Sábado 25 de marzo


























Evangelio para domingo

Juan 2, 13-25

Fiesta de la Pascua

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados detrás de sus mesas. Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del templo junto con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero por el suelo.

A los que vendían palomas les dijo: "Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado".

Sus discípulos se acordaron de lo que dice la escritura: "Me devora el celo por tu Casa".

Los judíos intervinieron: "¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?".

Jesús respondió: "Destruyan este templo y Yo lo reedificaré en tres días".

Ellos contestaron: "Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?".

En realidad, Jesús hablaba de ese templo que es su cuerpo. Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho y creyeron tanto en la Escritura como en lo que Jesús dijo.

Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, y muchos creyeron en Él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos y no necesitaba pruebas sobre nadie, porque Él conocía lo que había en la persona.

Jesús: Templo del culto al Padre

"Se acercaba la Pascua..."

La Pascua es la fiesta de la liberación. Juan nos presenta en su Evangelio a Jesús que viene a hacer realidad esa liberación que nace de la autenticidad de vida.

El templo de Jerusalén era la gloria máxima del Judaísmo, centro de unidad y encarnación más representativa del Pueblo Judío.

Pero lo que Jesús encuentra en el templo es más bien una nueva forma de opresión del pueblo que pervierte el culto debido a Dios. La casa del Padre que ama y libera a su pueblo se ha convertido en "casa de mercado" que explota y envilece...

"¡Quiten esto de aquí!"

La acción de Jesús es un gesto profético: Él purifica el culto del templo, denigrado por todo el mercantilismo. La protesta y el rechazo de Jesús afecta poderosos intereses: los de aquellos que han reemplazo a Dios por su codicia.

"Muchos creyeron en su Nombre..."

La actitud de Jesús provoca en mucha gente la fe, pero debe ser esa fe que es un asunto profundo y amplio, que se manifiesta como la experiencia interior sobre la verdadera manera de vivir, de amar, de perderse, de adherirse a Aquel que llega a la vida dándose del todo...

"Y nosotros..."

Con las palabras que Juan pone en boca de Jesús podemos descubrir que Jesús es la nueva propuesta de Dios para la humanidad. El templo antiguo, gloria del Judaísmo, es superado y reemplazado por el nuevo templo, el cuerpo de Cristo. Así, Jesús es el verdadero templo de Dios donde puede producirse el encuentro de Dios y la humanidad.

Ahora el templo es símbolo de todo el mundo, verdadero lugar de la presencia de Dios; es el mundo que Jesús purificó de su mal. Purificación que no consiste en limpiar el culto del templo, sino en superarlo de tal forma que la presencia salvadora de Dios no está en un lugar, sino en una persona, el Hijo Jesús...

Para los seguidores de Jesús, creer en Dios es poner toda su confianza en Él.

¿Cómo está nuestra fe? Este Evangelio de hoy nos invita a un severo examen de conciencia tanto a nivel personal como comunitario. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb


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