Sábado 13 de noviembre



















Evangelio para domingo

Mt. 25, 14-30

Confianza en sí mismo

Escuchen también esto: un hombre estaba a punto de partir a tierras lejanas y reunió a sus servidores para confiarles todas sus pertenencias. Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se marchó.

El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo otro tanto y ganó otros dos. Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón.

Después de mucho tiempo vino el señor de esos servidores y les pidió cuentas. El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco más, diciéndole: "Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero aquí están otro cinco más que gané con ellos".

El patrón le contestó: "Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón".

Vino después el que recibió dos y dijo: "Señor, tú me entregaste dos talentos, pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos". El patrón le dijo: "Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón".

Por último vino el que había recibido un solo talento y dijo: "Señor, yo sabía que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has invertido. Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí tienes lo que es tuyo".

Pero su patrón le contestó: ¡Servidor malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he invertido, debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso yo lo habría recuperado con los intereses. Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez. Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de afuera: allí será el llorar y el rechinar de dientes.

Jesús llama al riesgo responsable

"Sucederá también con el Reino de los Cielos…"

Hoy Mateo nos presenta otra parábola para rubricar todas las afirmaciones que ha ido presentando a lo largo de su Evangelio, especialmente en este capítulo en el que trata sobre el fin de los tiempos: "¡La llegada del Reino!".

Los talentos aparecen como "las capacidades" que Dios distribuye a cada cual, para luego verlos fructificar como vías de acceso a la auténtica salvación. Es un proceso que brota de la sabiduría iluminada por Dios y manifestada en la humanidad.

Las afirmaciones de esta parábola son claramente dirigidas contra los escribas y los fariseos observantes de la ley y contra todos aquellos que buscan evitar el riesgo de la responsabilidad, el riesgo de perder la vida. En el fondo, el razonamiento de ellos tiene su lógica: Dios exige la perfección; la ley define su voluntad; sólo una observancia escrupulosa de la ley puede dar seguridad. La lógica del patrón en la parábola es más bien diversa. La salvación pasa a través del riesgo: "Sabías que yo cosecho donde no sembré…".

"Ven a compartir la alegría de tu Señor..."

El premio concedido a los dos siervos fieles, precisamente por su "fidelidad laboriosa" a los encargos de su patrón, significa evidentemente la vida eterna, "la participación activa en el Reino".

La manera de esperar el Reino de Dios es trabajar para que se realice. Dios necesita de la humanidad. Por eso, en esta parábola exige de todos una vigilancia dinámica. El don recibido no da por sí solo la salvación; el don es para que fructifique. ¡El que no arriesga no puede ganar!

La salvación es ciertamente también el resultado del propio esfuerzo, pero sobre todo es algo que supera toda imaginación. ¡El don de Dios es siempre inmensamente más grande que todos nuestros méritos!

El tercer siervo deja improductivo el capital de su patrón. Y argumenta, además, de una manera insolente, intentando, de ese modo, disculparse. No se ha atrevido a correr el riesgo…

"Y nosotros…"

En las relaciones del ser humano con Dios, nosotros no podemos alegar pretendidos derechos. Por el contrario, debemos tener presente su absoluta dependencia.

Es curioso, la vida de nuestros días es muy dura para la mayor parte de la humanidad: la competencia es despiadada e implacable, la seguridad profesional no existe para ninguno, la relatividad de las costumbres aumenta de manera preocupante, las personas confían los unos de los otros en medida cada vez menor. Aumenta la delincuencia, el sufrimiento no anima a nadie y la muerte disminuye la entrega en favor de todos…

¡Es en esta humanidad donde Jesús quiere resurgir como fuerza de renovación, difundiendo dones y talentos a las personas libres que sepan ponerle su coraje y hacerlos fructificar!

El flojo, el indiferente, el cobarde que nunca se arriesga a tomar iniciativas útiles para todos no es digno del Reino. Dios no acepta la mediocridad; aunque no aplasta a nadie, sí obliga a levantarse: "Porque al que tiene se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará…".

P. Sixto Alfonso Flores, S.d.b.


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