Martes 16 de noviembre


Tema del momento
Chantajeados, engañados, explotados
Por Hermann W. Bruch
e-mail: hwbruch@sv.cciglobal.net

Nuestro país ha caído presa de chantajistas, gente del lumpen político-sindical que quieren llevarnos nuevamente a la situación prevaleciente en los días anteriores a la guerra. Lo triste es que detrás de esa gentuza (disculpen quienes se puedan sentir agraviados por este término, pero si no les gusta, cambien sus métodos y apártense de ellos) se esconden agitadores intelectuales que no quieren abandonar el pasado y siguen en su lucha nostálgica y trasnochada, tratando de levantar falsos esquemas de desarrollo social que ya probaron hasta la saciedad ser inadecuados, ineficientes, inoperantes y corruptibles.

Atacan a la sociedad por donde más le afecta, sin piedad y de forma artera. No se entiende cuál es la sustentación estratégica, excepto que se valen de los mecanismos y espacios abiertos por un sistema democrático endeble y manoseado, para hacer bulla con sus falsas reivindicaciones. De seguidores tienen únicamente a aquellos oportunistas que siempre andan colgados de falsos líderes en busca de prebendas y ganancias que de otra manera no son capaces de ganar en buena lid. De espectadores nos tienen a todos los que diariamente nos colgamos de los aparatos de recepción electrónica o pasamos las páginas de los periódicos, dejándonos llevar por imágenes y códigos comunicacionales perversos, diseñados por expertos en "lavar cerebros". De intermediarios tienen a los medios de comunicación y a tanto periodista inexperto que no logran entender que son utilizados de manera aviesa y diabólica por los "expertos". De cómplices tienen a todos (o a casi todos) los políticos que se dedican más bien al mercantilismo (político y económico), sin el más mínimo miramiento por la manera cómo están contribuyendo a la destrucción de las fibras más íntimas de nuestra conciencia nacional. Y de paso nos tienen a todos de "pendejos". Sí señoras, señoritas y caballeros que me leen. Si nos molesta que utilice esa palabra para describirnos a TODOS los que vivimos en este país, hagamos algo al respecto. Ya no hay tiempo para lamentaciones, incriminaciones y acusaciones. Hagamos uso de ese don que nos entregó el creador y del que parece que nos hemos olvidado por estar tan entretenidos en ese afán por tener, tener y tener. Ganar, ganar y ganar.

No permitamos seguir siendo manipulados por quienes creen ser dueños de la razón, siendo que terminan siendo dueños de la sinrazón. Allí tenemos a los de las "izquierdas" atareados en discusiones parabólicas y estériles acerca de la más adecuada manera de definir el andar del cangrejo, mientras los camarones se aprovechan de la situación para convertirse en los comensales del festín, siendo que otros, los de las "derechas" les tenían deparado una función diferente en el banquete, como piezas culinarias del más esforzado "chef" para divertir y agradar las apetencias insaciables de quienes se creen "gourmets" de la economía y no pasan de meros "gourmands". Allí, colados en esta fiesta del más alto estilo surrealista, se encuentran los gorrones de siempre, esa calaña de aprovechados, oportunistas incansables y expertos en hacer que otros les preparen el camino hacia la mesa de las viandas para llegar en el momento oportuno a "aglotonarse" de sus manjares.

Basta de símiles culinarios. La verdad, la triste realidad en la que estamos sumergidos los salvadoreños es preocupante. Estamos cayendo en manos de verdaderas bandas del crimen organizado. Esos que controlan grandes sumas de dinero malhabido que requiere de mecanismos sofisticados y bien montados de lavado. Ese dinero que tanto nos deslumbra y sin el cual pareciera que no podemos vivir. Ese dinero maldito que ciega a los más iluminados e ilustres hijos de la patria, otrora defensores de las libertades y que han caído presa de sus garras en una vorágine de amasar fortunas en las que cada uno desconfía de los otros, pero los mantiene cerquita para que no le vayan a comer el mandado. Allí se encuentra bien formado y uniformado de toda clase de parafernalia tecnológica, ese ejército de sometidos lambiscones sobalevas, que se las llevan de "ejecutivos" y no dejan de ser meros testaferros entrenados como "boy scouts" bajo el lema de siempre listos, defendiendo el territorio del "jefe" y ejercitando sus más preciados dones creativos para congraciarse con el mandamás, diseñando rebuscadas formas de estafar al consumidor para que la empresa sea verdaderamente eficiente, rentable y "competitiva".

Estos "ejecutivos" siguen de cerca las enseñanzas de "gurús" del marketing y de las altas finanzas, que andan deambulando por el mundo en busca de incautos sedientos de "aprender" nuevas técnicas para el moderno y contemporáneo sistema de explotación de las masas. El epíteto de "rober barons" ha cambiado por el de "tigres", "zares", "tycoons" (palabra inglesa que viene del japonés shogun) y muchos otros de igual significado. Todos describen al avezado magnate de los negocios que sabe aplicar las más modernas y novedosas fórmulas de competitividad sin hacer el más mínimo esfuerzo de sustentarlas en marcos éticos. La ética fue botada del currículum de las más prestigiadas universidades norteamericanas en los años sesenta como parte de una estrategia concertada de retomar el liderazgo económico mundial lo que, según los intelectuales de Harvard, Yale y otros centros de academia pertenecientes al "ivy league", traería el predominio de los Estados Unidos sobre el mundo entero sin necesidad de gastar en tanto desarrollo científico bélico.

Mientras siga esta fiesta, seguirán los agitadores sindicales poniendo en peligro nuestras vidas y las de nuestros niños. Ellos no han ido a los seminarios de los "gurús" ni han tenido entrenamiento en las famosas universidades del "ivy league" norteamericano, pero reciben instrucciones de Cuba y de los otros "gurús", los que predican distribución de riqueza, pero sólo quieren llevarse el botín sin tener que trabajar por él. ¿Quiénes son los "más peores", los que le roban al pueblo o los que roban a los que le roban al pueblo? Usted estimado lector, saque sus propias conclusiones.

¿Seguiremos en la fiesta o tomaremos el mango de la sartén para ser copartícipes de nuestro destino? La respuesta está en el aire y es nuestro trabajo encontrarla.


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