Sábado 27 de noviembre



















Evangelio para domingo

Mc. 13, 33-37

¡Vigilad!

Estén preparados y vigilando, porque no saben cuándo llegará ese momento. Cuando un hombre va al extranjero y deja su casa entrega responsabilidades a sus sirvientes; cada cual recibe su tarea y al portero le exige que esté vigilante.

Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos.

Una actitud de vida: ¡Estar atentos!

"Estén atentos y vigilen…"

El breve texto del Evangelio de Marcos es un llamado a prestar atención a los signos de los tiempos, a la historia. Todo aquel que vive a la espera de su Señor, que guía la historia y los acontecimientos, tiene que asumir sus propias responsabilidades.

La vigilancia la describen muchos pasajes del Nuevo testamento como sinónimo de actitudes muy importantes: plegaria continua, sobriedad activa, fe y caridad incansables, incluso como resistencia al mal.

Es necesario estar alerta y saber discernir la ocasión escogida por el Señor para salir a nuestro encuentro. El seguidor de Jesús debe estar atento a lo que el Señor quiere revelarle en los acontecimientos…

"No saben cuándo…"

La sentencia central del pasaje que meditamos hoy afirma la certeza de la venida de Cristo,

independientemente de toda previsión y cálculo cronológico de parte del ser humano.

El final de los tiempos, es decir el momento del encuentro con Cristo glorioso, debe tenerse presente constantemente, porque la vida de la persona es limitada y el Resucitado está siempre cercano.

No hay que temer este momento: ¡Hay que estar preparado para cuando llegue!

"¡Velen!"

La actitud que hay que adoptar: "Velar", de forma constante y responsable, para saber descubrir a Jesús presente y actuante. Nada perdura y, por mucho tiempo que transcurra, el encuentro con Cristo es inevitable para el seguidor de Jesús y para toda la humanidad.

Se pide a los creyentes la máxima vigilancia: renunciar a hacer cálculos y a hacer precisiones sobre el fin, más o menos próximo, de los tiempos. Por el contrario, deberían aguardar, sin temor alguno, aquel fin, empleando el tiempo presente en el trabajo incansable de cada día.

Abstenerse de las actividades humanas para prepararse mejor para el final no es una interpretación válida del discurso de Jesús…

"Y nosotros…"

Dios viene: en nuestra historia cotidiana e incide de forma sorprendente dejando de lado nuestras seguridades y proyectos. De improviso camina junto a nosotros y forma parte de nuestra historia: lo reconoce presente quien tiene los ojos abiertos, quien espera y prepara un mundo nuevo.

El ritmo de la vida actual, cada vez más agitado, nos somete a un sistema que tiende a planificar cada momento, incluso el más privado; se reduce siempre más el margen de lo imprevisto: todo debe ser "computarizado", clasificado, neutralizado, asegurado.

Pero para el creyente, Cristo continúa siendo una revelación que trastorna cualquier cálculo o proyecto, que rompe y transforma la rutina cotidiana…

La vigilancia a la que nos invita Jesús es la que nos permite leer en profundidad los hechos, los signos de los tiempos y descubrir la "venida del Señor". Esto exige, de cada creyente, un corazón suficientemente misionero para ver, en el encuentro con los otros, tal venida. ¡La vigilancia implica una acción comprometida!

De esta forma, el imperativo ¡velar! debe ser sin temores. ¡No hay razón para tener miedo! Jesús vela con nosotros y por nosotros.

Eso sí, hay que estar "siempre listos", actuar sabiamente, con desapego y con mucho empeño: porque en el interior de la historia madura el "proyecto de Dios". Esto nos compromete a tomar conciencia de nuestra pobreza, limitación para esperar al Salvador; a tomar conciencia de la responsabilidad que Dios nos ha confiado, despertándonos del sueño e iluminándonos con su palabra…

En fin, hoy y siempre somos invitados por el mismo Señor a vivir el momento presente con esperanza confiada en su salvación.

P. Sixto Alfonso Flores, S.d.b.




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