- Tema del
momento
- Chantajeados,
engañados, explotados
- Por
Hermann W. Bruch
- e-mail: hwbruch@sv.cciglobal.net
Nuestro
país ha caído presa de
chantajistas, gente del lumpen
político-sindical que quieren llevarnos
nuevamente a la situación prevaleciente
en los días anteriores a la guerra. Lo
triste es que detrás de esa gentuza
(disculpen quienes se puedan sentir agraviados
por este término, pero si no les gusta,
cambien sus métodos y apártense de
ellos) se esconden agitadores intelectuales que
no quieren abandonar el pasado y siguen en su
lucha nostálgica y trasnochada, tratando
de levantar falsos esquemas de desarrollo social
que ya probaron hasta la saciedad ser
inadecuados, ineficientes, inoperantes y
corruptibles.
Atacan a la sociedad por donde más le
afecta, sin piedad y de forma artera. No se
entiende cuál es la sustentación
estratégica, excepto que se valen de los
mecanismos y espacios abiertos por un sistema
democrático endeble y manoseado, para
hacer bulla con sus falsas reivindicaciones. De
seguidores tienen únicamente a aquellos
oportunistas que siempre andan colgados de
falsos líderes en busca de prebendas y
ganancias que de otra manera no son capaces de
ganar en buena lid. De espectadores nos tienen a
todos los que diariamente nos colgamos de los
aparatos de recepción electrónica
o pasamos las páginas de los
periódicos, dejándonos llevar por
imágenes y códigos
comunicacionales perversos, diseñados por
expertos en "lavar cerebros". De intermediarios
tienen a los medios de comunicación y a
tanto periodista inexperto que no logran
entender que son utilizados de manera aviesa y
diabólica por los "expertos". De
cómplices tienen a todos (o a casi todos)
los políticos que se dedican más
bien al mercantilismo (político y
económico), sin el más
mínimo miramiento por la manera
cómo están contribuyendo a la
destrucción de las fibras más
íntimas de nuestra conciencia nacional. Y
de paso nos tienen a todos de "pendejos".
Sí señoras, señoritas y
caballeros que me leen. Si nos molesta que
utilice esa palabra para describirnos a TODOS
los que vivimos en este país, hagamos
algo al respecto. Ya no hay tiempo para
lamentaciones, incriminaciones y acusaciones.
Hagamos uso de ese don que nos entregó el
creador y del que parece que nos hemos olvidado
por estar tan entretenidos en ese afán
por tener, tener y tener. Ganar, ganar y
ganar.
No permitamos seguir siendo manipulados por
quienes creen ser dueños de la
razón, siendo que terminan siendo
dueños de la sinrazón. Allí
tenemos a los de las "izquierdas" atareados en
discusiones parabólicas y
estériles acerca de la más
adecuada manera de definir el andar del
cangrejo, mientras los camarones se aprovechan
de la situación para convertirse en los
comensales del festín, siendo que otros,
los de las "derechas" les tenían deparado
una función diferente en el banquete,
como piezas culinarias del más esforzado
"chef" para divertir y agradar las apetencias
insaciables de quienes se creen "gourmets" de la
economía y no pasan de meros "gourmands".
Allí, colados en esta fiesta del
más alto estilo surrealista, se
encuentran los gorrones de siempre, esa
calaña de aprovechados, oportunistas
incansables y expertos en hacer que otros les
preparen el camino hacia la mesa de las viandas
para llegar en el momento oportuno a
"aglotonarse" de sus manjares.
Basta de símiles culinarios. La
verdad, la triste realidad en la que estamos
sumergidos los salvadoreños es
preocupante. Estamos cayendo en manos de
verdaderas bandas del crimen organizado. Esos
que controlan grandes sumas de dinero malhabido
que requiere de mecanismos sofisticados y bien
montados de lavado. Ese dinero que tanto nos
deslumbra y sin el cual pareciera que no podemos
vivir. Ese dinero maldito que ciega a los
más iluminados e ilustres hijos de la
patria, otrora defensores de las libertades y
que han caído presa de sus garras en una
vorágine de amasar fortunas en las que
cada uno desconfía de los otros, pero los
mantiene cerquita para que no le vayan a comer
el mandado. Allí se encuentra bien
formado y uniformado de toda clase de
parafernalia tecnológica, ese
ejército de sometidos lambiscones
sobalevas, que se las llevan de "ejecutivos" y
no dejan de ser meros testaferros entrenados
como "boy scouts" bajo el lema de siempre
listos, defendiendo el territorio del "jefe" y
ejercitando sus más preciados dones
creativos para congraciarse con el
mandamás, diseñando rebuscadas
formas de estafar al consumidor para que la
empresa sea verdaderamente eficiente, rentable y
"competitiva".
Estos "ejecutivos" siguen de cerca las
enseñanzas de "gurús" del
marketing y de las altas finanzas, que andan
deambulando por el mundo en busca de incautos
sedientos de "aprender" nuevas técnicas
para el moderno y contemporáneo sistema
de explotación de las masas. El
epíteto de "rober barons" ha cambiado por
el de "tigres", "zares", "tycoons" (palabra
inglesa que viene del japonés shogun) y
muchos otros de igual significado. Todos
describen al avezado magnate de los negocios que
sabe aplicar las más modernas y novedosas
fórmulas de competitividad sin hacer el
más mínimo esfuerzo de
sustentarlas en marcos éticos. La
ética fue botada del currículum de
las más prestigiadas universidades
norteamericanas en los años sesenta como
parte de una estrategia concertada de retomar el
liderazgo económico mundial lo que,
según los intelectuales de Harvard, Yale
y otros centros de academia pertenecientes al
"ivy league", traería el predominio de
los Estados Unidos sobre el mundo entero sin
necesidad de gastar en tanto desarrollo
científico bélico.
Mientras siga esta fiesta, seguirán
los agitadores sindicales poniendo en peligro
nuestras vidas y las de nuestros niños.
Ellos no han ido a los seminarios de los
"gurús" ni han tenido entrenamiento en
las famosas universidades del "ivy league"
norteamericano, pero reciben instrucciones de
Cuba y de los otros "gurús", los que
predican distribución de riqueza, pero
sólo quieren llevarse el botín sin
tener que trabajar por él.
¿Quiénes son los "más
peores", los que le roban al pueblo o los que
roban a los que le roban al pueblo? Usted
estimado lector, saque sus propias
conclusiones.
¿Seguiremos en la fiesta o tomaremos el
mango de la sartén para ser
copartícipes de nuestro destino? La
respuesta está en el aire y es nuestro
trabajo encontrarla.