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El calvario de
"Jenny"
Después de haber sido violada por unos
20 miembros de una pandilla en San Miguel, una
adolescente fue lanzada desde un puente y al caer
se fracturó la columna, lo que la
dejó inválida.
- Gustavo Rico
Baños
- El Diario de
Hoy
Cuatro
pozos donde fueron hallados osamentas de
cadáveres son el triste recordatorio de una
pandilla que aterraba a los pobladores en una
colonia en San Miguel.
En esa misma comunidad vive una señorita,
en silla de ruedas debido a que fue víctima
de una violación masiva por parte de un
grupo de pandilleros.
Los habitantes de dicha colonia son de
extracción humilde y sus penas son las de
siempre: soportar los constantes abusos de las
maras.
Niñez robada
Su identidad se guarda por su seguridad, ya que
los mareros podrían tomar represalias en su
contra. "Jenny", como la llamaremos, debe vivir con
el eterno recuerdo de su vivencia en las
pandillas.
A los 12 años, la niña fue
inducida a entrar a las maras por un sujeto que
posteriormente murió en un enfrentamiento
mientras efectuaba un robo.
Hoy ella no encuentra palabras que demuestren su
arrepentimiento por haber pertenecido a las
pandillas. Aún con vergüenza, a la
adolescente le cuesta hablar de su pasado y del
sinnúmero de abusos que soportó al
hallarse sumergida en los vicios que sus
"compañeros" le enseñaron: beber
licor, drogarse y oler "thinner", conocido como
"pega de zapatero".
Siete años en las maras por poco le
cuestan la vida, pero no tuvo igual suerte el hijo
que tuvo durante su vida licenciosa. A los catorce
años se acompañó con uno de
sus miembros. A los 16 salió embarazada,
pero por su mal estado de salud, el niño
perdió la vida a los pocos días de
salir del hospital donde nació.
Después de morir el bebé, ella
quiso rehacer su vida y se dedicó a vender
frutas, agua y sodas junto a su madre, donde su
ex-novio llegó para invitarla a que se
uniera de nuevo a la pandilla. Este mismo sujeto
fue el que encabezó el grupo que la
dejaría paralítica.
Luego de incitarla a consumir alcohol y drogas,
a eso de las 6:00 p.m. del 15 de septiembre de 1996
todos los mareros abusaron de "Jenny" y luego la
lanzaron desde un puente de unos 20 metros de
altura, donde la dieron por muerta.
Como a las 3:00 a.m. del siguiente día,
tres personas que pasaban por el lugar oyeron
quejidos bajo el puente y descubrieron a la
muchacha, que inmediatamente fue internada en el
hospital "San Juan de Dios", de San Miguel.
Ahí le dijeron que todo el líquido de
su columna vertebral se había vaciado con el
golpe de la caída.
Regreso al hogar
La
madre de "Jenny" se siente feliz desde que su hija
regresó al hogar. Doña Martha, de 44
años, mantiene a su familia, compuesta por
cinco hijos y seis nietos, gracias a una venta de
bebidas. Su esposo la abandonó hace unos dos
años.
La señora recuerda los días en que
su hija estaba metida en las maras y solo llegaba a
dormir y a bañarse. Ella la aconsejaba para
que se saliera, pero la muchacha no aceptaba
consejo. "Si hubiera hecho caso a mi madre, nada de
esto hubiera pasado", dice ahora.
Las maras de la colonia de "Jenny" ya no
existen, pues todos están en prisión.
Su ex-novio fue a la cárcel acusado de
violación, pero ya anda de nuevo en las
calles, por lo que ella teme que la busque de
nuevo.
Viva de milagro
"Jenny" recuerda otros abusos de la que fue
objeto. A los quince años fue raptada por
tres sujetos, quienes se la llevaron, la golpearon
y la violaron repetidas veces. Esta vez la lanzaron
en la carretera que conduce a Santa Rosa de Lima,
creyéndola muerta.
En otra ocasión, durante un velorio que
se realizaba frente de su casa, tres individuos que
viajaban en "pick up" la volvieron a raptar y la
violaron en un predio baldío. "Yo
luché con ellos; me machetearon toda y me
agarraron a patadas", recuerda mientras
enseña las cicatrices.
"Me abandonaron cuando creyeron que había
fallecido, pues no podía moverme por los
golpes y heridas", aseguró. Esa vez la
dejaron tirada en un lote baldío de San
Miguel.
Arrepentida
"¿Puedo darle un consejo a los
jóvenes?", pregunta tímidamente la
pequeña. "No se junten con las maras, que es
una vida mala. Una vez vinieron a amenazarme, pues
había hablado con una chica integrante para
que se saliera y ellos me dijeron que no anduviera
hablando más de la cuenta, pues lo iba a
pasar mal", recuerda.
Ahora "Jenny" quiere estudiar. Le gusta dibujar,
hacer bordados y asiste a una iglesia cristiana,
donde ha encontrado un nuevo rumbo en su vida.
Silla de ruedas
"Jenny" pide una silla de ruedas para poder
desplazarse y ayudar a su madre a vender frutas y
gaseosas. Si tiene la oportunidad de hacerlo llame
a los teléfonos 271-0100 ó 271-0122,
extensión 1189.
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