Martes 23 de noviembre



















El calvario de "Jenny"

Después de haber sido violada por unos 20 miembros de una pandilla en San Miguel, una adolescente fue lanzada desde un puente y al caer se fracturó la columna, lo que la dejó inválida.

Gustavo Rico Baños
El Diario de Hoy

Cuatro pozos donde fueron hallados osamentas de cadáveres son el triste recordatorio de una pandilla que aterraba a los pobladores en una colonia en San Miguel.

En esa misma comunidad vive una señorita, en silla de ruedas debido a que fue víctima de una violación masiva por parte de un grupo de pandilleros.

Los habitantes de dicha colonia son de extracción humilde y sus penas son las de siempre: soportar los constantes abusos de las maras.

Niñez robada

Su identidad se guarda por su seguridad, ya que los mareros podrían tomar represalias en su contra. "Jenny", como la llamaremos, debe vivir con el eterno recuerdo de su vivencia en las pandillas.

A los 12 años, la niña fue inducida a entrar a las maras por un sujeto que posteriormente murió en un enfrentamiento mientras efectuaba un robo.

Hoy ella no encuentra palabras que demuestren su arrepentimiento por haber pertenecido a las pandillas. Aún con vergüenza, a la adolescente le cuesta hablar de su pasado y del sinnúmero de abusos que soportó al hallarse sumergida en los vicios que sus "compañeros" le enseñaron: beber licor, drogarse y oler "thinner", conocido como "pega de zapatero".

Siete años en las maras por poco le cuestan la vida, pero no tuvo igual suerte el hijo que tuvo durante su vida licenciosa. A los catorce años se acompañó con uno de sus miembros. A los 16 salió embarazada, pero por su mal estado de salud, el niño perdió la vida a los pocos días de salir del hospital donde nació.

Después de morir el bebé, ella quiso rehacer su vida y se dedicó a vender frutas, agua y sodas junto a su madre, donde su ex-novio llegó para invitarla a que se uniera de nuevo a la pandilla. Este mismo sujeto fue el que encabezó el grupo que la dejaría paralítica.

Luego de incitarla a consumir alcohol y drogas, a eso de las 6:00 p.m. del 15 de septiembre de 1996 todos los mareros abusaron de "Jenny" y luego la lanzaron desde un puente de unos 20 metros de altura, donde la dieron por muerta.

Como a las 3:00 a.m. del siguiente día, tres personas que pasaban por el lugar oyeron quejidos bajo el puente y descubrieron a la muchacha, que inmediatamente fue internada en el hospital "San Juan de Dios", de San Miguel. Ahí le dijeron que todo el líquido de su columna vertebral se había vaciado con el golpe de la caída.

Regreso al hogar

La madre de "Jenny" se siente feliz desde que su hija regresó al hogar. Doña Martha, de 44 años, mantiene a su familia, compuesta por cinco hijos y seis nietos, gracias a una venta de bebidas. Su esposo la abandonó hace unos dos años.

La señora recuerda los días en que su hija estaba metida en las maras y solo llegaba a dormir y a bañarse. Ella la aconsejaba para que se saliera, pero la muchacha no aceptaba consejo. "Si hubiera hecho caso a mi madre, nada de esto hubiera pasado", dice ahora.

Las maras de la colonia de "Jenny" ya no existen, pues todos están en prisión. Su ex-novio fue a la cárcel acusado de violación, pero ya anda de nuevo en las calles, por lo que ella teme que la busque de nuevo.

Viva de milagro

"Jenny" recuerda otros abusos de la que fue objeto. A los quince años fue raptada por tres sujetos, quienes se la llevaron, la golpearon y la violaron repetidas veces. Esta vez la lanzaron en la carretera que conduce a Santa Rosa de Lima, creyéndola muerta.

En otra ocasión, durante un velorio que se realizaba frente de su casa, tres individuos que viajaban en "pick up" la volvieron a raptar y la violaron en un predio baldío. "Yo luché con ellos; me machetearon toda y me agarraron a patadas", recuerda mientras enseña las cicatrices.

"Me abandonaron cuando creyeron que había fallecido, pues no podía moverme por los golpes y heridas", aseguró. Esa vez la dejaron tirada en un lote baldío de San Miguel.

Arrepentida

"¿Puedo darle un consejo a los jóvenes?", pregunta tímidamente la pequeña. "No se junten con las maras, que es una vida mala. Una vez vinieron a amenazarme, pues había hablado con una chica integrante para que se saliera y ellos me dijeron que no anduviera hablando más de la cuenta, pues lo iba a pasar mal", recuerda.

Ahora "Jenny" quiere estudiar. Le gusta dibujar, hacer bordados y asiste a una iglesia cristiana, donde ha encontrado un nuevo rumbo en su vida.

Silla de ruedas

"Jenny" pide una silla de ruedas para poder desplazarse y ayudar a su madre a vender frutas y gaseosas. Si tiene la oportunidad de hacerlo llame a los teléfonos 271-0100 ó 271-0122, extensión 1189.


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