Martes 28 de marzo


Esta boca es mía
Cambios en la corte
Marcel Orestes Posada

Vamos a ver si los abogados somos capaces de usar con sensatez ese privilegio, tan caro cuanto raro, que la Constitución nos entrega cada trienio, par que esta vez, el sábado uno de abril próximo, podamos proclamar "He aquí a nuestros mejores hombres y mujeres, los magistrables de verdad, los más dignos de sentarse en cinco "tronos" judiciales.

Nadie resienta lo que diré. No es mi propósito denostar, sino exhortar. Es que hace tres años descubrí o (digo mejor) confirmé una regla: el voto abogadil es muy emocional, porque los hombres "de leyes" estamos gobernados más bien por la ley del corazón que por la del raciocinio, que mayormente obramos empujados por un erróneo cálculo de interés personal o por grupal miopía, que por la búsqueda del mejor beneficio de la nación. En efecto, según mis observaciones (EDH, 17 abril 97), el sufragio gremial se puede clasificar en 10 tipos, que son: por consigna, negociado, por conveniencia, inspirado, robot, al azar, a "mister" popularidad, a "missis" simpatía, porque me suena y no voto. Por supuesto, hay excepciones: pudo también manifestarse la decisión racional de muchos colegas, quienes apostaron al talento y no al talante.

El Salvador necesita transformaciones urgentes en el Órgano Judicial, huelga repetirlo. Y que comiencen en la cúpula, hay que insistir. Porque "los escalones no se barren de abajo para arriba". Así los anhelados cambios deberán caer en cascada, por ejemplarizante gravedad hacia la base, anquilosada por un siglo de soledad y desamparo dentro del rígido esquema verticalista autoritario, engendrante histórico de esta nuestra cultura de sumisión, a veces aduladora famélica, calada de temores y temblores hasta los tuétanos, por la amenaza siempre latente, a veces patente, de insanas represalias, (descarnado mentiz de la tan cacareada independencia). Un sistema que permite apretar a los de abajo, usando como soga el limpio principio de "pronta y cumplida justicia", que allá en las alturas afloja y se degrada, porque se confiesa sin tapujos la supremacía de un invento: el así llamado "criterio de oportunidad" (no otra cosa que guiños de conveniencia coyuntural), sin que nadie pueda (¿o quiera?) controlar tal desparpajo.

Pues bien, hace poco tuve el honor de cumplir un delicado encargo que me confiara la Asociación de Abogados de El Salvador (AAES): preparar una "Plataforma de Principios" como compromiso de sus precandidatos. Ahora los resumo así:

1.- Prudencia. Virtud cardinal que no es misticismo trashumante ni puritanismo mojigato, sino el "justo medio" aristotélico que respeta y hace respetar, que no ofende pero dice la verdad y la demuestra sin miedo. Que hace al hombre comedido, dispuesto a medir y ser medido.

2.- Integridad. Frente a las diversas corrientes de pensamiento político, económico, social, religioso, ser absolutamente probo, imparcial e independiente. Sin inclinación hacia personas o sectores. Comprometido sólo con la justicia. Sometido únicamente a la Constitución.

3.- Dignificación. Satisfacer tres reclamos enderezados hacia el Órgano Judicial, para hacerlo de verdad digno: a) Extrañamiento de elementos indeseables por corrupción, ineptitud o negligencia: b) Capacitación continua, para elevar los niveles de ética y eficiencia técnica: c) Selección y evaluación de funcionarios bajo pautas y procedimientos objetivos y equitativos, sin tráfico de influencias.

4.- Modernización. Planteamiento de reformas estructurales y legales, a fin de transferir la enorme carga de labores administrativas hacia el CNJ, para concentrarse exclusivamente en la función jurisdiccional. Modificar la actual distribución de competencias, con base en la demanda proyectada del servicio y no siguiendo el anacrónico criterio territorial del resto de la administración pública. En fin, reestructurar la organización humana de cada tribunal, etc.

¡Claro!, cualquiera puede decir "yo cumpliré". Pero no todos merecerán credibilidad (perdonen quienes se sientan aludidos). La garantía de cumplimiento únicamente proviene de la tipificación del candidato en el perfil de magistrado que la nueva centuria reclama, alimentado desde tres fuentes: capacidad intelectual sobresaliente; altos estándares de conducta moral pública y privada; desinteresada y valiente proyección humana; no improvisadas de boca, sino comprobadas con el testimonio de una vida de entrega a bien. Sólo a personas así dotadas se les debe permitir subir. Y con un encargo: sanear y sanar la dolida y doliente justicia, para que la sangre transfundida fluya y se derrame como el aceite con que se ungió a Aarón, desde la coronilla, pasando por las barbas, hasta alcanzar los pies; que la hagan caminar, por fin, pronta y cumplida.


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