Chalatenango se
desmorona
Los derrumbes son una plaga en
Chalatenango y amenazan el futuro de media
docena de municipios.
Francisco
Ayala Silva
El Diario de
Hoy
Durante
24 días, el pueblo de El Carrizal estuvo
tan aislado que el país no se
enteró. Un alud de lodo cerró la
única calle de acceso a este municipio
del norte de Chalatenango.
Entre agosto y septiembre, en El Carrizal no
hubo servicio telefónico para 3,112
habitantes, no llegaron carros ni motos. Para
salir, los habitantes se tenían que
levantar en la madrugada, caminar cinco
kilómetros por una ruta de lodo y un
kilómetro entre montes para llegar a un
codo de camino al que llegaban los viejos buses
de Chalatenango. Ningún empresario se
atreve a meter un bus nuevo a las terribles
calles del departamento.
De hecho, la pala y el pico son equipo de
choferes en el norte de Chalatenango.
Plaga todo el año
En aquel derrumbe, obreros de la
Dirección de Caminos trabajaron durante
tres semanas para limpiar la carretera, un
círculo que nace en la ciudad de
Chalatenango, rodea al gran cerro de La
Montañona, llega casi hasta Honduras y
termina en el lugar que comenzó.
Media docena de municipios están en
este camino, con casi 20 cantones y
caseríos y una tierra espectacularmente
bella. Con una carretera buena vendrían
turistas de todo el mundo a dejar más
dinero que la agricultura intensiva.
Pero
los derrumbes plagan la carretera en verano e
invierno. A veces, la Alcaldía de El
Carrizal tiene que pagar planillas de
trabajadores de Caminos para limpiar la
vía con topadoras y tractores, asegura el
alcalde José Faustino Soriano.
El desembolso es grande, si se considera que
el presupuesto municipal es de 70 mil colones al
mes. Sólo dos mil llegan de impuestos por
agua y extensión de cédulas y
partidas de nacimiento. Lo demás es
asignación estatal.
Montes heridos
Los derrumbes detienen el desarrollo de los
municipios, son una sangría de dinero y
amenazan el futuro. Desde el cielo, las
montañas de Chalatenango tienen llagas
grandes y blancas.
Esas cárcavas son grietas formadas por
avenidas de agua. Hay 40 en el departamento; una
de ellas, La Zompopera, a nueve
kilómetros de La Palma, tiene 500 metros
de profundidad y 550 metros de ancho. Cubre
1,080 kilómetros cuadrados, esto es la
vigésima parte de El Salvador.
El geólogo italiano Giulio Pazzagli,
enviado a Chalatenango por la Comunidad Europea,
asegura que "las cárcavas suelen comenzar
como un pequeño derrumbe influenciado por
múltiples factores, como el tipo de
suelo, fracturación de la roca,
deforestación, lluvia y
explotación del terreno".
Lo raro de las cárcavas chalatecas es
su avance veloz. Jordy Espuny, geólogo
catalán de la Universidad
Politécnica de Cataluña, investiga
las cárcavas y asegura que "algunas
asustan". Las recomendaciones de estos estudios
se entregarán dentro de tres meses: de
ellas depende el futuro del norte de
Chalatenango.