Jueves 27 de mayo
Cierre parcial de la Panamericana

Aún no se calculan los daños a la economía centroamericana que produjo el colapso de un vado sobre un río hondureño que cerró la carretera Panamericana durante una semana. Esto interrumpió el comercio terrestre y paso de viajeros entre los países de la región

Francisco Ayala Silva

El Diario de Hoy

Durante una semana, centenares de vehículos quedaron varados en la frontera entre Honduras y El Salvador: el gobierno hondureño ordenó el cierre de la frontera de El Amatillo, mientras el vado sobre el Río Grande, en la jurisdicción hondureña de Nacaome, se halla parcialmente habilitado.

Este paso está en el extremo más oriental de El Salvador y es parte de la Carretera Panamericana: por ahí pasan los camiones y furgones que van al sur del Istmo, con mercadería que viene desde Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, y la misma Honduras, hacia Nicaragua, Costa Rica, y Panamá.

Orden directa

El gobierno hondureño cerró la frontera con el argumento de "proteger a los vehículos". El temor no era injustificado: las corrientes que arrastraron el vado también podrían arrastrar carros pequeños y "pick ups" sin carga. Sin embargo, los furgones de 18 ruedas desafiaban ayer al río, cruzando sobre el lecho pedregoso.

Sin embargo, eran los conductores de vehículos pequeños los que recibían autorización de paso, mientras los furgones se quedaban horas, días, hasta completar la semana de espera y tedio.

En la madrugada del miércoles 19 de mayo, colapsó el vado sobre el Río Grande, cerca de Nacaome, municipio hondureño a 25 kilómetros de la frontera con El Salvador y media hora al norte del Golfo de Fonseca.

El paso era un dique de tierra y piedra que unía los 30 metros que hay entre ribera y ribera. Fue construido en noviembre, para sustituir provisionalmente el puente que se llevó el huracán "Mitch". De ser reparación provisional, se convirtió en estructura permanente.

Al parecer, nadie consideró reconstruir el puente hasta que fue barrido el vado.

"Como el puente está caído, ¿para qué vamos a tener abierta la carretera?", declaró Egla Padgett, administradora del lado hondureño de la frontera.

Tegucigalpa mandó una confusa orden de abrir las frontera unas pocas, horas cada día, para que pasaran unos cuantos vehículos. Esa lentitud provocó que en el lado salvadoreño se acumularan furgones hasta cubrir un kilómetro y medio de carretera. "¿Y qué se va a hacer?", decía Egla Padgett, "por mí, que todos pasen, pero yo tengo órdenes".

La orden era de Aquiles Izaguirre, Director Ejecutivo de Ingresos del Ministerio de Finanzas de Honduras. Esa información fue confirmada con una llamada telefónica al Ministerio en Tegucigalpa. Sin embargo, este problema temporal apunta a otro permanente: tenemos una frontera de 330 kilómetros con Honduras, y solo dos pasos hábiles: Amatillo y El Poy (Chalatenango).

El tercero, el de Antiguo Mojón de la Loma, en Morazán, no es apto para el transporte pesado


El puente que nunca se reparó. Durante todo el verano, el puente sobre el río Grande, Honduras, permaneció sin reparar. Como resultado, cuando las reparaciones temporales colapsaron, se detuvo todo el tráfico en la Carretera Panamericana


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