- Vivamos
la realidad
- La seguridad de la
inseguridad
- Carlos
López Sandoval
Como
la mayoría de mis conciudadanos, creo que
la mayor seguridad que tenemos es la de la
permanencia de la inseguridad que estamos
viviendo ahora, que se manifiesta de diversas
maneras: la delincuencia, los accidentes de
tránsito, las cuantiosas estafas, la
insalubridad de los ambientes urbanos y algunos
rurales de nuestro pequeño territorio, la
escasez del agua potable, los graves e
inesperados cambios del clima, el costo de la
vida y hasta la decepcionante y negativa
conducta de muchos políticos plagada de
sórdidos intereses, descarado cinismo,
ideologías caducas, descarada
corrupción y muy pocas verdades.
La delincuencia, con sus diversas facetas, es
la que más sobrecoge a la
ciudadanía, que se sabe desprotegida y
con razón. Cada día aumenta el
número de criminales y las
policías no tienen las capacidades ni en
personal ni en recursos para estar en todas
partes como lo pide el clamor diario.
Y así crece, como es natural, en toda
nuestra ciudadanía, el sentimiento de
inseguridad. Y hay otros diversos factores que
alientan la zozobra ciudadana, que mira como los
delincuentes son protegidos por leyes
completamente irreales. Para colmo,
interpretadas por elementos judiciales
seguramente con muy débiles criterios y
muy poco conocimiento legal, o tal vez,
víctimas de amenazas o sobornos, pues
disponen hasta dejar en libertad a los reos que
les son llevados a los juzgados a su cargo con
argumentos rebatibles.
Sabemos que en otros países
americanos, cercanos o lejanos, se viven
circunstancias parecidas pero esto no nos
consuela. Más bien es otra amarga fuente
de preocupación, pues ello concurre a
aumentar algunos de los más graves
delitos que sufrimos, como el
narcotráfico, que fomenta la
drogadicción con sus funestas
consecuencias, el soborno, que abre las puertas
al contrabando y al lavado del dinero producido
por el crimen y seduce, envicia y mata a
nuestros adolescentes cada día.
Por supuesto, de muy poco nos sirve si
solamente nos lamentamos y quejamos. Debemos
tratar de colaborar como podamos, cada ciudadano
con buena voluntad, agregándonos a
cualquier iniciativa positiva en la lucha contra
el crimen. Esto es ineludible: se necesita la
cooperación de la ciudadanía a los
esfuerzos de las autoridades responsables de
combatir. Sin esta cooperación, muchos de
estos esfuerzos nunca darían fruto. Pero
estas circunstancias exigen, entre otros, dos
requisitos principales.
El primero. La Policía Nacional Civil
debe contar con los mejores recursos que se le
pueden proporcionar: el mejor elemento humano
que pueda seleccionar, con la mejor
instrucción, técnica y
práctica posible, con los recursos
económicos necesarios, el equipo adecuado
para que sus intervenciones sean prontas y
efectivas; apropiados sistemas de
informática donde se archiven los datos,
pistas y características de cada acto
delictivo bajo su investigación para su
correlación, estudio y análisis.
En fin, lo necesario en su arduo trabajo.
¡Démonos cuenta que a su cargo
está la vigilancia, recuperación y
mantenimiento de la salud social
nacional¡
En estos últimos meses hemos visto
cómo ha mejorado el trabajo de la PNC,
realizado con discreción, certeza en las
investigaciones y acertadas capturas de bandas
de delincuentes. Ha habido un avance positivo en
su actuación, aunque mucha de su labor y
la labor de la Fiscalía se echan a perder
cuando los criminales son puestos en manos del
sistema judicial, y sus leyes absurdas e
interpretaciones inverosímiles.
Y se tiene que lograr, repito, la
cooperación ciudadana, la Policía
y los fiscales tratando a los testigos de los
delitos con la mayor discreción posible,
y mantener esta circunstancia todo el tiempo,
para borrar el temor que los criminales han
sembrado con sus amenazas. Los medios de
comunicación, y sobre todo los
telediarios, deben comprender que con su
afán de presentar la noticia más
sensacional, interrogando a los posibles
testigos frente a las cámaras de
televisión o publicando nombres y
declaraciones, acrecientan el miedo a las
represalias en los testigos, y más tarde,
de los jurados. Las investigaciones policiacas
para evitar que los delincuentes se enteren de
lo que ya saben los detectives, requieren de la
mayor discreción posible, sin avisos
previos de lo que se va a hacer, sin
"filtraciones". La mejor táctica es la
del silencio, que solamente podrá
romperse hasta después de las
capturas.
Finalmente, se deberán apresurar las
reformas de las leyes vigentes, muchas
inadecuadas e irreales para penalizar
debidamente a los criminales. Se hace necesario
legislar lo conveniente para que los cuerpos de
seguridad puedan y deban hacer su labor de la
manera más efectiva. Repito que hay que
devolver la salud social a nuestro pueblo
¡Y cuanto antes, mejor¡