- Orientaciones
familiares
- El amor de los
esposos
- Por
pastor Mario Vega
- E-mail: rresantaana@ejje.com
Las
Escrituras cristianas son claras cuando
establecen el imperativo del amor para los
hombres casados. Ellos deben amar a sus esposas
como a sí mismos.
Este amor debe ser bien comprendido. El
énfasis que se da al aspecto
romántico o erótico de una
relación en la época presente no
tiene ninguna relación con el
énfasis que el Cristianismo desea
imprimir al matrimonio.
El Nuevo Testamento fue escrito en griego.
Este idioma posee diferentes palabras que pueden
traducirse al español como amor. Una de
esas palabras es "eros", de donde viene la
palabra "erótico" en español. Otra
palabra es "ágape", que es la que
más insistentemente se usa para referirse
tanto al amor hacia el cónyuge, al
prójimo o a Dios.
Los énfasis se pueden comprender
fácilmente al comprobrar que la palabra
"eros" no aparece ni una sola vez en las
Escrituras. Caso contrario es "ágape",
que como ya dijimos aparece interminablemente en
las Escrituras.
Pero ¿qué es el amor
ágape?
El amor ágape es el amor de entrega,
de acción, el que no espera ser
recompensado, el que enfatiza las obras de amor.
Pablo afirmó: "Maridos, amad a vuestras
mujeres, así como Cristo amó a la
Iglesia, y se entregó a sí mismo
por ella, para santificarla" (Efesios
5:25-26).
El amor de Cristo por su Iglesia es el modelo
que debe seguir todo esposo en su amor por su
esposa. El amor de Cristo se tradujo en obras.
En su caso, llegó hasta el martirio como
expresión plena de su amor. "Cristo
amó y se entregó". Este es el amor
ágape. Amor que se entrega, que no espera
retribución.
Lo que el amor da es la totalidad del ser.
"Cristo amó y se entregó a
sí mismo". Cristo no dio algo de
sí mismo, es decir, sólo una parte
de su ser. El se dio a sí mismo por
completo. En el amor de un esposo por su esposa,
aquél no debe entregar sólo algo
de sí. No se trata de entregar un poco de
su tiempo, de su dinero, de su atención.
Dios espera que, al igual que su Hijo, los
esposos se entreguen a sí mismos a sus
esposas.
Finalmente, Cristo "amó a la Iglesia,
y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla". Cristo se entregó
enteramente por su Iglesia no porque ella fuese
perfecta y sin mancha. Todo lo contrario, se
entregó para santificarla, para
perfeccionarla. El amor no se da en razón
de que la otra persona sea sin defecto. Se la
ama tal como es. En la medida que el esposo se
dedica, en entrega, a amar a su esposa,
ésta irá convirtiéndose en
una mejor mujer. Tal como la Iglesia que cada
día es mejor, hasta alcanzar su
glorificación, en virtud del amor que
Cristo le prodigó.