La
Unión
Desde
el mar llegó la muerte
El asesinato
violento de un adolescente en la bella -y
empobrecida- playa de El Tamarindo, demuestra
que hay motivos para vivir con miedo en las
zonas rurales
- Francisco
Ayala Silva
- El Diario
de Hoy
En
una noche ventosa fue asesinado Fredis Alexander
Canales, de 17 años. Sus asesinos
llegaron del mar a una playa cercana a la punta
de El Tamarindo, en la colonia Milagro de Dios
del cantón El Ciprés, en el
extremo sudeste de El Salvador. Es un estero
cuyo nombre no está en los
mapas.
Los pobladores creen
que los asesinos eran nicaragüenses
enemistados con Buenaventura Quinteros, padre de
Fredis Alexander. Así lo investiga la
Policía.
Venganza
Según la PNC,
Buenaventura Quinteros tenía terrenos que
fueron ocupados por hombres llegados de
Nicaragua, tal vez con mujeres; ellos comenzaron
a construir casas y trabajar la tierra. No se
sabe si existió acuerdo entre el
dueño y los ocupantes, lo cierto es que
Buenaventura Quinteros desalojó a los
nicaragüenses. Estos juraron
regresar.
Pasaron semanas. El 25
de octubre, a las 9 de la noche, Fredis
Alexander cuidaba el cobertizo donde su padre
guardaba redes de pesca y motores de lancha. Su
familia estaba en la cercana casa familiar, a 20
metros del mar.
Del mar llegaron los
asesinos, en lancha. Desembarcaron en la playa
que le corresponde a la familia de Buenaventura
Quinteros, maniobra difícil en la
oscuridad.
Eran casi una decena.
Llegaron al cobertizo y levantaron a Fredis
Alexander. Gritaban. "¿Dónde
está tu papá?", preguntaron. "En
la casa", contestó.
Buenaventura
salió a la puerta. Su silueta
quedó delineada por la luz de la casa.
Vio a que venía a matarlo, con rifles y
machetes, y corrió. Corrió hasta
las casas cercanas, levantó a los vecinos
y, juntos, regresaron a la playa.
Arrastraban a su hijo a
la lancha en la arena. Los asesinos vieron a los
vecinos y dispararon una metralleta que
hirió a uno en la cabeza y a otro en el
hombro. Los perseguidores se
escondieron.
Muerte en el
mar
El puesto de PNC de El
Tamarindo recibió la llamada de auxilio
de la madre de Fredis Alexander. Pero no
salieron porque, aseguran, no tenían
vehículo. Asimismo, necesitaban cruzar el
estero y la PNC no tiene lanchas. Sin embargo,
hay una veintena de pescadores en El Tamarindo,
cada uno con su propia lancha.
Los agentes de El
Tamarindo hablaron a los patrulleros de camino
que vigilan el tramo final de la carretera de El
Litoral. Los patrulleros fueron los primeros
policías en llegar y transportar a los
heridos al hospital de La Unión. Luego
llegaron agentes de esa ciudad, y detectives de
la Unidas de Investigaciones.
Las lanchas de la
Fuerza Naval, salieron a la caza, pero el golfo
es llano abierto para fugitivos. Los asesinos
escaparon.
Fredis Alexander
murió esa noche de un disparo que
entró por el pecho y salió por la
espalda. Los pescadores encontraron su
cadáver dos días después,
flotando en el mar. Su cara era reconocible.
Buenaventura Quinteros
enterró a su hijo y, con el resto de su
familia, huyó lejos de la costa, a San
Miguel. El crimen sigue impune