- Temas
jurídicos
- Tres elementos
distintos y un solo derecho
verdadero
- Francisco
Díaz
La idea más frecuente sobre el sistema
legal u ordenamiento jurídico, como
decimos los salvadoreños, es la de una
pila de códigos, leyes, libros y
reglamentos innumerables, aburridos,
incomprensibles, tediosos, somníferos,
que, además, no sirven más que
para complicar la vida, como los abogados.
Esa idea, por razones que abordaré en
otra, me parece comprensible. Pero lo cierto es
que el ordenamiento jurídico de un Estado
es una cosa muy distinta, viva, actuante y
cambiante, y con poco esfuerzo, también
sencilla y comprensible y de la cual con
nuestras ideas "a huevo" todos participamos.
Veamos.
El ordenamiento jurídico del Estado se
compone de tres elementos: el normativo, el
institucional y el cultural. El primero
comprende las normas o leyes que establecen
cuáles son nuestros derechos y
cuáles nuestras obligaciones y
también, cuáles son los
procedimientos para hacer valer nuestros
derechos y cuáles para exigirnos el
cumplimiento de nuestras obligaciones.
Aprovechemos aquí para decir que derechos
y obligaciones son dos caras de una misma
moneda: no existe un "derecho a", sin que, como
contrapartida, exista una "obligación
de". Piénsenlo.
El segundo elemento, se refiere a las
instituciones encargadas de hacer efectivos
nuestros derechos, de hacer cumplir la ley y,
por supuesto, de exigirnos el cumplimiento de
nuestras obligaciones. Incluyamos aquí a
todas las instituciones del Estado, pero, a los
efectos de lo que más nos interesa,
principalmente a las encargadas de establecer
nuestros derechos y nuestras obligaciones y de
hacer valer esos derechos cuando son
irrespetados ya sea por un particular o por el
Estado.
El elemento cultural, es el conjunto de
ideas, creencias, valores, juicios o prejuicios
que tenemos a cerca de nuestras normas de vida
en sociedad, de nuestras leyes y de nuestras
instituciones. Así, si estamos
acostumbrados a que la ley y las instituciones
"nos valgan", hasta las mejores leyes
será inútiles y las mejores
instituciones, ineficaces. Ahora bien. Si las
instituciones nos fallan, será muy
difícil que creamos en ellas y nadie
tiene autoridad moral para exigírnoslo,
¿no es cierto? Es lo que nos pasa hoy
día, por ejemplo, con la Asamblea que
tiene a una institución muy importante,
la Fiscalía, sin cabeza.
Hasta aquí, un lector acucioso ya
habrá advertido algo que debería
ser evidente: los tres elementos del
ordenamiento jurídico están
estrechamente vinculados e interactúan
entre sí, influyéndose mutuamente.
Así, una buena ley con una mala
institución responsable de aplicarla no
sirve de nada; una buena ley frente a una
sociedad que "le vale", tendrá muchas
dificultades así tenga a su favor la
mejor institución para aplicarla. Un
ejemplo real ayudará fijar estas
verdades.
Antes de la Semana Santa del año 87 u
88, no recuerdo, a fin de parar la creciente ola
de bañistas atropellados, la Asamblea
Legislativa emitió una ley prohibiendo la
circulación de toda clase de autos,
motos, tricimotos y cuadrimotos en las playas.
Difícil imaginar una ley con
intención más sana, pero
qué pasó: no sirvió para
nada. Por una parte, a los conductores la ley
"les valió". Por otra parte, pese a su
buena intención, la ley no
estableció procedimientos para sancionar
su infracción ni existía una
institución capacitada para exigir su
cumplimiento. Recordemos que para entonces
sólo estaban la PN y la Guardia que en
realidad tenían otro oficio y sólo
por necesidad de traslado transitaban la playa.
Las cosas algo han cambiado, hay un poco de
conciencia de respeto al bañista y de que
ya no todo abuso queda impune &emdash;he
aquí dos ejemplos de cambio
cultural-.
Leyes, instituciones y cultura. Tres
elementos distintos, un sólo sistema
jurídico verdadero. De mejor a peor,
¿en qué orden los pondríamos?
Difícil. Personalmente las dejo en ese.
Nuestras leyes, vistas en conjunto, pasan
bien la prueba. Sin duda, es el más
trabajado de los tres elementos. Baste recordar
algunas de la áreas en que tenemos nueva,
moderna y mejor normativa: banca, entes
reguladores (superintendencias), Corte de
Cuentas, medio ambiente, Policía, Fuerza
Armada, salud, elecciones, familia, menores,
penal, procesal penal, penitenciaria y otras
tantas, sin olvidar, en primer lugar, las
reformas constitucionales.
Nuestras instituciones, en general,
están flojas. La opinión
pública cree poco en ellas, sobre todo en
las principales. Ya citamos la Asamblea, por
ejemplo, que mantiene a la Fiscalía sin
cabeza, debilitándola. Podemos agregar en
situación muy semejante a la
Procuraduría para la Defensa de los
Derechos Humanos. El Organo Judicial,
está muy cuestionado; el sistema de salud
es una pena y al menos un ministerio -Justicia-
medio desarmado.
Excepción deslumbrante, la "Procu", es
decir, la Procuraduría General de la
República -PGR-, la otrora Cenicienta, es
cada vez más Bella Dama. Excepción
también a señalar, el Vice de
Transporte que sigue fajándose,
traicionado a veces por el mismo Estado. Y otra
no menos importante, la municipalidad
capitalina: contra viento y marea, trabajando y
avanzado.
Nuestra cultura de respeto a la
Constitución, a la ley, a las
instituciones, al Estado de Derecho, a los
Derechos Humanos... ¡Qué mal
andamos! Tengo la suerte de que se
terminó el espacio y tendrá que
quedar para otra.
E-mail: fdiaz@insatelsa.com
- Apdo. 2806