La alfombra
mágica
Una de las atracciones mayores en el
día de entrega del Oscar es el desfile
que las estrellas hacen en la famosa alfombra
roja, ante fanáticos y medios de
comunicación
- Rolando
Medina López
- Crítico
de cine
- Enviado
especial de El Diario de Hoy
Fue
el cine mismo quien nos enseñó,
allá en la oscuridad de una sala
cinematográfica, las maravillas de las
alfombras mágicas de oriente que, volando
libremente por los cielos, llevaban a sus amos a
mundos de fantasía.
Hollywood tiene su propia alfombra
mágica: La alfombra roja que viste el
piso de la entrada del teatro donde año
con año se entregan las codiciadas
estatuillas doradas llamadas Oscar.
La electricidad que se vive al ver llegar a
todas las estrellas que admiramos es
inigualable. Este año, el Shrine
Auditorium de la ciudad de Los Angeles
vistió sus mejores galas. Luces,
réplicas gigantes de la estatuilla, ha
sido un testigo de grandes momentos del
Oscar.
Todo el perímetro del teatro donde se
realiza la entrega del Oscar se cierra para
establecer un mundo de oropel muy particular.
Así como en "El Mago de Oz", Dorothy debe
de caminar por el camino amarillo para llegar al
lugar mágico que le permitirá
regresar a casa, el Oscar, tiene su propio
camino, la alfombra roja, que lleva a las
estrellas hacia el sitio donde podrán
pasar a la inmortalidad o simplemente salir con
las manos vacías. Por ello esa alfombra
está llena de magia.
Mi primera estrella
La primera celebridad que divisé fue
Karen Black, actriz televisiva muy popular en
los Setenta. Algunos medios televisivos le
entrevistaban, pero a pesar de que trataba de
llamar la atención saludando al
público, éste simplemente le era
indiferente.
Mientras buscaba acomodarme en un sitio
estratégico en el área preparada
especialmente para alojar a la prensa radial y
escrita, atisbaba buscando más
estrellas.
El área donde se me situó,
llamada "Bleacher press area", no es más
que un graderío tipo estadio, montado
frente al inicio de la alfombra roja. Debajo de
nosotros se encontraban todos los medios
televisivos quienes sí tenían
oportunidad de entrevistar a todas las estrellas
que llegaban. Este es un evento diseñado
para la televisión.
El sol de California golpeaba sobre todos
nosotros. Los españoles se preguntaban
constantemente si ya había llegado Pedro
Almodóvar. Una periodista italiana,
preguntaba a quienes estábamos a su
alrededor el nombre de cada estrella que pisaba
la alfombra roja.
La alfombra comienza a volar
De repente los fanáticos, que la
Academia admite para inyectarle adrenalina al
programa que se transmite previo a la Ceremonia
de premiación, y que colocó frente
a nosotros en un graderío similar,
comenzó a gritar. Yo trataba de entender
lo que decían. Imposible. Todo era un
frenesí. Tom Cruise o Brad Pitt
pensé. Se trataba de Haley Joel Osment,
el pequeño de la cinta "El Sexto
Sentido".
Sonriente, pequeño y escoltado
disimuladamente por su publicista, saludaba
nerviosamente a todo el público que
prácticamente le dio una ovación
que se le hace a los grandes.
Haley, visiblemente desconcertado, y no es
para menos, a sus escasos once años, todo
mundo le admira como a los grandes, poco a poco
fue encontrando la actitud apropiada para el
momento. La sonrisa estática pronto se
convirtió en franca simpatía.
Yo sabía que una de las apariciones
sería la de Lucy Liu, actriz de origen
oriental que está teniendo éxito
con la serie de televisión Ally McBeal y
que debido a que en un par de meses
estrenará la versión para la
pantalla de "Los Angeles de Charlie",
había conseguido un puesto como
presentadora de uno de los premios. He de ser
sincero, la había visto en la pantalla
chica y nunca me había parecido
atractiva. Pero sobre la alfombra roja,
lució espectacular. Un vestido rojo, con
vetas negras envolviendo su delgado cuerpo - y
con mirada fría- lució a su
llegada, como una verdadera dama de Shanghai:
Exótica y misteriosa. Ella se supo
portadora de la oportunidad única para
demostrar, a través de las
cámaras, que su raza, más
allá de la caricaturización que la
misma industria del cine hace de los
asiáticos, está llena de una
dignidad milenaria.