Lunes 29 de noviembre


Vivamos la realidad
La seguridad de la inseguridad
Carlos López Sandoval

Como la mayoría de mis conciudadanos, creo que la mayor seguridad que tenemos es la de la permanencia de la inseguridad que estamos viviendo ahora, que se manifiesta de diversas maneras: la delincuencia, los accidentes de tránsito, las cuantiosas estafas, la insalubridad de los ambientes urbanos y algunos rurales de nuestro pequeño territorio, la escasez del agua potable, los graves e inesperados cambios del clima, el costo de la vida y hasta la decepcionante y negativa conducta de muchos políticos plagada de sórdidos intereses, descarado cinismo, ideologías caducas, descarada corrupción y muy pocas verdades.

La delincuencia, con sus diversas facetas, es la que más sobrecoge a la ciudadanía, que se sabe desprotegida y con razón. Cada día aumenta el número de criminales y las policías no tienen las capacidades ni en personal ni en recursos para estar en todas partes como lo pide el clamor diario.

Y así crece, como es natural, en toda nuestra ciudadanía, el sentimiento de inseguridad. Y hay otros diversos factores que alientan la zozobra ciudadana, que mira como los delincuentes son protegidos por leyes completamente irreales. Para colmo, interpretadas por elementos judiciales seguramente con muy débiles criterios y muy poco conocimiento legal, o tal vez, víctimas de amenazas o sobornos, pues disponen hasta dejar en libertad a los reos que les son llevados a los juzgados a su cargo con argumentos rebatibles.

Sabemos que en otros países americanos, cercanos o lejanos, se viven circunstancias parecidas pero esto no nos consuela. Más bien es otra amarga fuente de preocupación, pues ello concurre a aumentar algunos de los más graves delitos que sufrimos, como el narcotráfico, que fomenta la drogadicción con sus funestas consecuencias, el soborno, que abre las puertas al contrabando y al lavado del dinero producido por el crimen y seduce, envicia y mata a nuestros adolescentes cada día.

Por supuesto, de muy poco nos sirve si solamente nos lamentamos y quejamos. Debemos tratar de colaborar como podamos, cada ciudadano con buena voluntad, agregándonos a cualquier iniciativa positiva en la lucha contra el crimen. Esto es ineludible: se necesita la cooperación de la ciudadanía a los esfuerzos de las autoridades responsables de combatir. Sin esta cooperación, muchos de estos esfuerzos nunca darían fruto. Pero estas circunstancias exigen, entre otros, dos requisitos principales.

El primero. La Policía Nacional Civil debe contar con los mejores recursos que se le pueden proporcionar: el mejor elemento humano que pueda seleccionar, con la mejor instrucción, técnica y práctica posible, con los recursos económicos necesarios, el equipo adecuado para que sus intervenciones sean prontas y efectivas; apropiados sistemas de informática donde se archiven los datos, pistas y características de cada acto delictivo bajo su investigación para su correlación, estudio y análisis. En fin, lo necesario en su arduo trabajo. ¡Démonos cuenta que a su cargo está la vigilancia, recuperación y mantenimiento de la salud social nacional¡

En estos últimos meses hemos visto cómo ha mejorado el trabajo de la PNC, realizado con discreción, certeza en las investigaciones y acertadas capturas de bandas de delincuentes. Ha habido un avance positivo en su actuación, aunque mucha de su labor y la labor de la Fiscalía se echan a perder cuando los criminales son puestos en manos del sistema judicial, y sus leyes absurdas e interpretaciones inverosímiles.

Y se tiene que lograr, repito, la cooperación ciudadana, la Policía y los fiscales tratando a los testigos de los delitos con la mayor discreción posible, y mantener esta circunstancia todo el tiempo, para borrar el temor que los criminales han sembrado con sus amenazas. Los medios de comunicación, y sobre todo los telediarios, deben comprender que con su afán de presentar la noticia más sensacional, interrogando a los posibles testigos frente a las cámaras de televisión o publicando nombres y declaraciones, acrecientan el miedo a las represalias en los testigos, y más tarde, de los jurados. Las investigaciones policiacas para evitar que los delincuentes se enteren de lo que ya saben los detectives, requieren de la mayor discreción posible, sin avisos previos de lo que se va a hacer, sin "filtraciones". La mejor táctica es la del silencio, que solamente podrá romperse hasta después de las capturas.

Finalmente, se deberán apresurar las reformas de las leyes vigentes, muchas inadecuadas e irreales para penalizar debidamente a los criminales. Se hace necesario legislar lo conveniente para que los cuerpos de seguridad puedan y deban hacer su labor de la manera más efectiva. Repito que hay que devolver la salud social a nuestro pueblo… ¡Y cuanto antes, mejor¡


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