Martes 23 de noviembre


Temas jurídicos
Tres elementos distintos y un solo derecho verdadero
Francisco Díaz

La idea más frecuente sobre el sistema legal u ordenamiento jurídico, como decimos los salvadoreños, es la de una pila de códigos, leyes, libros y reglamentos innumerables, aburridos, incomprensibles, tediosos, somníferos, que, además, no sirven más que para complicar la vida, como los abogados.

Esa idea, por razones que abordaré en otra, me parece comprensible. Pero lo cierto es que el ordenamiento jurídico de un Estado es una cosa muy distinta, viva, actuante y cambiante, y con poco esfuerzo, también sencilla y comprensible y de la cual con nuestras ideas "a huevo" todos participamos. Veamos.

El ordenamiento jurídico del Estado se compone de tres elementos: el normativo, el institucional y el cultural. El primero comprende las normas o leyes que establecen cuáles son nuestros derechos y cuáles nuestras obligaciones y también, cuáles son los procedimientos para hacer valer nuestros derechos y cuáles para exigirnos el cumplimiento de nuestras obligaciones. Aprovechemos aquí para decir que derechos y obligaciones son dos caras de una misma moneda: no existe un "derecho a", sin que, como contrapartida, exista una "obligación de". Piénsenlo.

El segundo elemento, se refiere a las instituciones encargadas de hacer efectivos nuestros derechos, de hacer cumplir la ley y, por supuesto, de exigirnos el cumplimiento de nuestras obligaciones. Incluyamos aquí a todas las instituciones del Estado, pero, a los efectos de lo que más nos interesa, principalmente a las encargadas de establecer nuestros derechos y nuestras obligaciones y de hacer valer esos derechos cuando son irrespetados ya sea por un particular o por el Estado.

El elemento cultural, es el conjunto de ideas, creencias, valores, juicios o prejuicios que tenemos a cerca de nuestras normas de vida en sociedad, de nuestras leyes y de nuestras instituciones. Así, si estamos acostumbrados a que la ley y las instituciones "nos valgan", hasta las mejores leyes será inútiles y las mejores instituciones, ineficaces. Ahora bien. Si las instituciones nos fallan, será muy difícil que creamos en ellas y nadie tiene autoridad moral para exigírnoslo, ¿no es cierto? Es lo que nos pasa hoy día, por ejemplo, con la Asamblea que tiene a una institución muy importante, la Fiscalía, sin cabeza.

Hasta aquí, un lector acucioso ya habrá advertido algo que debería ser evidente: los tres elementos del ordenamiento jurídico están estrechamente vinculados e interactúan entre sí, influyéndose mutuamente. Así, una buena ley con una mala institución responsable de aplicarla no sirve de nada; una buena ley frente a una sociedad que "le vale", tendrá muchas dificultades así tenga a su favor la mejor institución para aplicarla. Un ejemplo real ayudará fijar estas verdades.

Antes de la Semana Santa del año 87 u 88, no recuerdo, a fin de parar la creciente ola de bañistas atropellados, la Asamblea Legislativa emitió una ley prohibiendo la circulación de toda clase de autos, motos, tricimotos y cuadrimotos en las playas. Difícil imaginar una ley con intención más sana, pero qué pasó: no sirvió para nada. Por una parte, a los conductores la ley "les valió". Por otra parte, pese a su buena intención, la ley no estableció procedimientos para sancionar su infracción ni existía una institución capacitada para exigir su cumplimiento. Recordemos que para entonces sólo estaban la PN y la Guardia que en realidad tenían otro oficio y sólo por necesidad de traslado transitaban la playa. Las cosas algo han cambiado, hay un poco de conciencia de respeto al bañista y de que ya no todo abuso queda impune &emdash;he aquí dos ejemplos de cambio cultural-.

Leyes, instituciones y cultura. Tres elementos distintos, un sólo sistema jurídico verdadero. De mejor a peor, ¿en qué orden los pondríamos? Difícil. Personalmente las dejo en ese.

Nuestras leyes, vistas en conjunto, pasan bien la prueba. Sin duda, es el más trabajado de los tres elementos. Baste recordar algunas de la áreas en que tenemos nueva, moderna y mejor normativa: banca, entes reguladores (superintendencias), Corte de Cuentas, medio ambiente, Policía, Fuerza Armada, salud, elecciones, familia, menores, penal, procesal penal, penitenciaria y otras tantas, sin olvidar, en primer lugar, las reformas constitucionales.

Nuestras instituciones, en general, están flojas. La opinión pública cree poco en ellas, sobre todo en las principales. Ya citamos la Asamblea, por ejemplo, que mantiene a la Fiscalía sin cabeza, debilitándola. Podemos agregar en situación muy semejante a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. El Organo Judicial, está muy cuestionado; el sistema de salud es una pena y al menos un ministerio -Justicia- medio desarmado.

Excepción deslumbrante, la "Procu", es decir, la Procuraduría General de la República -PGR-, la otrora Cenicienta, es cada vez más Bella Dama. Excepción también a señalar, el Vice de Transporte que sigue fajándose, traicionado a veces por el mismo Estado. Y otra no menos importante, la municipalidad capitalina: contra viento y marea, trabajando y avanzado.

Nuestra cultura de respeto a la Constitución, a la ley, a las instituciones, al Estado de Derecho, a los Derechos Humanos... ¡Qué mal andamos! Tengo la suerte de que se terminó el espacio y tendrá que quedar para otra.

E-mail: fdiaz@insatelsa.com - Apdo. 2806


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