- Modelos de
educación
- Por
Pastor Mario Vega
Comúnmente
educamos a nuestros hijos de acuerdo a los
modelos que percibimos en nuestros hogares
cuando éramos niños. Esos modelos
de educación pueden ser buenos,
aceptables o malos. Aunque no podemos hacer
mayor cosa con el modelo al cual fuimos
sometidos de pequeños, sí hay
mucho que podemos hacer para que esa racha no
siga.
Una valoración objetiva
Antes de continuar perpetuando una
tradición es importante realizar una
valoración obejtiva sobre el modelo de
educación que recibimos. ¿Es el
mejor? ¿Produjo en nostros el resultado que
se esperaba? ¿Fué para nosotros un
estímulo que nos impulsara a ser mejores?
O en el peor de los casos ¿Fue humillante
para nosotros? ¿Demasiado represivo?
Estas preguntas deben ser respondidas antes
de continuar con una inercia que puede prolongar
indefinidamente un modelo inadecuado de
educación.Una vez hecha la
valoración debemos disponernos a
enfrentar aquellos elementos que resultaron
negativos en nuestra educación y que,
casi inconscientemente, estamos aplicando con
nuestros propios hijos.
Siempre es más fácil imitar lo
visto o lo vivido antes que crear o investigar
nuevos modelos que verdaderamente hagan justicia
a una labor educativa eficiente. No obstante,
vale la pena hacer el esfuerzo para cambiar
aquellos elementos que también
cambiarán el futuro que tejemos para
nuestros hijos.
Una reacción
desproporcionada
Cuando reconocemos que los modelos bajo los
cuales fuimos formados no son los más
convenientes, es necesario corregirlos. Es
importante en esta corrección conservar
un equilibrio que impida que vayamos a adoptar
una reacción desmedida. Es posible que un
padre que en su infancia fue criado bajo un
modelo muy rígido y represivo reaccione
en un sentido opuesto volviéndose
excesivamente laxo con sus propios hijos. En
otros casos, aquellos padres que cuando fueron
niños se les negaron muchas cosas, con
razón o sin ella, se vuelven sumamente
complacientes con sus propios hijos
dándoles absolutamente todo lo que piden
queriendo con ello librarlos de su propia
frustración de infancia.
Si es necesario corregir algo en los modelos
que se nos aplicó es importante hacerlo
con medida para no terminar creando otro modelo
que en última instancia termina siendo
igual o peor que el que se quiere corregir. Un
equilibrio entre la disciplina y el amor es
siempre la mejor fórmula para la
educación. Los extremos generalmente
terminan siendo muy negativos. "Ustedes, padres,
no hagan enojar a sus hijos, sino
críenlos según la disciplina e
instrucción del Señor" (Efesios
6:4).
Escríbanos al apartado postal 2854 San
Salvador
E-mail: rrsantaana@ejje.com