La
Nota del Día
17 de Noviembre de 1999
"Les vale" la salud
ajena
Hasta hoy a las cuatro de la tarde tienen de
plazo los huelguistas del Seguro Social para
terminar con la suspensión de labores,
según decretó el Juez Tercero de
lo Laboral, al estimar que la huelga afecta a
una institución de servicio
indispensable. Como lo saben hasta la saciedad
los salvadoreños, por novena vez, en
menos de cinco meses, los empleados del Seguro
han paralizado su trabajo, realizado jornadas de
desgano y otros actos, en grave perjuicio de los
pacientes.
Tanto los trabajadores como los
médicos que se les han unido, tienen una
invariable propuesta: que se forme una
comisión "de alto nivel" para discutir
sus demandas, pero siempre que se las cumplan.
"O nos aumentan, o seguimos en huelga". En
cuanto a los enfermos, bien pueden estos buscar
sus propios médicos privados, efectuar
novenarios para que la Virgen les devuelva la
salud, o dejar de una vez este valle de
lágrimas.
El propósito de la comisión es
un misterio, pues hasta donde se puede
descubrir, ni los trabajadores ni los
médicos, entienden de aritmética.
Aunque las autoridades del Seguro les muestren
cifras, presupuestos o balances, la respuesta es
la misma: deben subirnos los salarios. Si se les
demuestra que para elevarles los salarios
será necesario disminuir la compra de
medicinas y de equipos, además de reducir
el mantenimiento, siguen en sus trece: "suban
los salarios". Y cuando se enseñan
proyecciones indicando que de continuar en esta
espiral de aumentos la entidad va a la quiebra,
en cosa de un par de años, contestan una
sola cosa: "suban los salarios".
La pensada de los huelguistas es que sea "el
Estado" el que cubra con subvenciones los
grandes huecos que causaría una alza
desmesurada como la que piden. El único
inconveniente es que los recursos del gobierno
son limitados y que para seguir subiendo los
sueldos en el Seguro, se tendría que
efectuar recortes en otras áreas, como
educación, obras de infraestructura y
salud pública. Es decir, que todos los
sectores pasen penurias, pero que a ellos les
suban los salarios cada seis meses o cuando les
venga en gana.
Los huelguistas se mantienen en sus
monolíticas posturas, alentados por la
última decisión legislativa: no
hay que descontar salarios a quienes se declaren
en huelga. O dicho en otros términos, que
continúe la fiesta, pues no habrá
sanción para los que atropellen la ley,
al menos mientras el Ejecutivo no vete lo
dispuesto, como es de esperar que ocurra.
Nuevas instituciones para
nuevos tiempos
La huelga, debe agregarse, es efectiva por
tener de rehén la salud de decenas de
miles de ciudadanos, a quienes se les niega
servicio. Muchísimas personas han
señalado que en ciertos casos, como
tratamiento de tumores, enfermedades
crónicas, emergencias diversas y una
apendicitis, no prestar asistencia equivale casi
a condenar a muerte a esos pacientes, sobre todo
a aquellos pacientes que no cuentan con los
recursos para buscar su propio médico y
pagar una clínica privada. En otras
palabras, los que quedan en enorme peligro son
los pacientes más pobres. ¡Vaya
"sensibilidad social" de esta gente!
Lo que va quedando claro, además, es
que el esquema de "Seguridad Social", en su
presente forma, ya no responde -si es que alguna
vez respondió-, a las necesidades de los
trabajadores y empleados del país, y a
las nuevas realidades económicas del
mundo. El ISSS se ha convertido en un elefante
blanco de dimensiones inmensas, que es
ingobernable, impredecible, ineficiente y, a su
vez, enfermo. Es notable que las juntas
directivas, integradas por personajes que no
aportan pero si estorban y se aprovechan, a lo
único que se dedican es a las compras.
¡Esas sabrosas y tan atractivas compras!
Para rebalse del vaso, los que discuten temas
como la disciplina y los despidos, son en buena
parte los representantes de los trabajadores. El
ISSS sigue anclado en anacronismos.