Martes 28 de marzo


Memorias de la calle del tuerto
Semanas de cinco meses

El enamorado, despechado y abandonado, aquel que entregó su vida por amor y espera en vano el regreso del amor que se fue, el que masculla versos y canciones sin sentido y entabla pláticas con el cielo falso, mira fotos viejas y se pone a llorar, aquel que sueña con la persona amada aun cuando su ausencia le quita el sueño, siente que el padre tiempo le puso freno a su marcha, la soledad hace sus días interminables y vive semanas de cinco meses...

Por Daniel Rucks del Bo

La madre, que vio marcharse a su hijo al extranjero, para buscar un poco de oportunidades que el país no le presenta, siente que el padre tiempo le puso freno a su marcha, la soledad hace sus días interminables y vive semanas de cinco meses.

El enfermo, de no se sabe bien qué mal, a quien los doctores atienden a diario sin hallar causa para su dolencia, que se siente morir día a día en un cuarto de hospital compartido, que tiene como única vista la pared de otro edificio gris que le bloquea su única ventana, que recibe parientes de vez en cuando, de martes a jueves, de cinco a seis, que siente que algo dentro lo está matando y no le explican qué es, que se ve adelgazar y demacrarse ante el espejo del baño donde es una proeza llegar, siente que el padre tiempo le puso freno a su marcha, la soledad hace sus días interminables y vive semanas de cinco meses.

La mujer pública, que vende romances en cuartos alquilados, que sueña con una mejor vida que sabe no va a llegar, que debe soportar el martirio de los abrazos sin amor y con asco, que conjuga sudores ajenos y palabras en vano, que es acechada por policías y ladrones y sinvergüenzas, que tiene una hija que cuidar y alimentar producto de un romance que fue, que vive de noche y duerme de día, que vende con el costo de su carne que se marchita el ansiado dinero para seguir adelante, siente que el padre tiempo le puso freno a su marcha, la soledad hace sus días interminables y vive semanas de cinco meses...

El prisionero, ladrón por necesidad y no por vocación, el marinero sin más horizonte que un mar inmenso, el desempleado cansado de tocar puertas y también el ejecutivo pudiente atrapado por el monstruo del tedio, inclusive el que escribe...

Sienten que el padre tiempo le puso freno a su marcha, la soledad hace sus días interminables y vive semanas de cinco meses...

Comentarios a daniel@dpto2.com


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