- Hablar de
Cristo
- Por
Salvador Gómez, Predicador
Católica
La
gran comisión dada por Jesús a
todos los suyos, es ser portadores de la Buena
Nueva a toda la creación: "vayan y
anuncien la Buena Nueva hasta los confines de la
tierra": Mc 16, 15.
La predicación es, pues, una necesidad
en el plan de Dios. San Pablo pregunta
cómo puede llegar la salvación, si
no se predica el Evangelio (Rom 10, 14). En otra
ocasión afirma: Dios quiso salvar a los
creyentes mediante la necedad de la
predicación, pues la fe entra por la
escucha de la Palabra: 1 Cor 1, 21; Rom 10,
17.
Estamos frente a un misterio. Dios pudo haber
salvado a la humanidad de mil formas. Pero en
vez de escoger una que fuera gloriosa y
deslumbrante, quiso hacerlo mediante el anuncio
de la Palabra, hecho por seres humanos
limitados... y nos llamó a
nosotros...
Hablar de él, no de nosotros. Hay
predicadores más interesados en hablar de
sí y de justificar su autoridad, que en
anunciar la persona, la vida y el mensaje de
Jesucristo. Jesús tenía autoridad
porque hablaba. Su forma de enseñar
mostraba su autoridad. Otros hablan porque tiene
autoridad, pero sus palabras no pesan.
Un día San Francisco de Asís
invitó al hermano León a predicar.
Salieron del convento, recorrieron la plaza
pública y luego regresaron. Entonces, el
fraile preguntó:
-¿A qué hora vamos a ir a
predicar?
-Ya lo hicimos -le respondió
Francisco-.
-Pero, si no hemos hablado...
-Si nos parecemos a Cristo, quienes nos
vieron ya se quedaron pensando en él. Ya
les predicamos con nuestro ejemplo, pues un
hombre que está lleno de Dios lo comunica
a todos...
Cuando un hombre de Dios habla, se percibe
que tiene una autoridad que no se basa en su
elocuencia ni en habilidades oratorias, sino que
está respaldado por el poder del
Espíritu.
El Señor nos ha convocado para ser sus
mensajeros. El quiere que seamos sus heraldos
que anunciemos las Buenas Nuevas del reino.
Somos sus sembradores que esparcimos la semilla
del Evangelio hasta los confines de la tierra.
Ahora bien, si nos envió a predicar,
necesitamos hacer bien nuestro trabajo. De
manera profesional, usando todos los medios
posibles para revestir dignamente el mensaje que
portamos.
La diferencia entre el éxito de las
telenovelas y el fracaso de muchos predicadores,
consiste en que en las primeras se dicen grandes
mentiras como si fueran verdades, y quienes
predican suelen proclamar grandes verdades como
si fueran mentiras. Durante la filmación,
una señora sufre y hasta llora porque el
esposo abandonó el hogar. Pero apenas
termina la filmación, se toma un
café con el que supuestamente era su
marido y que en la escena la había
dejado. Representó una mentira de manera
tan convincente, que conmovió a los
telespectadores.
Por otro lado, muchos predicadores hablan de
las cosas más bellas de manera tan tibia
que no convencen a nadie. La nueva vida que
presentan no es más atractiva que la
otra.
Se trata de hacer presente a Jesús, no
solamente hablar de él. Lo más
importante de la samaritana no fue cuando
habló de Jesús, sino cuando lo
hizo hablar de él. La meta de un
evangelizador es recibir el elogio que los
samaritanos hicieron a esta mujer: "Ya no
creemos por tus palabras, sino porque nosotros
mismos lo hemos visto y escuchado": Jn 4,
42.