San
Miguel
Ley
del Menor Infractor cumplió cinco
años
Una ley
'ideal' en un mundo inadecuado
La Asamblea Legislativa
tiene en sus manos un proyecto de reformas a la
Ley del Menor: una normativa que busca reeducar
a los jóvenes infractores y que
aún no encuentra eco en la sociedad
salvadoreña
- Rosemarié
Mixco/Cristian Zelaya
- El
Diario de Hoy
El
niño quedó solo en un mundo
inhóspito y desconocido, donde los
peligros acechan en cada rincón. Dios
puso en su camino un grupo de monos que lo
adoptaron y enseñaron a sobrevivir en esa
jungla. Creció matando para comer y
peleando para defender a su manada.
A diferencia de
Tarzán, los menores infractores nacidos
en El Salvador aprendieron a sobrevivir en una
selva de concreto donde nadie les
enseñó a diferenciar lo bueno de
lo malo.
Se agrupan para defenderse
del mundo que los rechaza y rigen sus actos en
el lema "El más fuerte es el que
sobrevive".
Desde hace cinco
años, el Estado viene aplicando lo que se
conoce como La Ley del Menor Infractor,
normativa que integra un marco jurídico
nacional que tiene como objetivos educar a esos
jóvenes para luego reinsertarlos a la
sociedad.
"La ley tiene un
carácter humano", exclamó la
Licda. Nancy Jiménez, juez 1o. de Menores
en la ciudad de San Miguel.
La operadora explica que
la normativa que rige el fenómeno de los
infractores fue creado bajo la noción de
que la mayoría de "clientes" son menores
procedentes de hogares desintegrados y de
escasos recursos. "Han sido víctimas de
sus mismos progenitores. Otros ni los conocen.
Ellos han encontrado calor de familia en las
calles, delinquiendo",
recordó.
Los
obstáculos
En la actualidad, existen
un total de 415 menores que cumplen medida de
internamiento en alguno de los tres centros de
resguardo que funcionan a nivel nacional: Rosa
Virginia Peletier, en San Salvador; El Espino,
Ahuachapán, y Ciudad Barrios, en San
Miguel.
Ninguno cumple con las
expectativas de lo que debería ser el
lugar donde los menores se someterán a un
proceso de readaptación.
En este punto, la Licda.
Jiménez lamenta la mala calidad del
trabajo desarrollado por las instituciones que
velan por dicha función, como lo es el
Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor (ISPM).
Ella critica a esta
institución por lo que considera son
pocos esfuerzos realizados en la
instalación de centros de resguardo
favorables para los menores y la
aplicación de programas que contribuyan a
su readaptación.
Al respecto, el Dr. Rafael
Flores y Flores, director general de la Unidad
Técnica Ejecutiva (UTE) del Sector
Justicia, entidad a cargo de la
coordinación de las instituciones
involucradas con el trabajo del menor,
informó que en la actualidad ya se cuenta
con la condiciones y el equipo necesario para
establecer las regionales del ISPM en diferentes
ciudades del país y otros centros de
resguardo.
En cuanto a la apertura
del centro de Tonacatepeque, el abogado
aseguró que no pasa de la primera mitad
del año sin que los menores de Ciudad
Barrios sean trasladados hacia ese
lugar.
"Mamá,
sólo contigo quiero
hablar"
Un grupo de exploradores
capturaron a Tarzán y lo llevaron consigo
hacia lo que ellos consideraban la
civilización. Allí lo sometieron a
los cuidados de científicos interesados
en estudiarlo. Luego, trataron de reinsertarlo a
la sociedad a la que en teoría
pertenecía. Al final, Tarzán
decidió volver a la jungla que lo vio
crecer, ante el rechazó de las personas
que lo tildaron de "fenómeno".
Carlos (nombre ficticio)
es uno de los menores que tuvo a su cargo la
Licda. Nancy Jiménez, ahora juez 1o. de
Menores de San Miguel. Como Tarzán, este
joven fue abandonado por sus padres desde muy
pequeño y aprendió a sobrevivir en
las calles.
Desarrolló una
habilidad increíble para el robo y hurto,
al punto de que todo saqueo que se reportaba en
el lugar donde vivía era atribuido a
él. La única evidencia que dejaba
eran sus necesidades
biológicas.
El caso llegó a
manos de la juez, quien le siguió la
pista hasta que el hermano mayor del infractor
decidió entregarlo a las
autoridades.
El joven fue recluido en
un resguardo, donde se destacó como
interno ejemplar. La recompensa fue la libertad.
Sin embargo, el menor tuvo que enfrentar el
rechazo de la comunidad, que le impuso el
estigma de "delincuente", y la desconfianza de
las autoridades.
Más de una vez, la
juez acudió en su ayuda, actitud que le
mereció a la operadora el cariño y
la fe de Carlos. "Percibí que
tenía confianza en mí y desde
entonces me llamó mamá", recuerda
la funcionaria.
Cuando la juez fue enviada
a otra ciudad, el joven quedó en el
resguardo y muchos le dijeron: "Se fue tu nana".
No obstante, Carlos encontró la ayuda de
un religioso que lo encaminó hacia la
labor cristiana, donde encontró la
satisfacción de dar y ser amado. Hoy
está a cargo de la evangelización
de los resguardos, y piensa casarse y formar un
hogar.
Carlos nunca olvida a su
"mamá", a esa juez que creyó en
él y le dio el cariño y la
paciencia para obtener su
readaptación.