La
Nota del Día
No vamos al 2000, sino a
1978
Se nos quiere rempujar de vuelta al pasado.
Un número de sindicatos de oficinas y
organismos de Gobierno ha iniciado huelgas,
jornadas de "desgano", paro de labores y
hostigamientos, en apoyo de las exigencias
salariales de los sindicalistas del ISSS. Y en
una medida insólita, a futuro, los de
ANDES, que no pueden ir a la huelga por estar de
vacaciones, anuncian su propia huelga al inicio
de clases, en enero y febrero.
La Constitución y las leyes de la
República son muy claras a este respecto:
prohíbe las huelgas de empleados
públicos y son, además, ilegales
las huelgas "de respaldo".
El problema es que la Asamblea Legislativa se
ha convertido en la mayor instigadora del
desorden, al decretar los incrementos que piden
los del Seguro. El mensaje no puede ser mas
claro: sigan con el desmadre, que no
habrá costo para ustedes ni se
podrán imponer medidas
disciplinarias.
El arma para doblegar al Gobierno es de lo
más efectiva: negar servicios
médicos a los asegurados del ISSS,
suspender operaciones quirúrgicas, dejar
niños sin tratamientos, no darle
asistencia a quienes requieren de
diálisis para sus riñones, o
medicinas para combatir un tumor, o chequeos
para controlar una diabetes. Como se ha
anunciado que los pacientes podrán acudir
a médicos particulares, los huelguistas
están pidiendo el apoyo del Colegio
Médico: hay que valerse de todos los
medios para que los enfermos se pudran en las
calles.
En apoyo de ellos, los del sindicato de
pensiones, que a las claras no tienen la
más mínima noción de moral,
quieren hacer su gran contribución a la
causa: no entregar a los pensionados sus
cheques, sumas de por sí tan harapientas.
A la pobre gente que vive con cuatrocientos o
seiscientos colones, y que por su edad y
condición no pueden hacer mucho por
sí mismos, los dejarán sin sus
ingresos. ¡Que se mueran de hambre!.
Literalmente los cogen a patadas, sin ponerse a
pensar que un buen día ellos
también serán pensionados y
quedarán a merced de otros
huelguistas.
Todo tiene el sabor de lo ya visto y
oído. A escasas cinco semanas del nuevo
milenio, se quiere que El Salvador regrese al
paroxismo, la agitación sindical, el
relajo callejero que dio carácter a los
últimos años de los setenta. En
vez de marchar al 2000, intentan que volvamos a
1978 y a la clase de locura que precipitó
la tragedia de los ochenta.
Se pinta una pared y aparece
el rótulo
Las señales son las mismas, como lo
evidencia la lectura de los pronunciamientos de
aquel entonces con los de ahora: iguales
acusaciones, parecidas faltas de
ortografía, similar atropello a la
gramática, el uso de párrafos en
mayúsculas, los preámbulos y
remates conteniendo llamados a la lucha,
etc.
Grupos que a duras penas pueden redactar un
manifiesto, le pretenden mostrar a la
nación cuál es el camino correcto.
Y a esto se agrega el emporcamiento de paredes,
muros, puertas y tapiales, con frases exaltadas
y rebalsando odio. ¿Cómo es posible
que tengamos ciudades limpias y atractivas,
cuando no se ha terminado de pintar la fachada
de una casa o un edificio y ya un grupo de
exaltados lo ensucia con toda clase de
rótulos? Nadie lee las pintas, y quienes
las leen no les dan importancia, pero las
brigadas revolucionarias juveniles las
continúan efectuando para que San
Salvador no supere su pasado.
Lo primordial, empero, es acordarse en
qué terminó la agitación
que sindicatos y subversivos pusieron a rodar en
los sesenta y los setenta: cierre de centenares
de empresas, la bancarrota nacional, el
éxodo de las zonas rurales a las ciudades
y de El Salvador a otros países, una
agresión fratricida.
Que nadie crea que la huelga del ISSS, de la
gente mejor pagada de El Salvador,
generará las condiciones óptimas
para atraer la inversión foránea y
así disminuir el desempleo. Lo que buscan
es la ruina económica del
país.