Viernes 24 de marzo


San Miguel
Ley del Menor Infractor cumplió cinco años
Una ley 'ideal' en un mundo inadecuado

La Asamblea Legislativa tiene en sus manos un proyecto de reformas a la Ley del Menor: una normativa que busca reeducar a los jóvenes infractores y que aún no encuentra eco en la sociedad salvadoreña

Rosemarié Mixco/Cristian Zelaya
El Diario de Hoy

El niño quedó solo en un mundo inhóspito y desconocido, donde los peligros acechan en cada rincón. Dios puso en su camino un grupo de monos que lo adoptaron y enseñaron a sobrevivir en esa jungla. Creció matando para comer y peleando para defender a su manada.

A diferencia de Tarzán, los menores infractores nacidos en El Salvador aprendieron a sobrevivir en una selva de concreto donde nadie les enseñó a diferenciar lo bueno de lo malo.

Se agrupan para defenderse del mundo que los rechaza y rigen sus actos en el lema "El más fuerte es el que sobrevive".

Desde hace cinco años, el Estado viene aplicando lo que se conoce como La Ley del Menor Infractor, normativa que integra un marco jurídico nacional que tiene como objetivos educar a esos jóvenes para luego reinsertarlos a la sociedad.

"La ley tiene un carácter humano", exclamó la Licda. Nancy Jiménez, juez 1o. de Menores en la ciudad de San Miguel.

La operadora explica que la normativa que rige el fenómeno de los infractores fue creado bajo la noción de que la mayoría de "clientes" son menores procedentes de hogares desintegrados y de escasos recursos. "Han sido víctimas de sus mismos progenitores. Otros ni los conocen. Ellos han encontrado calor de familia en las calles, delinquiendo", recordó.

Los obstáculos

En la actualidad, existen un total de 415 menores que cumplen medida de internamiento en alguno de los tres centros de resguardo que funcionan a nivel nacional: Rosa Virginia Peletier, en San Salvador; El Espino, Ahuachapán, y Ciudad Barrios, en San Miguel.

Ninguno cumple con las expectativas de lo que debería ser el lugar donde los menores se someterán a un proceso de readaptación.

En este punto, la Licda. Jiménez lamenta la mala calidad del trabajo desarrollado por las instituciones que velan por dicha función, como lo es el Instituto Salvadoreño de Protección al Menor (ISPM).

Ella critica a esta institución por lo que considera son pocos esfuerzos realizados en la instalación de centros de resguardo favorables para los menores y la aplicación de programas que contribuyan a su readaptación.

Al respecto, el Dr. Rafael Flores y Flores, director general de la Unidad Técnica Ejecutiva (UTE) del Sector Justicia, entidad a cargo de la coordinación de las instituciones involucradas con el trabajo del menor, informó que en la actualidad ya se cuenta con la condiciones y el equipo necesario para establecer las regionales del ISPM en diferentes ciudades del país y otros centros de resguardo.

En cuanto a la apertura del centro de Tonacatepeque, el abogado aseguró que no pasa de la primera mitad del año sin que los menores de Ciudad Barrios sean trasladados hacia ese lugar.

"Mamá, sólo contigo quiero hablar"

Un grupo de exploradores capturaron a Tarzán y lo llevaron consigo hacia lo que ellos consideraban la civilización. Allí lo sometieron a los cuidados de científicos interesados en estudiarlo. Luego, trataron de reinsertarlo a la sociedad a la que en teoría pertenecía. Al final, Tarzán decidió volver a la jungla que lo vio crecer, ante el rechazó de las personas que lo tildaron de "fenómeno".

Carlos (nombre ficticio) es uno de los menores que tuvo a su cargo la Licda. Nancy Jiménez, ahora juez 1o. de Menores de San Miguel. Como Tarzán, este joven fue abandonado por sus padres desde muy pequeño y aprendió a sobrevivir en las calles.

Desarrolló una habilidad increíble para el robo y hurto, al punto de que todo saqueo que se reportaba en el lugar donde vivía era atribuido a él. La única evidencia que dejaba eran sus necesidades biológicas.

El caso llegó a manos de la juez, quien le siguió la pista hasta que el hermano mayor del infractor decidió entregarlo a las autoridades.

El joven fue recluido en un resguardo, donde se destacó como interno ejemplar. La recompensa fue la libertad. Sin embargo, el menor tuvo que enfrentar el rechazo de la comunidad, que le impuso el estigma de "delincuente", y la desconfianza de las autoridades.

Más de una vez, la juez acudió en su ayuda, actitud que le mereció a la operadora el cariño y la fe de Carlos. "Percibí que tenía confianza en mí y desde entonces me llamó mamá", recuerda la funcionaria.

Cuando la juez fue enviada a otra ciudad, el joven quedó en el resguardo y muchos le dijeron: "Se fue tu nana". No obstante, Carlos encontró la ayuda de un religioso que lo encaminó hacia la labor cristiana, donde encontró la satisfacción de dar y ser amado. Hoy está a cargo de la evangelización de los resguardos, y piensa casarse y formar un hogar.

Carlos nunca olvida a su "mamá", a esa juez que creyó en él y le dio el cariño y la paciencia para obtener su readaptación.


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