Viernes 24 de marzo


Temas bíblicos
Costumbres judías de sepelio en la época de Jesús
Edgar López Bertrand*

"Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos"

(Sn. Juan 10:40).

Las costumbres de sepelio en Israel, sobre todo entre las personas más ricas de Jerusalén, alcanzaron un desarrollo especial en el último siglo antes de la destrucción del templo. El que estaba en condiciones, se hacía labrar una tumba familiar en la roca, de las cuales muchas están bien conservadas hasta el día de hoy. Esta usanza comenzó en la época del primer templo, de la que provienen algunas de las tumbas familiares magníficas. A través de Isaías, Dios reprendió el intento de un mayordomo de la realeza, que quería perpetuarse por medio de una tumba monumental.

Sabemos, a través del Nuevo Testamento, que entre los fariseos y los saduceos existía una considerable diferencia de opinión sobre la resurrección de los muertos -los fariseos creían en ella, los saduceos no (Mateo 22:23; Hechos 23:6-8)-. Esto llevaba a una polarización, cuyo resultado, con base en la creencia de resurrección de los fariseos, fue que las costumbres de sepelio se fueran refinando cada vez más. Hacían esto para garantizar que nada faltara cuando resucitaran, a pesar de que la Palabra de Dios no menciona nada específico al respecto. Esta costumbre provocó que, en el judaísmo actual, una tumba debe permanecer inalterada y que los restos mortales nunca pueden ser tocados. Hoy, las tumbas hasta están empotradas en hormigón para asegurar, en lo posible, su preservación. Esto es motivo de fuertes protestas por parte de los judíos ortodoxos, cuando se abren las tumbas en excavaciones arqueológicas o cuando, por la construcción de una calle, se las tiene que correr un poco hacia los costados.

En el caso de las tumbas labradas en la roca, los muertos eran envueltos en lienzos y acostados sobre un banco especialmente tallado en la rosa para eso. Un cuerpo puesto de esta manera en una tumba en la peña, después de un año estaba desintegrado. Los restos mortales, entonces, eran colocados en un recipiente parecido a un pequeño ataúd de arcilla o de piedra, denominado osario, que no ocupaba mucho espacio. Así, la tumba podía ser utilizada una y otra vez por las siguientes generaciones. Por eso, las tumbas en las rocas necesitaban un acceso que pudiera ser abierto en todo momento, así como la gran piedra en la tumba de Jesús. Como las tumbas se abrían de tanto en tanto, junto al cuerpo y sujetados con el lienzo, se colocaban especias aromáticas para que, dentro de lo posible, no se sintiera el mal olor del difunto, pero también para conservar el cuerpo.

Jesús fue colocado en una tumba, labrada en la peña, de un hombre rico: "Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña, y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue" (Mateo 27:57-60). Si Jesús hubiese sido enterrado como cualquiera de los forasteros o peregrinos que morían en Jerusalén, sería en una sencilla tumba en la tierra, que no se volvería a abrir, y esa resurrección no hubiese sido tan físicamente clara ni fácil de comprobar. La piedra movida y la sábana, que aún estaba allí, daban testimonio de su resurrección. Con esto, también se llegó al cumplimiento de la profecía en Isaías 53:9: "Y se dispuso con los impíos se sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca". José era un hombre rico, pero no impío, como lo eran los dos ladrones que fueron crucificados con Cristo.

La costumbre de utilizar tumbas como la del Señor Jesús, se mantuvo sólo por unos 100 años, hasta la destrucción del templo, por los romanos en el 96 D.C. Por eso se puede decir que este tipo de tumbas sólo se implementaron para manifestar, clara y evidentemente, la resurrección del Mesías. ¡Para todos, la tumba está visiblemente vacía! Y no sólo para los soldados romanos, sino también para las mujeres, los discípulos y todos los demás testigos que no conocemos, de manera que pudieron decir: "¡El Señor efectivamente resucitó"!. Debes de recibirlo en tu corazón.

* Pastor


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