Martes 28 de marzo


La alfombra mágica

Una de las atracciones mayores en el día de entrega del Oscar es el desfile que las estrellas hacen en la famosa alfombra roja, ante fanáticos y medios de comunicación

Rolando Medina López
Crítico de cine
Enviado especial de El Diario de Hoy

Fue el cine mismo quien nos enseñó, allá en la oscuridad de una sala cinematográfica, las maravillas de las alfombras mágicas de oriente que, volando libremente por los cielos, llevaban a sus amos a mundos de fantasía.

Hollywood tiene su propia alfombra mágica: La alfombra roja que viste el piso de la entrada del teatro donde año con año se entregan las codiciadas estatuillas doradas llamadas Oscar.

La electricidad que se vive al ver llegar a todas las estrellas que admiramos es inigualable. Este año, el Shrine Auditorium de la ciudad de Los Angeles vistió sus mejores galas. Luces, réplicas gigantes de la estatuilla, ha sido un testigo de grandes momentos del Oscar.

Todo el perímetro del teatro donde se realiza la entrega del Oscar se cierra para establecer un mundo de oropel muy particular. Así como en "El Mago de Oz", Dorothy debe de caminar por el camino amarillo para llegar al lugar mágico que le permitirá regresar a casa, el Oscar, tiene su propio camino, la alfombra roja, que lleva a las estrellas hacia el sitio donde podrán pasar a la inmortalidad o simplemente salir con las manos vacías. Por ello esa alfombra está llena de magia.

Mi primera estrella

La primera celebridad que divisé fue Karen Black, actriz televisiva muy popular en los Setenta. Algunos medios televisivos le entrevistaban, pero a pesar de que trataba de llamar la atención saludando al público, éste simplemente le era indiferente.

Mientras buscaba acomodarme en un sitio estratégico en el área preparada especialmente para alojar a la prensa radial y escrita, atisbaba buscando más estrellas.

El área donde se me situó, llamada "Bleacher press area", no es más que un graderío tipo estadio, montado frente al inicio de la alfombra roja. Debajo de nosotros se encontraban todos los medios televisivos quienes sí tenían oportunidad de entrevistar a todas las estrellas que llegaban. Este es un evento diseñado para la televisión.

El sol de California golpeaba sobre todos nosotros. Los españoles se preguntaban constantemente si ya había llegado Pedro Almodóvar. Una periodista italiana, preguntaba a quienes estábamos a su alrededor el nombre de cada estrella que pisaba la alfombra roja.

La alfombra comienza a volar

De repente los fanáticos, que la Academia admite para inyectarle adrenalina al programa que se transmite previo a la Ceremonia de premiación, y que colocó frente a nosotros en un graderío similar, comenzó a gritar. Yo trataba de entender lo que decían. Imposible. Todo era un frenesí. Tom Cruise o Brad Pitt pensé. Se trataba de Haley Joel Osment, el pequeño de la cinta "El Sexto Sentido".

Sonriente, pequeño y escoltado disimuladamente por su publicista, saludaba nerviosamente a todo el público que prácticamente le dio una ovación que se le hace a los grandes.

Haley, visiblemente desconcertado, y no es para menos, a sus escasos once años, todo mundo le admira como a los grandes, poco a poco fue encontrando la actitud apropiada para el momento. La sonrisa estática pronto se convirtió en franca simpatía.

Yo sabía que una de las apariciones sería la de Lucy Liu, actriz de origen oriental que está teniendo éxito con la serie de televisión Ally McBeal y que debido a que en un par de meses estrenará la versión para la pantalla de "Los Angeles de Charlie", había conseguido un puesto como presentadora de uno de los premios. He de ser sincero, la había visto en la pantalla chica y nunca me había parecido atractiva. Pero sobre la alfombra roja, lució espectacular. Un vestido rojo, con vetas negras envolviendo su delgado cuerpo - y con mirada fría- lució a su llegada, como una verdadera dama de Shanghai: Exótica y misteriosa. Ella se supo portadora de la oportunidad única para demostrar, a través de las cámaras, que su raza, más allá de la caricaturización que la misma industria del cine hace de los asiáticos, está llena de una dignidad milenaria.


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