Memorias
de la calle del tuerto
Semanas de cinco
meses
El enamorado, despechado y abandonado,
aquel que entregó su vida por amor y
espera en vano el regreso del amor que se fue,
el que masculla versos y canciones sin sentido y
entabla pláticas con el cielo falso, mira
fotos viejas y se pone a llorar, aquel que
sueña con la persona amada aun cuando su
ausencia le quita el sueño, siente que el
padre tiempo le puso freno a su marcha, la
soledad hace sus días interminables y
vive semanas de cinco meses...
Por Daniel
Rucks del Bo
La madre, que vio marcharse a su hijo
al extranjero, para buscar un poco de
oportunidades que el país no le presenta,
siente que el padre tiempo le puso freno a su
marcha, la soledad hace sus días
interminables y vive semanas de cinco meses.
El enfermo, de no se sabe bien qué
mal, a quien los doctores atienden a diario sin
hallar causa para su dolencia, que se siente
morir día a día en un cuarto de
hospital compartido, que tiene como única
vista la pared de otro edificio gris que le
bloquea su única ventana, que recibe
parientes de vez en cuando, de martes a jueves,
de cinco a seis, que siente que algo dentro lo
está matando y no le explican qué
es, que se ve adelgazar y demacrarse ante el
espejo del baño donde es una proeza
llegar, siente que el padre tiempo le puso freno
a su marcha, la soledad hace sus días
interminables y vive semanas de cinco meses.
La mujer pública, que vende romances
en cuartos alquilados, que sueña con una
mejor vida que sabe no va a llegar, que debe
soportar el martirio de los abrazos sin amor y
con asco, que conjuga sudores ajenos y palabras
en vano, que es acechada por policías y
ladrones y sinvergüenzas, que tiene una
hija que cuidar y alimentar producto de un
romance que fue, que vive de noche y duerme de
día, que vende con el costo de su carne
que se marchita el ansiado dinero para seguir
adelante, siente que el padre tiempo le puso
freno a su marcha, la soledad hace sus
días interminables y vive semanas de
cinco meses...
El prisionero, ladrón por necesidad y
no por vocación, el marinero sin
más horizonte que un mar inmenso, el
desempleado cansado de tocar puertas y
también el ejecutivo pudiente atrapado
por el monstruo del tedio, inclusive el que
escribe...
Sienten que el padre tiempo le puso freno a
su marcha, la soledad hace sus días
interminables y vive semanas de cinco
meses...
Comentarios a daniel@dpto2.com