Martes 28 de marzo


Oscar 2000:
Un show para el nuevo milenio

La ceremonia de entrega de los premios Oscar atrae a una audiencia de más de mil millones de personas alrededor del mundo. La fascinación por el glamour de las estrellas y conocer los ganadores año con año, es lo que le hace tan atractivo. El espectáculo de este año fue el mejor en años.

Rolando Medina López
Crítico de cine
Enviado especial de El Diario de Hoy

Los productores Richard Zanuck y Lili Fini Zanuck prometieron hacer de la ceremonia del Oscar 2000, un espectáculo digno de abrir el tercer milenio.

Ambos, productores cinematográficos de un gran prestigio en la comunidad fílmica, al expresar ese compromiso, se establecieron expectativas muy altas.

Todo inicia el año pasado. Larga, tediosa, aburrida y esquemática, la entrega del Oscar 1999, obligó a los organizadores a replantear toda la organización del show.

Anteriormente habíamos tenido ceremonias emotivas y entretenidas, ya fuera porque había una película en contienda favorita del público, como con "Titanic". En 1992, con "La Lista de Schindler", Steven Spielberg de recibir por fin el perdón de la comunidad fílmica de Hollywood. Para quienes año con año seguimos este pandemonium, no podremos olvidar el momento en que de un escenario oscuro, se fue iluminando la figura de Christopher Reeves en su silla de ruedas. Era la primera aparición pública del actor luego del accidente que le dejara paralítico.

Una ceremonia de cara al nuevo milenio

Los Zanucks lograron transformar un espectáculo que, si bien ha tenido momentos muy buenos, sufría de la artificialidad del teatro.

No importaba cuán espectaculares fueran los diseños del escenario, todo recordaba a un montaje teatral.

Creo que los productores al hacer converger dos medios complementarios, al menos en esto del Oscar, el cine y la televisión, lograron encontrar la fórmula que ha permitido ofrecer una ceremonia inolvidable.

Los Oscar están diseñados para lucir en televisión, pero deben rendir homenaje a su enemigo, el cine. Lo que ellos hicieron fue establecer un estilo que impactara a través de la pantalla chica pero que adaptara el lenguaje del cine.

Todo el escenario fue convertido en cada uno de los fotogramas que componen una película.

Las tonalidades azul, que dan la sensación de tecnología de punta, nos adentraron hacia la primera entrega del siglo veintiuno.

Hacer que Billy Crystal regresara como presentador fue genial. Esta fue la mejor conducción de Crystal de las cuatro que ha hecho.

Mezclando la espontaneidad que le caracteriza, con los números que el público espera, fue una estrella junto a las estrellas. Ya se ganó un sitio inmortal al lado de Bob Hope y de Jhonny Carson.

La ceremonia, con grandes momentos como la sorpresa que dio Michael Caine al robarle el Oscar al pequeño Haley Joel Osment.

Las bromas de la noche fueron a costa de Jack Nicholson, quien parece que se ha convertido de este reino que se llama Oscar, caricaturizando su ego y el ridículo que el año pasado hizo Roberto Benigni al desbordar una euforia latina por todo el Dorothy Chandler Pavillion.

Fue una entrega sin contratiempos. Que marcó un tiempo récord de cuatro horas con nueve minutos de duración. Más que la del año pasado, pero que se sintió mucho más dinámica. Los únicos puntos bajos fueron el largo homenaje rendido a Warren Beatty y los números músicales que rindieron homenaje a las mejores canciones en la historia del cine.

Cuando creímos que nos habíamos salvado de ese aburrimiento, al hacer con mayor dinamismo la presentación de las películas nominadas, al final tuvimos que soportar dos números musicales, que al publico del Shrine no le gustó.

El mejor momento de ambos números fue cuando Robin Williams apareció con la boca tapada, en franca alusión a la censura que cayó sobre la canción "Culpa a Canadá" de la cinta "South Park: Bigger and Uncut" debido a la letra grosera de la composición.

El reto es para el próximo año, en donde no sólo se deberá de superar la del presente, sino se le debe de sumar el reto de que la entrega será en el teatro que la Academia se encuentra construyendo en el corazón de Hollywood.

El Oscar regresa a Hollywood y espero que se traiga toda la calidad y diversión que mostró en su última presentación en el Shrine.


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