Martes 28 de marzo


Analizando
Mucha tela que cortar
Raúl Monge*
*CNN radionoticias

Aun cuando la maquila salvadoreña se encuentra en circunstancias nada alentadoras, es importante destacar la férrea lucha que sus agremiados mantienen en Washington, por conseguir un trato preferencial en materia arancelaria.

Las negociaciones no son nada fáciles. Se trata de ejercer alguna influencia sobre los congresistas y, por si eso fuera poco, también enfrentarse a los sindicalistas de la AFL-CIO, que tratan de impedir que se favorezca a los centroamericanos y africanos con la ampliación de la llamada Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC).

Para los obreros norteamericanos, la ICC les quita empleos, no obstante ellos tienen más alternativas de sobrevivir que los salvadoreños en su propio país. En mi apreciación no son las mismas oportunidades, porque a ellos les sobran fuentes de trabajo, mientras que en El Salvador las oportunidades son casi nulas para un sector cuyo nivel de estudios es muy bajo.

Por otra parte, los representantes de la industria de la confección han expresado su temor de ser vencidos por el factor tiempo, ya que para el año 2005 se abrirá la cortina del libre comercio, en donde Estados Unidos piensa favorecer a la China, un mercado que aplastará al centroamericano si la ICC no se firma en los próximos meses.

Todo este esfuerzo, dicen los agremiados, es una carrera por sacar al sector textilero de la postración y, por ende, se espera que como resultado se genera la apertura de más empresas. De firmarse la aprobación de la ICC, el país se beneficiará con más de 75 mil empleos adicionales a los ya existentes y eso significaría un beneficio directo para igual número de familias.

En 1992 la exportación de ropa confeccionada hacia los Estados Unidos había alcanzado un 83.61 por ciento, sufriendo una estrepitosa caída del 11.26 por ciento en 1998, muy por debajo del 12.49 del comportamiento mundial. Unos 50 mil empleos se perdieron. Sin embargo, es necesario destacar que la maquila ha tenido un leve crecimiento en los últimos años, en un 32 por ciento.

Desde la década de los ochenta, cuando se dio la más grande fuga de cerebros hacia los Estados Unidos y otros países del mundo, las empresas padecieron de grandes pérdidas a causa de absorber los costos del entrenamiento a personal no calificado. En su intento también fracasaron, porque, una vez capacitado el personal, el mismo también acudió a hacer cola en la embajada norteamericana acreditada en nuestro país, siempre en la búsqueda de mejores horizontes.

Los otrora llamados "Japoneses de América", los salvadoreños, comienzan a surgir ahora con nuevos brillos ante un reto muy difícil, pero que, de obtener la victoria, les colocaría en un lugar privilegiado entre la mano de obra calificada mejor cotizada del mundo.


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