Lunes 29 de noviembre


La Nota del Día
 

No vamos al 2000, sino a 1978

Se nos quiere rempujar de vuelta al pasado. Un número de sindicatos de oficinas y organismos de Gobierno ha iniciado huelgas, jornadas de "desgano", paro de labores y hostigamientos, en apoyo de las exigencias salariales de los sindicalistas del ISSS. Y en una medida insólita, a futuro, los de ANDES, que no pueden ir a la huelga por estar de vacaciones, anuncian su propia huelga al inicio de clases, en enero y febrero.

La Constitución y las leyes de la República son muy claras a este respecto: prohíbe las huelgas de empleados públicos y son, además, ilegales las huelgas "de respaldo".

El problema es que la Asamblea Legislativa se ha convertido en la mayor instigadora del desorden, al decretar los incrementos que piden los del Seguro. El mensaje no puede ser mas claro: sigan con el desmadre, que no habrá costo para ustedes ni se podrán imponer medidas disciplinarias.

El arma para doblegar al Gobierno es de lo más efectiva: negar servicios médicos a los asegurados del ISSS, suspender operaciones quirúrgicas, dejar niños sin tratamientos, no darle asistencia a quienes requieren de diálisis para sus riñones, o medicinas para combatir un tumor, o chequeos para controlar una diabetes. Como se ha anunciado que los pacientes podrán acudir a médicos particulares, los huelguistas están pidiendo el apoyo del Colegio Médico: hay que valerse de todos los medios para que los enfermos se pudran en las calles.

En apoyo de ellos, los del sindicato de pensiones, que a las claras no tienen la más mínima noción de moral, quieren hacer su gran contribución a la causa: no entregar a los pensionados sus cheques, sumas de por sí tan harapientas. A la pobre gente que vive con cuatrocientos o seiscientos colones, y que por su edad y condición no pueden hacer mucho por sí mismos, los dejarán sin sus ingresos. ¡Que se mueran de hambre!. Literalmente los cogen a patadas, sin ponerse a pensar que un buen día ellos también serán pensionados y quedarán a merced de otros huelguistas.

Todo tiene el sabor de lo ya visto y oído. A escasas cinco semanas del nuevo milenio, se quiere que El Salvador regrese al paroxismo, la agitación sindical, el relajo callejero que dio carácter a los últimos años de los setenta. En vez de marchar al 2000, intentan que volvamos a 1978 y a la clase de locura que precipitó la tragedia de los ochenta.

Se pinta una pared y aparece el rótulo

Las señales son las mismas, como lo evidencia la lectura de los pronunciamientos de aquel entonces con los de ahora: iguales acusaciones, parecidas faltas de ortografía, similar atropello a la gramática, el uso de párrafos en mayúsculas, los preámbulos y remates conteniendo llamados a la lucha, etc.

Grupos que a duras penas pueden redactar un manifiesto, le pretenden mostrar a la nación cuál es el camino correcto. Y a esto se agrega el emporcamiento de paredes, muros, puertas y tapiales, con frases exaltadas y rebalsando odio. ¿Cómo es posible que tengamos ciudades limpias y atractivas, cuando no se ha terminado de pintar la fachada de una casa o un edificio y ya un grupo de exaltados lo ensucia con toda clase de rótulos? Nadie lee las pintas, y quienes las leen no les dan importancia, pero las brigadas revolucionarias juveniles las continúan efectuando para que San Salvador no supere su pasado.

Lo primordial, empero, es acordarse en qué terminó la agitación que sindicatos y subversivos pusieron a rodar en los sesenta y los setenta: cierre de centenares de empresas, la bancarrota nacional, el éxodo de las zonas rurales a las ciudades y de El Salvador a otros países, una agresión fratricida.

Que nadie crea que la huelga del ISSS, de la gente mejor pagada de El Salvador, generará las condiciones óptimas para atraer la inversión foránea y así disminuir el desempleo. Lo que buscan es la ruina económica del país.


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