La
Nota del Día
Beneficios a unos y
costos a otros
En los asuntos presupuestarios, así
como en una parte de las actividades
económicas, vale el principio de "la
ganancia de uno es la pérdida de
otro".
Cae de su propio peso que si un gobierno
incrementa los gastos de educación, a
otros ministerios se les reducen sus
asignaciones. Como contrapartida, cuando dos
personas comercian -uno vende fruta a otro-, las
dos partes ganan, ya que de no ser así no
se efectuaría el intercambio.
Traemos esto a cuentas por la
pretensión de ciertos grupos de
agricultores, de obtener préstamos a
bajos tipos de interés y un mayor
proteccionismo arancelario. Para eliminar la
"competencia desleal", se quiere que ciertos
productos, como la carne y los lácteos,
paguen más impuestos.
Tal cosa, sin embargo, representaría
un encarecimiento de muchos bienes de consumo,
en detrimento del interés de los
consumidores. Si se establecen cuotas a la
importación de carne nicaragüense,
como ejemplo, el precio de la carne en general
va a subir, aun cuando eso mejore los ingresos
de un número de ganaderos. A esto hay que
agregar que los nicaragüenses
tomarían represalias contra la
producción industrial salvadoreña,
generando una guerra proteccionista ruinosa para
ambos países.
Hay que analizar la pretensión de
bajar las tasas de interés a los
créditos que se concedan a los
agricultores. A menos que los fondos para esos
préstamos bajen del azul del cielo, lo
que a unos se concede por decisión
política, es a costillas del resto de
usuarios de los bancos. Tendría que haber
una reducción en las tasas de
interés que se pagan a los ahorrantes, un
alza en los intereses de los créditos
comunes (los de vivienda o los destinados a la
industria), una reducción en la calidad
de los servicios financieros (o el consiguiente
encarecimiento), y un aumento en los niveles de
riesgo. Literalmente, los beneficios de las
"políticas sectoriales" los pagan todos
los ciudadanos.
Hay otro factor que tomar en cuenta. Las
"políticas sectoriales" tienen que ser,
por lógica, diseñadas para cada
actividad económica. No puede ser lo
mismo una política dirigida a la
ganadería, que la enfocada a granos o
avicultura. Esto conduce a un estira y encoge,
donde los grupos de mayor peso prevalecen sobre
el resto. O, poniéndolo en
términos que nos son familiares, la
fijación de tales políticas cae en
el tráfico de influencias y, por tanto,
en un grado de corrupción. Los
importadores de carne se van a oponer a que se
eleven los aranceles a la carne, mientras los
ganaderos pujarán por mayores barreras.
Nadie, por otra parte, vela por el bienestar del
consumidor, que somos todos.
Que lluevan sobre nosotros
granos baratos...
Es del caso comentar lo de "competencia
desleal". Cuando los productos que subsidia un
gobierno extranjero son derivados de cultivos
permanentes, como digamos el café, que
toma varios años en crecer, el subsidio
puede arruinar la incipiente agricultura local.
Pero si son productos de cultivos estacionales,
como los granos, el subsidio se convierte en un
regalo para el país que importa, ya que
baja los precios. Si Argentina o Ucrania deciden
volcar sobre nosotros sus excedentes de granos,
enhorabuena.
Nuestro admirado amigo Henry Hazlitt dijo que
la lección fundamental de la
economía era averiguar los efectos
inmediatos, pero también las
consecuencias de toda medida. No hay que dejarse
ir sólo por las apariencias...