pues todos están sujetos al análisis, la evaluación y la crítica. El historiador que crea que tiene poderes mágicos está descalificado de antemano para escribir relatos. La historia es una ciencia porque se atiene a los hechos.

Las ciencias auxiliares, según Luis Coronas Tejada (Didáctica de la Historia), ayudan a ampliar la visión de las fuentes históricas. Entre estas ciencias se pueden mencionar a la Economía, la Sociología y la Psicología. También tienen mucha importancia la Paleografía, o ciencia que estudia el conocimiento y la interpretación de escrituras antiguas con soporte en un material blando (pergamino, cera, papiro, papel, etc.) y la Diplomática, o el estudio científico de la autenticidad de los documentos. Además están la Epigrafía, la Numismática, la Genealogía, la Heráldica, la Estadística, la Demografía, la Toponimia, la Paleontología, la Etnología, etc. Sus nuevas técnicas han ayudado a verificar más certeramente la autenticidad de las fuentes de la historia, sean escritas, orales o plásticas. Pero las fuentes históricas no se pueden sustituir, a no ser que se incurra en falsificaciones e interpolaciones. La escritura es la que más delata las piraterías de documentos, pero un perito en Paleografía puede detectar fácilmente que una o varias letras no corresponden al período que parecía indicar el documento.

Por su parte, la crítica histórica tiene dos aspectos: la externa y la interna. La externa se encarga de comprobar la autenticidad de la fuente y para ello se sirve de las ciencias auxiliares mencionadas anteriormente. La Paleografía y la Filología, por ejemplo, pueden ayudar al historiador a descubrir interpolaciones o falsificaciones en la escritura y a identificar palabras, expresiones, modismos que no corresponden a la época del documento. Y la crítica interna se encarga de comprobar la autoridad de una fuente, desentrañar todo su valor. Por ejemplo, desentrañar el valor del Acta de Independencia o comprobar si Manuel José Arce dice toda la verdad en sus "Memorias". El historiador analiza, compara e interpreta los documentos.

El Dr. Arias Gómez dice que sí tenemos documentos y que éstos están en los archivos, bibliotecas y museos. Claro que ahí están los documentos, pero, lamentablemente, en nuestro caso, permanecen inéditos. Esto dificulta que sean accesibles a los historiadores. Nos imaginamos el esfuerzo mayúsculo que tendría que hacer un historiador tener que trasladarse a España, Italia, Inglaterra, Estados Unidos de América, México, Guatemala, Costa Rica y otros países para escribir sobre una época de nuestra historia, cuando eso lo podría hacer fácilmente por medio de una Colección de Documentos. También, asegura él, que nuestro Archivo General de la Nación, del Palacio Nacional, "dispone de fondos documentales, debidamente clasificados que abarcan 26 colecciones" y que en los sótanos del Palacio Nacional hay "unos 20 millones de documentos sin clasificar, en lamentables condiciones de deterioro". Pero me parece que éstos no tienen mayor importancia histórica porque, en su mayoría, son "documentos administrativos" y lo que le interesa al historiador son "hechos históricos".

Por la tradición sé que el general Maximiliano Hernández Martínez dijo: "No creo en la Historia, porque la hacen los hombres". O algo por el estilo. Y, en cierto sentido, tenía razón, porque los historiadores, en su mayoría, no son veraces ni imparciales. La misma naturaleza humana -egoísta, individualista, envidiosa y vanidosa- lo dificulta. Estamos lejos todavía, por eso, del ideal de Leopoldo von Ranke de que el historiador sólo debe relatar "lo que realmente sucedió". El historiador debe eliminar, en cuanto le sea posible, todo subjetivismo. De lo contrario, no tendríamos nunca una historia objetiva, imparcial y neutral. Ha sido gracias al perfeccionamiento de las ciencias auxiliares y de la crítica histórica que la Historiografía ha alcanzado un mayor grado de veracidad e imparcialidad. Sin embargo, todavía subsisten las aberraciones históricas.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Espectáculos] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'99] [Portada]