Viernes 24 de marzo


Orientaciones familiares
El amor de los esposos
Por pastor Mario Vega
E-mail: rresantaana@ejje.com

Las Escrituras cristianas son claras cuando establecen el imperativo del amor para los hombres casados. Ellos deben amar a sus esposas como a sí mismos.

Este amor debe ser bien comprendido. El énfasis que se da al aspecto romántico o erótico de una relación en la época presente no tiene ninguna relación con el énfasis que el Cristianismo desea imprimir al matrimonio.

El Nuevo Testamento fue escrito en griego. Este idioma posee diferentes palabras que pueden traducirse al español como amor. Una de esas palabras es "eros", de donde viene la palabra "erótico" en español. Otra palabra es "ágape", que es la que más insistentemente se usa para referirse tanto al amor hacia el cónyuge, al prójimo o a Dios.

Los énfasis se pueden comprender fácilmente al comprobrar que la palabra "eros" no aparece ni una sola vez en las Escrituras. Caso contrario es "ágape", que como ya dijimos aparece interminablemente en las Escrituras.

Pero ¿qué es el amor ágape?

El amor ágape es el amor de entrega, de acción, el que no espera ser recompensado, el que enfatiza las obras de amor. Pablo afirmó: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla" (Efesios 5:25-26).

El amor de Cristo por su Iglesia es el modelo que debe seguir todo esposo en su amor por su esposa. El amor de Cristo se tradujo en obras. En su caso, llegó hasta el martirio como expresión plena de su amor. "Cristo amó y se entregó". Este es el amor ágape. Amor que se entrega, que no espera retribución.

Lo que el amor da es la totalidad del ser. "Cristo amó y se entregó a sí mismo". Cristo no dio algo de sí mismo, es decir, sólo una parte de su ser. El se dio a sí mismo por completo. En el amor de un esposo por su esposa, aquél no debe entregar sólo algo de sí. No se trata de entregar un poco de su tiempo, de su dinero, de su atención. Dios espera que, al igual que su Hijo, los esposos se entreguen a sí mismos a sus esposas.

Finalmente, Cristo "amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla". Cristo se entregó enteramente por su Iglesia no porque ella fuese perfecta y sin mancha. Todo lo contrario, se entregó para santificarla, para perfeccionarla. El amor no se da en razón de que la otra persona sea sin defecto. Se la ama tal como es. En la medida que el esposo se dedica, en entrega, a amar a su esposa, ésta irá convirtiéndose en una mejor mujer. Tal como la Iglesia que cada día es mejor, hasta alcanzar su glorificación, en virtud del amor que Cristo le prodigó.


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