- Analizando
- Mucha tela que
cortar
- Raúl
Monge*
- *CNN
radionoticias
Aun cuando la maquila salvadoreña se
encuentra en circunstancias nada alentadoras, es
importante destacar la férrea lucha que
sus agremiados mantienen en Washington, por
conseguir un trato preferencial en materia
arancelaria.
Las negociaciones no son nada fáciles.
Se trata de ejercer alguna influencia sobre los
congresistas y, por si eso fuera poco,
también enfrentarse a los sindicalistas
de la AFL-CIO, que tratan de impedir que se
favorezca a los centroamericanos y africanos con
la ampliación de la llamada Iniciativa de
la Cuenca del Caribe (ICC).
Para los obreros norteamericanos, la ICC les
quita empleos, no obstante ellos tienen
más alternativas de sobrevivir que los
salvadoreños en su propio país. En
mi apreciación no son las mismas
oportunidades, porque a ellos les sobran fuentes
de trabajo, mientras que en El Salvador las
oportunidades son casi nulas para un sector cuyo
nivel de estudios es muy bajo.
Por otra parte, los representantes de la
industria de la confección han expresado
su temor de ser vencidos por el factor tiempo,
ya que para el año 2005 se abrirá
la cortina del libre comercio, en donde Estados
Unidos piensa favorecer a la China, un mercado
que aplastará al centroamericano si la
ICC no se firma en los próximos
meses.
Todo este esfuerzo, dicen los agremiados, es
una carrera por sacar al sector textilero de la
postración y, por ende, se espera que
como resultado se genera la apertura de
más empresas. De firmarse la
aprobación de la ICC, el país se
beneficiará con más de 75 mil
empleos adicionales a los ya existentes y eso
significaría un beneficio directo para
igual número de familias.
En 1992 la exportación de ropa
confeccionada hacia los Estados Unidos
había alcanzado un 83.61 por ciento,
sufriendo una estrepitosa caída del 11.26
por ciento en 1998, muy por debajo del 12.49 del
comportamiento mundial. Unos 50 mil empleos se
perdieron. Sin embargo, es necesario destacar
que la maquila ha tenido un leve crecimiento en
los últimos años, en un 32 por
ciento.
Desde la década de los ochenta, cuando
se dio la más grande fuga de cerebros
hacia los Estados Unidos y otros países
del mundo, las empresas padecieron de grandes
pérdidas a causa de absorber los costos
del entrenamiento a personal no calificado. En
su intento también fracasaron, porque,
una vez capacitado el personal, el mismo
también acudió a hacer cola en la
embajada norteamericana acreditada en nuestro
país, siempre en la búsqueda de
mejores horizontes.
Los otrora llamados "Japoneses de
América", los salvadoreños,
comienzan a surgir ahora con nuevos brillos ante
un reto muy difícil, pero que, de obtener
la victoria, les colocaría en un lugar
privilegiado entre la mano de obra calificada
mejor cotizada del mundo.