Sábado 25 de marzo


El Salvador en perspectiva
El sector más abusado
Mario Rosenthal
E-mail: mrelsalv@cyt.net

Los cafetaleros se quejan de que cuando los precios internacionales están buenos el gobierno les explota y si están malos, no les ayuda. El café fue la base de la poca riqueza que El Salvador ha gozado y es el sector que más sufrió la maldición de la reforma agraria. Las fincas de café que no fueron despedazados son los únicos vestigios de áreas forestales que protegen el país de ser un desierto de cerros pelados y de una población rural sin trabajo.

El café es el sector que más contribuye a generar divisas y a dar trabajo a mano de obra no calificada. El cultivo es sumamente arriesgado. El capital invertido en el café no se conserva ni produce intereses automáticamente, como un certificado a plazo de capital depositado en un banco. Ni siquiera ofrece la garantía de una inversión en mercadería, que si no se vende se puede rematar a precio de costo. El costo de levantar una finca de café queda en la tierra y si se abandona se pierde todo. Las plantaciones están expuestas a plagas que se tienen que combatir constantemente, requieren de abono y periódicamente se tienen que limpiar y podar. Las plantaciones de café están expuestas a las incertidumbres del tiempo. Si llueve mucho, si llueve muy poco, si no llueve, si llueve muy temprano en el año o si se retrasan las lluvias, todo afecta la cosecha. Los cafetales se tienen que repoblar constantemente y cinco largos años de cuido son necesarios entre la siembra en el semillero, el transplante a la finca y la primera cosecha.

El cafetalero no sólo está a la merced de los vaivenes del tiempo, pero lo que es una amenaza aún más allá de su control, es el precio internacional que es controlado por un cartel de tostadores en los Estados Unidos, el mayor consumidor de café del mundo. Manipulan la bolsa de café de Nueva York, comprando grandes cantidades de café a futuros para hacer bajar el precio. Lógico sería que los países productores de café procesaran su materia prima ellos mismos, como hicieron los productores de trigo norteamericanos hace unas décadas y establecieron molinos de harina contiguos a sus siembras y se convirtieron en mayoristas de harinas. Pero los cafetaleros dicen que el oligopolio de los tostadores es tan fuerte que no hay capital latinoamericano que pueda competir con ellos. Los precios de café en oro suben y bajan continuamente, pero los precios al consumidor de café tostado nunca bajan. El café en oro puede oscilar entre un dólar y un dólar y medio por libra, pero el café tostado nunca baja de $4.00 a $5.00 por libra al consumidor.

Entre 1990 y 1994, el gobierno concedió a los cafetaleros un crédito de $15.00 por quintal oro producido, el reembolso se estableció con un recargo de $4.00 por quintal oro exportado, cobrado por medio de los beneficiadores. Esta deuda ha sido cancelada en su mayor parte, pero los beneficiadores siguen descontando los $4.00 por cada quintal producido, sin tomar en cuenta que por lo menos el 10% de la cosecha se consume en el país y no es exportada. El consumo interno se calcula en unos 300,000 quintales por año, que representa $1.4 millones, o sean ¢12.2 millones anuales que nadie sabe qué se hacen.

El robo de café en las fincas ha llegado a dimensiones escandalosas. Todo el café en uva tiene que pasar por los beneficios, y algunos productores sin escrúpulos compran lo robado y lo entregan como propio. Un cafetalero que ha sido afectado se queja de que los beneficiadores bien se dan cuenta si la entrega de un cafetalero aumenta repentinamente, y que se debería investigar, pero no lo hacen.

Para que se mantenga y aumente la producción de café en El Salvador hay que sembrar y replantar, pero es sabido que el cafetalero está endeudado, y no es sujeto de crédito y a veces no puede hacer frente adecuado al mantenimiento de su plantación. Es obvio que el café, al que El Salvador debe tanto, está en peligro de disminuir y hasta de desaparecer. El remedio, según un grupo de cafetaleros -movido más por amor a los cafetales que por el lucro- son créditos a largo plazo con bajos intereses y cinco años de gracia.


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