Voluntarias
de la felicidad
Con el
lema "Amor, ayuda y alegría", el Cuerpo
de Damas Voluntarias del Hospital
Benjamín Bloom, fundado hace 29
años, brinda atención y
entretenimiento a los niños
enfermos.
- Ricardo
Guevara
- El
Diario de Hoy
- Fotos
Alex Sanabria
Vestidas
con gabachas celestes y blanco, de apariencia
amable, con cabello cano y andar lento recorren
a diario cada uno de los pasillos del centro
hospitalario.
Casi todos
los niños desde sus cunas las identifican
como sus abuelitas, quienes casi siempre tienen
tiempo disponible para jugar y
entretenerlos.
Desde hace
29 años, el Cuerpo de Damas Voluntarias
está formada por señoras
jubiladas, exmaestras, amas de casa,
profesionales o empresarias, entre otras
ocupaciones.
Uno de sus
objetivos principales es brindar un poco de su
tiempo a los pequeños enfermos que no
cuentan con el apoyo de sus padres o familiares
durante su convalecencia.
Mimarlos,
acariciarlos o platicar con ellos resulta una
tarea fácil de cumplir para las
voluntarias, quienes a pesar de sus
múltiples ocupaciones en el hogar y la
familia están pendientes de los internos
del hospital.
Entusiasmo
y dedicación
"Desde que
inicié con esta labor humanitaria hace 29
años lo he hecho con mucho entusiasmo,
dedicación y esfuerzo, sin importar los
inconvenientes o problemas que pueda sufrir
ahora que he llegado a los 80 años", dice
la señora Conchita Serarols de
Tomás Carbonell, quien junto a sus
compañeras imparte charlas sobre
prevención de enfermedades.
La
labor de las señoras voluntarias se
diferencia de otras agrupaciones afines, ya que
ellas no recaudan fondos ni realizan actividades
sociales para darse a conocer
públicamente, sino que se limitan a
entretener y brindar diversión a los
niños enfermos.
"Para
nosotras es un placer asear a los infantes,
darles su pacha, abrazarlos, entretenerlos,
acariciarlos, organizarles piñatas o
disfrazarnos de payasos para que estén
alegres", dice la señora Edith
Martínez de Norman, de 74 años,
otra de las socias fundadoras.
A lo largo
de las últimas tres décadas y
durante cinco días a la semana, las
mujeres que forman parte del Cuerpo de Damas
Voluntarias se ha convertido en una especie de
madres sustitutas para los chiquillos que
adolecen enfermedades y que reciben tratamiento
en el Bloom.
Tiempos
críticos
Con el
paso de los años, algunas socias han
fallecido u otras se han retirado debido a
problemas de salud (hubo un tiempo en el que
había 60 señoras). En la
actualidad, el grupo está formado por 30
mujeres entre los 40 y los 80 años,
quienes asisten de lunes a viernes de 8:00 a.m.
a 4:00 p.m. a realizar su trabajo
humanitario.
"Nuestra
única satisfacción es servir a los
niños y hacerlos pasar un rato agradable
mientras están en su lecho de enfermos",
dice la señora de Norman, quien afirma
que ni el terremoto de 1986 ni la guerra las
detuvieron en su labor humanitaria en beneficio
de los menores salvadoreños.
"Hacemos
un llamado a las mujeres interesadas en formar
parte de la asociación para que se
acerquen al hospital o llamen al teléfono
225-4114 y pregunten por la oficina de las Damas
Voluntarias", señala la señora de
Norman.
Algunos de
los requisitos que exigen para formar parte de
la entidad es ser mayores de 18 años,
haber cursado el noveno grado, dedicar por lo
menos tres horas a la semana a las actividades
que realizan y tener mucho deseos de pasar buena
parte del tiempo con los infantes.
Inicio
de un proyecto
Por
iniciativa de la junta directiva del Patronato
del Hospital Bloom se designó, en junio
de 1971, a la señora Gerda de Guttfreund
para que reuniera a un grupo permanente de
mujeres que trabajaran desinteresadamente
brindándole atención,
cariño y alegría a los
niños enfermos.
En su
labor contó con la ayuda de la
señora Maritza de Calderón, en ese
entonces jefa del Servicio Médico Social,
y del doctor Edmundo Avalos Laguardia, director
del hospital en esa época.
Después
de convencer a varias personas entusiastas sobre
el proyecto y de brindarles charlas sobre las
metas y finalidades de la nueva
asociación se procedió a elegir la
primera junta directiva, siendo electa la
señora Edith de Norman como coordinadora
adjunta de la institución.
A partir
de entonces, las Señoras Voluntarias se
han caracterizado por servir a la niñez
salvadoreña que recibe atención
médica, brindándole cariño
y amor que necesitan mientras están
hospitalizados.
Sin
embargo, fue hasta el 15 de junio de 1971 cuando
oficialmente dio inicio la labor de las primeras
14 socias voluntarias, quienes han inculcado
entre sus sucesoras el lema de la
asociación.