Martes 28 de marzo


La Nota del Día
 

Beneficios a unos y costos a otros

En los asuntos presupuestarios, así como en una parte de las actividades económicas, vale el principio de "la ganancia de uno es la pérdida de otro".

Cae de su propio peso que si un gobierno incrementa los gastos de educación, a otros ministerios se les reducen sus asignaciones. Como contrapartida, cuando dos personas comercian -uno vende fruta a otro-, las dos partes ganan, ya que de no ser así no se efectuaría el intercambio.

Traemos esto a cuentas por la pretensión de ciertos grupos de agricultores, de obtener préstamos a bajos tipos de interés y un mayor proteccionismo arancelario. Para eliminar la "competencia desleal", se quiere que ciertos productos, como la carne y los lácteos, paguen más impuestos.

Tal cosa, sin embargo, representaría un encarecimiento de muchos bienes de consumo, en detrimento del interés de los consumidores. Si se establecen cuotas a la importación de carne nicaragüense, como ejemplo, el precio de la carne en general va a subir, aun cuando eso mejore los ingresos de un número de ganaderos. A esto hay que agregar que los nicaragüenses tomarían represalias contra la producción industrial salvadoreña, generando una guerra proteccionista ruinosa para ambos países.

Hay que analizar la pretensión de bajar las tasas de interés a los créditos que se concedan a los agricultores. A menos que los fondos para esos préstamos bajen del azul del cielo, lo que a unos se concede por decisión política, es a costillas del resto de usuarios de los bancos. Tendría que haber una reducción en las tasas de interés que se pagan a los ahorrantes, un alza en los intereses de los créditos comunes (los de vivienda o los destinados a la industria), una reducción en la calidad de los servicios financieros (o el consiguiente encarecimiento), y un aumento en los niveles de riesgo. Literalmente, los beneficios de las "políticas sectoriales" los pagan todos los ciudadanos.

Hay otro factor que tomar en cuenta. Las "políticas sectoriales" tienen que ser, por lógica, diseñadas para cada actividad económica. No puede ser lo mismo una política dirigida a la ganadería, que la enfocada a granos o avicultura. Esto conduce a un estira y encoge, donde los grupos de mayor peso prevalecen sobre el resto. O, poniéndolo en términos que nos son familiares, la fijación de tales políticas cae en el tráfico de influencias y, por tanto, en un grado de corrupción. Los importadores de carne se van a oponer a que se eleven los aranceles a la carne, mientras los ganaderos pujarán por mayores barreras. Nadie, por otra parte, vela por el bienestar del consumidor, que somos todos.

Que lluevan sobre nosotros granos baratos...

Es del caso comentar lo de "competencia desleal". Cuando los productos que subsidia un gobierno extranjero son derivados de cultivos permanentes, como digamos el café, que toma varios años en crecer, el subsidio puede arruinar la incipiente agricultura local. Pero si son productos de cultivos estacionales, como los granos, el subsidio se convierte en un regalo para el país que importa, ya que baja los precios. Si Argentina o Ucrania deciden volcar sobre nosotros sus excedentes de granos, enhorabuena.

Nuestro admirado amigo Henry Hazlitt dijo que la lección fundamental de la economía era averiguar los efectos inmediatos, pero también las consecuencias de toda medida. No hay que dejarse ir sólo por las apariencias...


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