Viernes 12 de noviembre


La Unión
Desde el mar llegó la muerte

El asesinato violento de un adolescente en la bella -y empobrecida- playa de El Tamarindo, demuestra que hay motivos para vivir con miedo en las zonas rurales

Francisco Ayala Silva
El Diario de Hoy

En una noche ventosa fue asesinado Fredis Alexander Canales, de 17 años. Sus asesinos llegaron del mar a una playa cercana a la punta de El Tamarindo, en la colonia Milagro de Dios del cantón El Ciprés, en el extremo sudeste de El Salvador. Es un estero cuyo nombre no está en los mapas.

Los pobladores creen que los asesinos eran nicaragüenses enemistados con Buenaventura Quinteros, padre de Fredis Alexander. Así lo investiga la Policía.

Venganza

Según la PNC, Buenaventura Quinteros tenía terrenos que fueron ocupados por hombres llegados de Nicaragua, tal vez con mujeres; ellos comenzaron a construir casas y trabajar la tierra. No se sabe si existió acuerdo entre el dueño y los ocupantes, lo cierto es que Buenaventura Quinteros desalojó a los nicaragüenses. Estos juraron regresar.

Pasaron semanas. El 25 de octubre, a las 9 de la noche, Fredis Alexander cuidaba el cobertizo donde su padre guardaba redes de pesca y motores de lancha. Su familia estaba en la cercana casa familiar, a 20 metros del mar.

Del mar llegaron los asesinos, en lancha. Desembarcaron en la playa que le corresponde a la familia de Buenaventura Quinteros, maniobra difícil en la oscuridad.

Eran casi una decena. Llegaron al cobertizo y levantaron a Fredis Alexander. Gritaban. "¿Dónde está tu papá?", preguntaron. "En la casa", contestó.

Buenaventura salió a la puerta. Su silueta quedó delineada por la luz de la casa. Vio a que venía a matarlo, con rifles y machetes, y corrió. Corrió hasta las casas cercanas, levantó a los vecinos y, juntos, regresaron a la playa.

Arrastraban a su hijo a la lancha en la arena. Los asesinos vieron a los vecinos y dispararon una metralleta que hirió a uno en la cabeza y a otro en el hombro. Los perseguidores se escondieron.

Muerte en el mar

El puesto de PNC de El Tamarindo recibió la llamada de auxilio de la madre de Fredis Alexander. Pero no salieron porque, aseguran, no tenían vehículo. Asimismo, necesitaban cruzar el estero y la PNC no tiene lanchas. Sin embargo, hay una veintena de pescadores en El Tamarindo, cada uno con su propia lancha.

Los agentes de El Tamarindo hablaron a los patrulleros de camino que vigilan el tramo final de la carretera de El Litoral. Los patrulleros fueron los primeros policías en llegar y transportar a los heridos al hospital de La Unión. Luego llegaron agentes de esa ciudad, y detectives de la Unidas de Investigaciones.

Las lanchas de la Fuerza Naval, salieron a la caza, pero el golfo es llano abierto para fugitivos. Los asesinos escaparon.

Fredis Alexander murió esa noche de un disparo que entró por el pecho y salió por la espalda. Los pescadores encontraron su cadáver dos días después, flotando en el mar. Su cara era reconocible.

Buenaventura Quinteros enterró a su hijo y, con el resto de su familia, huyó lejos de la costa, a San Miguel. El crimen sigue impune


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Espectáculos] [El País] [Chat] [Foros]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'99] [Portada]