- Temas
bíblicos
- Costumbres
judías de sepelio en la época
de Jesús
- Edgar
López Bertrand*
"Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y
lo envolvieron en lienzos con especias
aromáticas, según es costumbre
sepultar entre los judíos"
(Sn. Juan 10:40).
Las costumbres de sepelio en Israel, sobre
todo entre las personas más ricas de
Jerusalén, alcanzaron un desarrollo
especial en el último siglo antes de la
destrucción del templo. El que estaba en
condiciones, se hacía labrar una tumba
familiar en la roca, de las cuales muchas
están bien conservadas hasta el
día de hoy. Esta usanza comenzó en
la época del primer templo, de la que
provienen algunas de las tumbas familiares
magníficas. A través de
Isaías, Dios reprendió el intento
de un mayordomo de la realeza, que quería
perpetuarse por medio de una tumba
monumental.
Sabemos, a través del Nuevo
Testamento, que entre los fariseos y los
saduceos existía una considerable
diferencia de opinión sobre la
resurrección de los muertos -los fariseos
creían en ella, los saduceos no (Mateo
22:23; Hechos 23:6-8)-. Esto llevaba a una
polarización, cuyo resultado, con base en
la creencia de resurrección de los
fariseos, fue que las costumbres de sepelio se
fueran refinando cada vez más.
Hacían esto para garantizar que nada
faltara cuando resucitaran, a pesar de que la
Palabra de Dios no menciona nada
específico al respecto. Esta costumbre
provocó que, en el judaísmo
actual, una tumba debe permanecer inalterada y
que los restos mortales nunca pueden ser
tocados. Hoy, las tumbas hasta están
empotradas en hormigón para asegurar, en
lo posible, su preservación. Esto es
motivo de fuertes protestas por parte de los
judíos ortodoxos, cuando se abren las
tumbas en excavaciones arqueológicas o
cuando, por la construcción de una calle,
se las tiene que correr un poco hacia los
costados.
En el caso de las tumbas labradas en la roca,
los muertos eran envueltos en lienzos y
acostados sobre un banco especialmente tallado
en la rosa para eso. Un cuerpo puesto de esta
manera en una tumba en la peña,
después de un año estaba
desintegrado. Los restos mortales, entonces,
eran colocados en un recipiente parecido a un
pequeño ataúd de arcilla o de
piedra, denominado osario, que no ocupaba mucho
espacio. Así, la tumba podía ser
utilizada una y otra vez por las siguientes
generaciones. Por eso, las tumbas en las rocas
necesitaban un acceso que pudiera ser abierto en
todo momento, así como la gran piedra en
la tumba de Jesús. Como las tumbas se
abrían de tanto en tanto, junto al cuerpo
y sujetados con el lienzo, se colocaban especias
aromáticas para que, dentro de lo
posible, no se sintiera el mal olor del difunto,
pero también para conservar el
cuerpo.
Jesús fue colocado en una tumba,
labrada en la peña, de un hombre rico:
"Cuando llegó la noche, vino un hombre
rico de Arimatea, llamado José, que
también había sido
discípulo de Jesús. Este fue a
Pilato y pidió el cuerpo de Jesús.
Entonces Pilato mandó que se le diese el
cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo
envolvió en una sábana limpia, y
lo puso en su sepulcro nuevo, que había
labrado en la peña, y después de
hacer rodar una gran piedra a la entrada del
sepulcro, se fue" (Mateo 27:57-60). Si
Jesús hubiese sido enterrado como
cualquiera de los forasteros o peregrinos que
morían en Jerusalén, sería
en una sencilla tumba en la tierra, que no se
volvería a abrir, y esa
resurrección no hubiese sido tan
físicamente clara ni fácil de
comprobar. La piedra movida y la sábana,
que aún estaba allí, daban
testimonio de su resurrección. Con esto,
también se llegó al cumplimiento
de la profecía en Isaías 53:9: "Y
se dispuso con los impíos se sepultura,
mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca
hizo maldad, ni hubo engaño en su boca".
José era un hombre rico, pero no
impío, como lo eran los dos ladrones que
fueron crucificados con Cristo.
La costumbre de utilizar tumbas como la del
Señor Jesús, se mantuvo
sólo por unos 100 años, hasta la
destrucción del templo, por los romanos
en el 96 D.C. Por eso se puede decir que este
tipo de tumbas sólo se implementaron para
manifestar, clara y evidentemente, la
resurrección del Mesías.
¡Para todos, la tumba está
visiblemente vacía! Y no sólo para
los soldados romanos, sino también para
las mujeres, los discípulos y todos los
demás testigos que no conocemos, de
manera que pudieron decir: "¡El
Señor efectivamente resucitó"!.
Debes de recibirlo en tu corazón.
* Pastor