Viernes 12 de noviembre


Modelos de educación
Por Pastor Mario Vega

Comúnmente educamos a nuestros hijos de acuerdo a los modelos que percibimos en nuestros hogares cuando éramos niños. Esos modelos de educación pueden ser buenos, aceptables o malos. Aunque no podemos hacer mayor cosa con el modelo al cual fuimos sometidos de pequeños, sí hay mucho que podemos hacer para que esa racha no siga.

Una valoración objetiva

Antes de continuar perpetuando una tradición es importante realizar una valoración obejtiva sobre el modelo de educación que recibimos. ¿Es el mejor? ¿Produjo en nostros el resultado que se esperaba? ¿Fué para nosotros un estímulo que nos impulsara a ser mejores? O en el peor de los casos ¿Fue humillante para nosotros? ¿Demasiado represivo?

Estas preguntas deben ser respondidas antes de continuar con una inercia que puede prolongar indefinidamente un modelo inadecuado de educación.Una vez hecha la valoración debemos disponernos a enfrentar aquellos elementos que resultaron negativos en nuestra educación y que, casi inconscientemente, estamos aplicando con nuestros propios hijos.

Siempre es más fácil imitar lo visto o lo vivido antes que crear o investigar nuevos modelos que verdaderamente hagan justicia a una labor educativa eficiente. No obstante, vale la pena hacer el esfuerzo para cambiar aquellos elementos que también cambiarán el futuro que tejemos para nuestros hijos.

Una reacción desproporcionada

Cuando reconocemos que los modelos bajo los cuales fuimos formados no son los más convenientes, es necesario corregirlos. Es importante en esta corrección conservar un equilibrio que impida que vayamos a adoptar una reacción desmedida. Es posible que un padre que en su infancia fue criado bajo un modelo muy rígido y represivo reaccione en un sentido opuesto volviéndose excesivamente laxo con sus propios hijos. En otros casos, aquellos padres que cuando fueron niños se les negaron muchas cosas, con razón o sin ella, se vuelven sumamente complacientes con sus propios hijos dándoles absolutamente todo lo que piden queriendo con ello librarlos de su propia frustración de infancia.

Si es necesario corregir algo en los modelos que se nos aplicó es importante hacerlo con medida para no terminar creando otro modelo que en última instancia termina siendo igual o peor que el que se quiere corregir. Un equilibrio entre la disciplina y el amor es siempre la mejor fórmula para la educación. Los extremos generalmente terminan siendo muy negativos. "Ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor" (Efesios 6:4).

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E-mail: rrsantaana@ejje.com


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